sábado, 20 de marzo de 2010

Michael Foot, in memoriam


Crítica de la Argentina
Domingo 14 de marzo de 2010
Un hombre y sus ideas en la "nota de suicidio" que lo sobrevive
por Gabriel Puricelli

Si “todo tiempo pasado fue mejor” es una afirmación que se sostiene en la selectividad de ciertas memorias, los ejercicios contrafácticos que especulan con lo que pudo haber sido proveen por el contrario, la oportunidad de imaginar ucronías que nos recuerdan que a cada paso del camino humano hay una bifurcación y una decisión que nos encamina en direcciones alternativas, más o menos deseables.

La muerte, la semana pasada, del laborista británico Michael Foot otorga una de esas oportunidades. Vista desde Buenos Aires, la tentación es preguntarse: “¿y si Galtieri no hubiera desembarcado en Malvinas?” Alguien nos recordaría que, como jefe de la oposición, Foot apoyó el envío por Margaret Thatcher de la “task force” que retomó el control de las islas. Sin embargo, la pregunta por ese imposible resulta válida al revisar la herencia que le legó el thatcherismo al mundo y al recordar que la que sería la Dama de Hierro, era en marzo de 1982 tan poco popular en su país como lo eran aquí los generales genocidas. Foot cargaba con la escisión de la derecha laborista que había formado el Partido Socialdemócrata (SDP), pero podía imaginarse a la cabeza de una mayoría en el parlamento de Westminster cuando paso lo que pasó.

Una vida que duró casi lo que un siglo hizo de este socialista romántico, no sólo un protagonista de los hechos que marcaron el siglo XX, sino un testigo de la reivindicación asordinada de sus convicciones en la primera década del siglo actual. Foot se contó entre quienes militaron contra los que querían apaciguar a Adolf Hitler y propuso enfrentar al monstruo mientras recién asomaba su cabeza. Era ya un referente de la izquierda del Partido Laborista durante el gobierno de las nacionalizaciones en masa y de la creación del Servicio Nacional de Salud: estuvo entre los parteros del Estado de Bienestar. Pero su carrera estuvo signada por un ascenso tardío, en un momento en que el capitalismo sufría uno de esos cataclismos que son su modo existencial. Como viceprimer ministro del gobierno laborista de James Callaghan, vió cómo prevalecía la derecha de su partido, imponiendo el ajuste ante la crisis del petróleo, en el “invierno del descontento” de principios de los ´70. Los británicos elegirían saltar de la sartén de Callaghan al fuego de Thatcher en el siguiente turno comicial, pero Foot no se dejó convencer de esa visión y llegó a jefe de la oposición con un programa de izquierda que parecía encaminado a ser puesto en práctica cuando un viento de chauvinismo alzó en andas a una primer ministra en caída libre.

Después, una ola de neoconservadurismo doró sus blasones bélicos en el Atlántico Sur y arrasó a ambos lados de ese océano. El “nuevo” laborismo, tuvo en Tony Blair a quien lo volvió casi indistinguible de las ideas que Foot combatió. Pero – casi póstumamente – la plataforma electoral con la que éste fue derrotado en 1983, “la nota de suicidio más larga de la historia”, tuvo que ser adoptada a desgano por Gordon Brown, en busca de sortear una nueva crisis capitalista, con nacionalizaciones de bancos, regulaciones al capital financiero, redoblada inversión pública y hasta la revisión del programa de misiles nucleares Trident. Tal vez sea tarde para que los británicos no vuelvan a saltar de la sartén al fuego, pero no es tarde para reconocer al hombre que pudo haber evitado que lo hicieran la primera vez.

miércoles, 10 de marzo de 2010



Malvinas, una cuestión regional
Por Gabriel Puricelli
Miradas al Sur
Domingo 28 de febrero de 2010

La quimera imperial del Reino Unido se resiste al curso irrefrenable de la historia con una tozudez difícil de explicar. Londres no ha asumido a cabalidad las implicancias profundas de la democratización en Argentina desde 1983. Ha persistido en un tratamiento de la cuestión Malvinas que en el fondo desconoce el hecho de que nuestro país se ha transformado por la voluntad soberana de su pueblo, ratificada aún ante situaciones de crisis económica y social agudísimas, en una república democrática que no tiene nada que ver con el país-cárcel de la dictadura que osó una guerra con un país de la OTAN con vistas a perpetuar la tiranía sobre sus ciudadanos.

Los argumentos con que el gobierno británico de las islas defiende la persistencia del hecho colonial incluyen la amenaza a su estilo de vida que conllevaría el retorno de las tierras que ocupan a la soberanía argentina. Se trata de uno entre muchos argumentos risibles, pero se destaca en tanto no resiste la confrontación ante la evidencia de cuánto se ha respetado aquí (y cuánto han contribuido a gestar la identidad aluvional de los argentinos) el estilo de vida de los inmigrantes galeses de la Patagonia o de los ingleses y escoceses en Buenos Aires y sus alrededores.

Por estos días, la posición británica no sólo pretende continuar desconociendo realidades históricas ampliamente consolidadas que resguardarían los derechos humanos de los habitantes de las islas de la manera plena que no han gozado los súbditos de la reina en Hong Kong, sino que pretende ignorar el ascenso de América Latina como polo de poder. En efecto, la decisión unilateral de iniciar tareas de exploración en busca de petróleo en aguas territoriales reclamadas por Argentina, se produce omitiendo el hecho de que esa acción es vista como agresiva por toda una región en la que la democracia se ha arraigado y que se empieza a proyectar en el mundo con un poder que puede resultar necio desconocer.

La declaración de apoyo a la posición argentina de la Cumbre de la Unidad de las Jefas y los Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina y el Caribe no debería ser malinterpretada como la expresión de una diplomacia ingenua. La reacción del Reino Unido ante la misma parece juzgarla erróneamente por su falta de efecto inmediato (del mismo modo que lo ha hecho ante cada resolución favorable a la Argentina en la Asamblea General o el Comité de Descolonización de la ONU), sin darse cuenta de que ésta se inscribe en un proceso de integración política que acompaña una proyección de la región en el mundo que debería inspirar prudencia estratégica en la conducta de viejos poderes como el británico. Por supuesto que nada de esto tiene la contundencia de una amenaza de guerra, que ya nunca provendrá ni de la Argentina, ni de la región en su conjunto, pero la decisión de devolver Hong Kong tampoco se hizo bajo la amenaza de los cañones chinos, sino que se adoptó en la inteligencia de que China iba camino de transformarse en una potencia y de que el interés del Reino Unido estaba mejor servido por el fin de la aventura colonial que por la insistencia testaruda en un anacronismo.

Gran Bretaña haría bien en dejar de omitir su obligación como miembro de la ONU de acatar las resoluciones de ésta. Sin embargo, ello no deja de estar en el terreno de esa moral de los estados que los liberales esperan, mientras los realistas se ríen: lo que Londres debe entender es que el costo futuro de la aventura colonial en el Atlántico Sur tenderá a ser más oneroso de lo que es hoy el mantenimiento de su carísima “Falkland Fortress.” Eso será así porque América Latina no está simplemente dedicada a emitir bellas palabras de respaldo a la Argentina, sino que mira hacia el mar como una herramienta de desarrollo que ya no está sólo en potencial, sino que es la realidad presente de Brasil y la futura de los otros países de la cuenca del Atlántico. Las durísimas palabras de Lula reclamando al Reino Unido que acepte la ley internacional no son palabras en el viento, sino el correlato verbal de acciones materiales que Brasil y la región están llevando a cabo. Cuando la UNASUR avanza con su Consejo de Defensa o cuando la doctrina militar de Brasil define como prioridad la protección de lo que han denominado el “Amazonas Azul” del fondo oceánico, no se trata sólo de palabras y el Reino Unido haría muy mal en ignorarlo.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Sobre Malvinas, para el diario público de Ecuador





Guayaquil, Ecuador
Argentina, armada sólo de paciencia*Viernes 26 de febrero de 2010
Por Gabriel Puricelli

La reunión entre el canciller argentino Jorge Taiana y el Secretario General de la Organización de Naciones Unidas Ban Ki-moon es el punto máximo de la ofensiva diplomática lanzada por Argentina ante la decisión unilateral del Reino Unido de autorizar el inicio de la exploración en busca de petróleo en aguas de lo que Argentina considera su plataforma oceánica continental. Dicha ofensiva obtuvo ya declaraciones de apoyo de sendas cumbres del Grupo de Río y de los líderes de América Latina y el Caribe. Argentina no sólo se vio respaldada por una unanimidad que es común entre los países de colonización ibérica desde que éstos retomaran la senda de la democracia, en los años ’80, sino por la adhesión a su reclamo de países caribeños miembros de la Comunidad Británica de Naciones (Commonwealth).

Como ha sido siempre el caso desde 1983, Argentina se ha conducido por estrictos carriles diplomáticos, los que han sido tan favorables para el país, como ineficaces para hacer que el Reino Unido acepte un diálogo sobre la cuestión de la soberanía de las Islas Malvinas. Desde la recuperación de la democracia, gobiernos argentinos de todos los colores políticos han recurrido al Comité de Descolonización y a la Asamblea General de la ONU, obteniendo siempre el respaldo ampliamente mayoritario de la comunidad internacional a la propuesta de llevar a cabo conversaciones bilaterales para resolver el diferendo creado a partir de la invasión británica del archipiélago en 1833. Sin embargo, el Reino Unido ha ignorado siempre esos llamados y con ello, la voluntad de una organización de la que no sólo es fundador, sino dentro de la cual tiene el derecho a veto que es exclusivo de las cinco naciones vencedoras de la II Guerra Mundial. No ha habido tampoco en el país europeo diferencias en este tema entre los gobiernos de distinto signo que se sucedieron desde la fallida aventura bélica de la dictadura argentina en 1982: con Argentina se habla de todo, menos de este tema, es la posición monolítica.

En un sistema internacional en el que la ONU es una organización a la que sus miembros no le ceden un ápice de soberanía (y esto es cierto, sobre todo, para países poderosos como el Reino Unido), las resoluciones de ésta revisten un carácter moral, que muchos países pueden ignorar sin costo material alguno. La reunión entre Taiana y Ban debe ser entonces vista como una gota más de la paciente hidroterapia que Argentina ha decidido aplicarle a la piedra británica, con la esperanza de horadarla pacíficamente, cosa que podrá suceder en un punto del futuro que no espera todavía, seguramente, a la salida del impasse actual.


* El Telégrafo publicó en su versión impresa una versión editada de la presente columna.

viernes, 26 de febrero de 2010

El texano de la avioneta



Crítica de la Argentina
Martes 23 de febrero de 2010
El terrorista invisible de Texas
por Gabriel Puricelli

Menos de uno de cada diez de los miles de artículos sobre el atentado contra el edificio del gobierno federal de EE.UU. en Austin el jueves pasado contienen referencias al concepto de “terrorismo”. Sólo dos de cada 100 mencionan la similitud del brutal crimen cometido por Joseph Stack con la masacre perpetrada por Timothy McVeigh en Oklahoma, en 1995. Las estadísticas provistas por un buscador de noticias pueden no ser científicamente exactas, pero ratifican la primera impresión de quien se entera de los hechos a través de medios estadounidenses: el periodista con gatillo fácil para disparar el adjetivo “terrorista” al referirse a actos violentos cometidos por extranjeros (sobre todo cuando el tipo étnico, cultural o religioso es distinto del que el mainstream periodístico considera “estadounidense”), se esmera en ahorrárselo cuando se trata de un ingeniero informático que toca en una banda de rock.

Por el momento, Gail Collins, de The New York Times, es la única en la prensa escrita que llama la atención sobre el clima político en el que se hacen probables actos de brutalidad como el sucedido en Texas y llama por su nombre a tres referentes del Partido Republicano. Porque a nadie escapa que si los motivos íntimos de Stack para convertirse en kamikaze son irreproducibles, el clima que le permitió articular la explicación de lo que hizo en el manifiesto que publicó antes del ataque es responsabilidad de una parte de la clase dirigente que viene jugando con ideas autodefinidas como “libertarias” que postulan el exterminio del gobierno. McVeigh, antes que él Theodore Unabomber Kaczynski y ahora Stack inscriben patologías propias en un relato que tiene aceptación en vastos sectores de la ciudadanía y que es la codificación discursiva aceptada por todo republicano que aspire al apoyo de la base extremista de su partido.

Aceptar con naturalidad que Stack ejerció un acto de terrorismo obligaría a poner en cuestión la legitimidad de discursos políticos que hoy circulan libremente en la prensa y en la academia estadounidenses. Por eso la crítica de Collins, que uno estaría tentado de considerar valiente en su contexto, hace escarnio individual de tres republicanos que lo merecen, pero se detiene antes de preguntarse cómo EE.UU. ha llegado a este punto. Las calcomanías con la leyenda “Provida, proarmas: anti-Obama” que se ven en las camionetas más voluminosas en las autopistas se leen ominosas a la luz del acto de Stack, pero reverberan como enceguecedoras amenazas cuando se lee el tratamiento con guante de seda de su crimen terrorista por la mayoría de los medios.

El discurso antigubernamental que adorna la cobardía de estos terroristas domésticos no es moralmente superior al fanatismo religioso de otros terroristas, pero hay algo de profundamente perturbador en las respuestas de varios transeúntes interrogados en las calles de Austin por las cadenas de televisión, que se manifestaban casi aliviados al saber que el autor del crimen no había sido un yihadista. Esa falta de conciencia colectiva del huevo de la serpiente que anida en casa, esa exorcización del mal en los bárbaros e infieles, es una indicación de que hay un país indefenso ante la amenaza terrorista más letal a la que tal vez esté enfrentado.

martes, 19 de enero de 2010

Chile, atendido por sus dueños



Lunes, 18 de enero de 2010
Los tropiezos de la Concertación
Por Gabriel Puricelli

“Algún día tenía que pasar” podría ser el título más obvio de estas líneas. La hora pareciera obligar a hacer sólo el inventario de los errores de la Concertación y, sin embargo, un análisis con perspectiva histórica debe empezar por un hecho notable: que la coalición de Aylwin, Lagos, Bachelet y Frei hijo se haya mantenido invicta por 20 años. Porque el pinochetismo logró, sobre todo, la fragua de un hormigón que dejó la cancha constitucional inclinada fuertemente en favor de la derecha y que hizo que esa familia ideológica se convirtiera de manera estable en la primera minoría política del país. Todo ello, con el reaseguro de que, si el electorado la hacía bajar del elevado umbral del 40 por ciento, igual el sistema electoral binominal le garantizaría sobrerrepresentación en el Congreso. Las fuerzas democráticas de Chile alcanzaron, en 1988, el grado necesario de unidad para terminar con el gobierno de facto, pero, a diferencia de otros países de la región, tanto se vieron obligadas a, como fueron capaces de, hacer de esa unidad un arma eficaz de competencia electoral y una herramienta de gobierno. El mecanismo de relojería pinochetista que tenía que hacer saltar esa unidad falló en cuatro elecciones seguidas y tampoco se accionó ayer: lo que sucedió fue que la Concertación perdió la capacidad de renovar el pacto antipinochetista, de proponerles a los sectores populares de Chile alguna nueva cima para escalar.

Con la cancha inclinada y el referí comprado, igual cayeron Hernán Büchi, Arturo Alessandri, Joaquín Lavín y Sebastián Piñera, una vez. Sin embargo, a la derecha le alcanzó con demostrar paciencia, cosa que no le costó más que tiempo, ya que los “amarres” constitucionales hacían muy difícil que se cuestionara su papel de clase dominante. Fue en el seno de la Concertación donde todo empezó a crujir. En primer lugar, sectores del Partido Demócrata Cristiano digirieron mal su pérdida de peso relativo dentro de la Concertación, sobre todo, tras la elección de dos presidentes socialistas consecutivos: así se astilló una de las ramas de la coalición, dando origen a un nuevo partido liderado por el senador Adolfo Zaldívar, con peso electoral en algunas regiones alejadas de Santiago. Luego fue el Partido Socialista, que no logró acoger los planteos críticos de la falta de ambición programática de los gobiernos de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, viendo en cada señalamiento el riesgo de una izquierdización incontrolable como la que trajera (según un consenso difundido en el PS) dolores de cabeza a Salvador Allende dentro de su propio partido. Esa cerrazón permitió que la disidencia del diputado Marco Enríquez-Ominami (ME-O) encontrara fuerte eco en el electorado que había sido fedelísimo de la Concertación.

Con esos hechos servidos en bandeja, Sebastián Piñera hasta tuvo tiempo de pasar a cuchillo a su único contendiente con proyección nacional dentro de la derecha, el ex alcalde santiaguino Joaquín Lavín, sin que ello mellara el impulso que, ayer, lo catapultó a La Moneda. Apoyando a un independiente para que Lavín no accediera al Senado, el presidente electo parece haber empezado a poner a raya a la ultrapinochetista Unión Demócrata Independiente, que cuenta con la bancada más numerosa de las que debería apoyarlo en el futuro Congreso. Hay todo un nuevo partido que empezó a jugarse dentro de la derecha y que determinará cuánto de continuidad y cuánto de restauración pura y dura habrá en los cuatro años que vienen.

En el espacio de las fuerzas democráticas, será en una incógnita recombinación de la Concertación, el movimiento amplio que encabezó ME-O y la coalición Juntos Podemos, del ex PS Jorge Arrate y el Partido Comunista, que estará cifrada la posibilidad de retornar al gobierno. En esa franja hoy derrotada se destacan Michelle Bachelet, con una aceptación pública que roza la unanimidad, y ME-O, que enfrenta la disyuntiva de darse la organización territorial que no tiene (lo que parece preferir) o ir con su consenso electoral a por el liderazgo de su ex partido, para encolumnar una nueva concertación sui generis, con un programa definidamente libertario y posneoliberal.

Desde la Argentina, hay que esperar con aprensión hasta ver si Piñera llega con los tics nacionalistas que son parte del ADN pinochetista o entiende que el interés nacional de Chile fue más que bien servido por la Concertación en su empeñosa búsqueda de relaciones óptimas con unos trasandinos a los que adoptó como hermanos.

jueves, 24 de diciembre de 2009

EE.UU. se podría haber ahorrado un pasaje



Por Gabriel Puricelli
Miradas al Sur
Domingo 20 de diciembre de 2009

Las expectativas suscitadas por la apertura retórica de Barack Obama en la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago hacia una redefinición positiva de las relaciones con América Latina han dado paso a una aguda decepción. En primer lugar, las declaraciones de la Secretaria de Estado Hillary Clinton, con una amenaza nada velada a “quienes quieran flirtear con Irán” (que no estuvo dirigida a nuestro país, que tiene -por muy buenas razones- pésimas relaciones con Teherán), provocaron perplejidad en Brasilia y una sensación de “otra vez sopa” en La Paz y Caracas.

Esas expectativas ya venían disolviéndose al compás de la larguísima demora de los EE.UU. en designar a funcionarios que deben fungir de interlocutores privilegiados con nuestra región. En efecto, la derecha republicana en el Senado bloqueó durante meses las designaciones de Arturo Valenzuela como Subsecretario de Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado y de su predecesor Thomas Shannon como Embajador en Brasil, hasta que obtuvo en trueque la definición de que Washington reconocería las elecciones presidenciales en Honduras aun si Manuel Zelaya no era restituido. La correlación de fuerzas doméstica en los EE.UU. provocó un giro de 180 grados, enfrentando a su gobierno actual con la opinión mayoritaria de los países del hemisferio.

En ese contexto llegó Valenzuela al MERCOSUR. La actitud de Brasil fue muy precisa en lenguaje diplomático: ninguna reunión con ningún funcionario que esté por encima del nivel de vice-ministro que tiene el estadounidense, sólo con el Secretario General de Itamaraty, Antonio Patriota y con el asesor presidencial Marco Aurélio García. Valenzuela hizo malabares para explicar que no hubo amenaza a Brasil y adjetivó las diferencias bilaterales como “normales”.

En Argentina, los prolegómenos de la visita no anunciaban nada bueno, en tanto alguna “fuentes” dejaron saber (y ciertos medios dieron amplio eco) que un recibimiento por debajo del nivel de la presidenta iba a ser considerado una descortesía. Ello, a pesar de que ya se le había concedido una entrevista con el Jefe de Gabinete, que está algo más de un escalón por encima de la jerarquía formal de Valenzuela. Todo daba ya cuenta del poco peso que se le reconoce a nuestro país. Sin embargo, las declaraciones que realizó el Subsecretario de Estado al cierre de la visita hicieron que en definitiva hubiera sido mejor que no se tomara la molestia de venir: su único efecto ha sido la esperable queja del canciller Jorge Taiana a su par estadounidense.

viernes, 18 de diciembre de 2009

"Inseguridad jurídica" es cuando la confirmación de tu nombramiento depende de Goriletti




El senador republicano Jim DeMint levantó su veto al nombramiento de Arturo Valenzuela como Subsecretario para Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado tras recibir garantías del gobierno demócrata de que reconocería las elecciones del 29 de noviembre en Honduras con independencia de si el depuesto mandatario Manuel Zelaya era restituido en el poder.

No es "teoría de la conspiración", sino las cosas tal como sucedieron y como las describe con desfachatez el propio senador derechista de Carolina del Sur (reproduzco en inglés no por esnobismo, sino por falta de tiempo para traducir), en un comunicado oficial, nunca desmentido. El senador demócrata y ex-candidato presidencial John Kerry opinó sobre esto que el acuerdo para restituir a Zelaya fracasó por el cambio de postura del gobierno de EE.UU., que anunció, chantajeado, su reconocimiento aún sin cumplirse el pacto.

Esas son las condiciones de "seguridad jurídica" en las que Arturo Vlaenzuela obtuvo su nombramiento y en que se decidió que los EE.UU. terminarían avalando las elecciones llevadas a cabo bajo el régimen de facto de Micheletti.



For Immediate Release
November 5th, 2009
Contact:
Wesley Denton (202) 224-6121

DEMINT: ADMINISTRATION COMMITS TO RECOGNIZE HONDURAN ELECTIONS Senator secures commitment for U.S. to back Nov. 29 elections even if Zelaya is not reinstated

WASHINGTON, D.C. - Today, U.S. Senator Jim DeMint (R-South Carolina), a member of the Senate Foreign Relations Committee, announced he has secured a commitment from the Obama administration to recognize the Honduran elections on November 29th, regardless of whether former President Manuel Zelaya is returned to office and regardless of whether the vote on reinstatement takes place before or after November 29th. Given this commitment, which Senator DeMint has requested for months, he will lift objections on the nominations of Arturo Valenzuela to be Assistant Secretary of Western Hemisphere Affairs and Thomas Shannon to be U.S. Ambassador to Brazil.

“I am happy to report the Obama Administration has finally reversed its misguided Honduran policy and will fully recognize the November 29th elections,” said Senator DeMint. “Secretary Clinton and Assistant Secretary Shannon have assured me that the U.S. will recognize the outcome of the Honduran elections regardless of whether Manuel Zelaya is reinstated. I take our administration at their word that they will now side with the Honduran people and end their focus on the disgraced Zelaya.”

“My goal has always been to work with the administration to get the policy on the Honduran elections reversed. Now that this goal has been achieved, I will lift my objections to the two nominations.

“This marks an important step forward for the brave people of Honduras. They are proving, despite crushing hardship and impossible odds, that freedom and democracy can succeed anywhere people are willing to fight for it.

“The independence, transparency, and fairness of their elections have never been in doubt. And now, thanks to the Obama Administration’s welcome reversal, the new government sworn into office next January can expect the full support of the United States and I hope the entire international community.”

“I trust Secretary Clinton and Mr. Shannon to keep their word, but this is the beginning of the process, not the end. I will eagerly watch the elections, and continue closely monitoring our administration’s future actions with respect to Honduras and Latin America.”

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lunes, 14 de diciembre de 2009

Chile: la prueba más difícil






Lunes, 14 de diciembre de 2009
Por Gabriel Puricelli

Después de 20 años de vigencia de una coalición electoralmente invicta, resulta extraño empezar a hablar de la Concertación de Partidos por la Democracia en tiempo pretérito. En efecto, si hay un efecto del triunfo de la derecha chilena en la primera vuelta de las elecciones celebradas ayer, es la necesidad de hacerlo así, no porque la Concertación vaya necesariamente a desaparecer, sino porque los cambios que deberá sobrellevar, tanto si vuelve a vencer en segunda vuelta, cuanto si Sebastián Piñera llega a La Moneda, deberían hacerla irreconocible, después de enfrentar la rebelión masiva de esa gran proporción de su electorado “natural” que optó, en unas primarias a destiempo, por Marco Enríquez-Ominami.

Después de dos mandatos iniciales con presidentes democristianos (Patricio Aylwin y el ahora de nuevo candidato Eduardo Frei-Ruiz Tagle), la rotación que permitió dos mandatos subsecuentes para los socialistas Ricardo Lagos y Michelle Bachelet relanzó el impulso concertacionista cuando la capacidad de tracción del discurso antidictatorial iba mermando, de la mano del desgaste natural de una década continuada de gestión y del adecentamiento de la derecha, cada vez más convincentemente pospinochetista.

A la hora de dar un nuevo giro innovador a la coalición democrática, el liderazgo de los partidos que la integran no supo o no pudo inventar una opción que sorprendiera y convenciera. Por el contrario, se optó por una previsible candidatura democristiana, siguiendo una lógica de “turnos”. El partido centrista estaba relamiéndose de la ruptura por derecha encabezada por el senador Adolfo Zaldívar a mediados del mandato de Bachelet, de la pérdida de bancas legislativas en las parlamentarias más recientes y sin figuras de recambio desde la deserción de Soledad Alvear en las primarias de 2005. La Concertación en su conjunto pagó el costo de ayudar a la DC a parar una posible hemorragia dándole el abanderado y restituyéndole un lugar simbólico de predominio dentro de la coalición que viene erosionándose desde hace tiempo. En el medio, hubo amagues de posibles candidaturas de pesos pesados socialistas, que quedaron en nada, pero ante la pretensión del diputado del PS Enríquez-Ominami, las puertas de unas primarias competitivas se cerraron y se optó por una coronación de Frei.

El cierre de esa opción no fue más que el corolario de una prolongada etapa de debate larvado y público que opuso en algún momento a los denominados “autocomplacientes” con los “autoflagelantes”, más que al interior de la Concertación, al interior de la familia socialista. Unos estaban convencidos de que el éxito electoral bendecía la corrección de las políticas adoptadas. Los otros, de que el minimalismo de esas políticas y la baja capacidad de innovación y ruptura, condenaba a largo plazo a la coalición como opción mayoritaria. No casualmente dos dirigentes notorios entre los autoflagelantes han protagonizado campañas que compitieron con Frei: los ex-ministros Jorge Arrate, como candidato de la coalición articulada por del Partido Comunista, y Carlos Ominami, como cerebro de la campaña de su hijo adoptivo. El rol de la izquierda histórica del PS, referenciada en el jefe del partido Camilo Escalona y de la que surgiera la propia Bachelet, actuó de freno para el procesamiento de las críticas. Arrepentida de su rol como ultraizquierda del proceso de la Unidad Popular de Salvador Allende, se transformó en cancerbero de la unanimidad concertacionista y careció la plasticidad necesaria para ayudar a que la Concertación y el PS se doblaran en lugar de romperse.

La derecha insistió con el único referente a disposición que une un alto grado de conocimiento público y una actitud democrática frente al plebiscito de 1988 con el que el dictador Augusto Pinochet pretendió perpetuarse: Sebastián Piñera votó “no”. Esa credencial puede ser la llave que le abra la puerta de la mayoría que la derecha viene arañando desde hace una década, pero que se le ha escapado a la hora de la segunda vuelta y se le ha alejado ante el crecimiento de la popularidad de los sucesivos presidentes socialistas, que han terminado con su aprobación ciudadana volando en las alturas, pero sin capacidad de ayudar a traducir ese apoyo en votos para los candidatos a sucederlos: pasó con Lagos y Bachelet, pasó -ahora y de manera agudísima- con Bachelet y Frei.

El partido no está liquidado. El saludable resultado de Arrate y el bálsamo de la reconquista por los comunistas de su condición de partido parlamentario ayudarán a que esos votos vayan disciplinadamente a apoyar a Frei. En cambio, los matices a veces anti-concertacionistas de Enríquez-Ominami hacen dudar de lo que el bloque de electores que lo eligió pueda hacer en la segunda vuelta de enero. La prueba más dramática de la transición chilena está aún por decidirse.

jueves, 10 de diciembre de 2009

The Guardian compara a Evo con Mandela: ¡ese es mi diario!



El que para mí es el mejor diario/sitio web de información del mundo, el diario londinense (originalmente, de Manchester) de izquierda The Guardian publica un editorial que no podría ser más elogioso de Evo Morales. Es una perla en medio de una opinión pública europea que ha perdido la brújula respecto de lo que pasa en América Latina y es particularmente feliz la oportunidad de que esto se publique en un diario que, lejos de ser marginal, es leído por cerca de medio millón de británicos todos los días y que influye lateralmente el pensamiento del gobierno del Reino Unido. Espero que los lectores estén de acuerdo en que valía la pena hacer, aquí en NS/NC, el pequeño esfuerzo de traducirlo.


Bolivia: cambio revolucionario
The Guardian
Londres, martes 8 de diciembre de 2009

El Presidente Evo Morales alcanzó una victoria contundente en Bolivia, obteniendo 63% del voto popular y llevando a su partido a ganar el control del congreso. El primer presidente indígena de Bolivia ha ganado el mandato popular más amplio del que se tenga memoria reciente, destruyendo a los tres partidos políticos que se turnaron en la presidencia en las dos últimas décadas. Al hacerlo, Morales ha dado un gran paso en la dirección de hacer que la transformación social en Bolivia se vuelva irreversible. La mayoría indígena está recuperando la voz que le fue negada por siglos. Sudáfrica recuerda a Nelson Mandela y Europa del Este, la caída del Muro de Berlín. Lo que un antiguo pastor de llamas ha logrado en una de las naciones más pobres del mundo tal vez no sea menos trascendental.

Morales lo ha hecho desafiando el consenso de Washington acerca del desarrollo, el gas natural y las hojas de coca. Durante su primer mandato mandó a hacer las valijas al FMI, la DEA y al embajador de los EE.UU., a todos por diferentes razones. Renacionalizó la industria del gas e incrementó los royalties a los hidrocarburos. El resultado fueron tres años de superávits fiscales y ocho mil millones de dólares en reservas monetarias. Entregó pagos en efectivo a niños en edad escolar, madres y jubilados, dándole a las familias pobres un incentivo para mantener a los niños en la educación a tiempo completo. Curiosamente, Bolivia recibe ahora el elogio del FMI, que aplaudió la prudencia del gobierno en ahorrar parte de la ganancia suplementaria por ingresos fiscales provenientes del gas.

La relación con los EE.UU. sigue siendo difícil, en parte porque América Latina está tan abajo en la lista de prioridades de política exterior de Barack Obama. Pero hay también razones específicas: la decisión de George W. Bush de suspender las preferencias comerciales que beneficiaban a los trabajadores bolivianos de las industrías textil y de la joyería, como castigo por no cooperar con sus programas de erradicación de la droga, fue transformada en permanente por Obama. Como antiguo líder de los productores de hoja de coca, la política de Morales sobre la pequeña hoja verde difiere poco del pragmatismo que muestran las tropas británicas respecto de los cultivadores afganos de amapolas
[N. del T.: que permite la producción de opio]. Morales ha permitido a los agricultores de la hoja de coca cultivar una cantidad limitada de superficie por familia; promueve la exportación de la hoja como té y prometió poner fin a la producción de cocaína. No debería escapar a las posibilidades del Departamento de Estado ponerse del lado correcto de la historia boliviana, reestableciendo relaciones con un presidente genuinamente progresista.

El futuro aparece nublado. Siempre es así cuando se le da tanto poder a un hombre solo. Hay signos de interrogación acerca de cómo lidiará con sus oponentes, ahora que no existe más una oposición política nacional. El país necesita inversores extranjeros que lo ayuden a exportar productos con valor agregado en lugar de materias primas. Pero hasta aquí, sus esfuerzos y su victoria deben ser aplaudidos.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Una victoria inscripta en una historia




Lunes, 30 de noviembre de 2009
Por Gabriel Puricelli

Ante la elección de José Mujica y Danilo Astori es necesario rechazar cualquier análisis que descarte con suficiencia la importancia de ponerlas en perspectiva histórica y se contente con sentenciar que “estaba cantada”. Por el contrario, el triunfo frenteamplista representa la superación de una valla más en la construcción de la coalición de izquierdas: la de hacer que el ejercicio del gobierno no se tradujera en desencanto y lograr que dos de sus dirigentes fueran sucedidos por otros al frente de la democracia oriental. El ciclo electoral de este año sometió al Frente Amplio a un test más exigente que el que afrontaron en su momento sus familiares ideológicos, apoyados por alianzas electorales y de gobierno que van más allá del centroizquierda, en Brasil (donde la Constitución le permitió a Lula sucederse a sí mismo) y en Chile (donde Michelle Bachelet llegó como la tercera socialista a ocupar La Moneda). Estudiando la trayectoria de casi cuatro décadas de la fuerza fundada por Líber Seregni, se podría arriesgar que el único desafío que le queda por acometer es el de pasar la consigna a un futuro candidato que inevitablemente no será parte de la generación de los fundadores de la fuerza.

Los méritos del gobierno de Tabaré Vázquez (en el que, no lo olvidemos, Mujica y Astori ocuparon ministerios importantísimos) son muchos, pero tal vez haya un aspecto que haya sido indispensable para perfeccionar la imbricación de la identidad frenteamplista con el ethos uruguayo, si se nos permite hablar de tal: la mejora de los niveles de igualdad social en un país que había perdido hace medio siglo la capacidad de promoverla. Uruguay se había asomado a la posibilidad material del igualitarismo de manera precoz bajo el gobierno de José Batlle y Ordóñez (otro Pepe al que le tocara ejercer la presidencia), pero tenía inscripta en sus genes esa aspiración desde la gesta independentista, que tuvo en el general Artigas al libertador más preocupado por la justicia social que diera su generación. Los correligionarios colorados del Pepe Batlle se encargaron de archivar su proyecto y los blancos a los que les tocó gobernar (a los mejores una historia perversa les negaría esa posibilidad) actuaron del mismo modo. En ese sentido se puede decir (con un trazo grueso que tal vez conlleve alguna injusticia) que la segunda mitad del siglo XX uruguayo fue la de la constitución de ese “Partido Rosado” que no le pudo hacer frente ayer a la mayoría que decidió votar por sus mejores tradiciones, plebiscitando al gran partido más joven del país.

La política uruguaya no puede ser declinada en clave argentina, pero sería un exceso de esnobismo omitir el empeño puesto por el derrotado Luis Lacalle en ser el Carlos Menem uruguayo. En una campaña que lo vio arrancar ya debilitado, no sólo por su segundo puesto en la primera vuelta sino por haberle hecho perder al Partido Nacional muchísimos parlamentarios, sólo echó mano del miedo como latiguillo y desempolvó un macartismo que ni siquiera tuvo la elegancia estilística del que es marca registrada del también ex presidente Julio María Sanguinetti. A contramano del nuevo consenso latinoamericano que, con matices marcadísimos, reivindica la utilidad del Estado para dinamizar la economía, Lacalle insistió en su fe neoliberal y remató su peripecia con propuestas de “mayor represión”.

Mujica y Astori tienen un desafío enorme por delante, pero reciben una herencia de buen gobierno que los pone en carrera con impulso. El definitivo eclipse de Lacalle en el Partido Nacional y la reflexión que se impone entre los colorados con respecto a la conveniencia de decolorarse en una excesiva intimidad con los blancos los ayudarán sin dudas a encarar la nueva etapa sin necesidad de preocuparse por un buen tiempo por sus adversarios.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

¿Es esto una reforma?


Media sanción a media reforma
Por Gabriel Puricelli
Miradas al Sur
Domingo 22 de noviembre de 2009

Aunque se las haya adoptado después de que algunos daños ya han sido hechos, las disposiciones sobre financiamiento de las campañas electorales a las que la Cámara de Diputados dio media sanción esta semana, son un avance. Algo parecido se puede decir de aquellas que impedirán en el futuro las listas “colectoras” (que repartían entre aliados políticamente imposibles el efecto de arrastre de alguna candidatura personalista) y “espejo” (que regalaban a listas que representaban a partidos ficticios la posibilidad de retener la personería electoral). Se ha elevado también el costo de oportunidad de romper con un partido para aprovechar la popularidad personal, haciendo frente a un mal endémico de las democracias contemporáneas.

Argumentaremos aquí (y se podrá disentir con razones atendibles) que a tales remedios parciales les queda grande la denominación de “reforma política”. Y diremos con más énfasis aún (y nos sorprendería que alguien encuentre argumentos adultos que permitan refutarnos) que todo es poquísima cosa para justificar el título rimbombante y grandilocuente que se eligió para tan modesto proyecto: Ley de Democratización de la Representación Política, la Transparencia y la Equidad Electoral. En el futuro, ¿qué título quedará disponible para un proyecto de ley que ataque en profundidad los problemas de diseño institucional que, como una rueda pinchada, permiten que a la legalidad electoral se le escape la legitimidad, es decir el apego ciudadano a esas instituciones?

El proyecto que obtuvo media sanción modifica las reglas de juego nacionales con los votos de uno solo de los equipos que intervienen en ese juego: los votos provinieron de facciones de un mismo, único partido, con el aditamento de agrupaciones provinciales que no aspiran a participar fuera del ámbito subnacional. Eso solo debería haber disuadido al oficialismo de avanzar con el proyecto, al menos hasta que no encontrara temas sobre los cuales pudiera acordar con al menos alguno de sus fragmentados contrincantes. Por cierto, la UCR votó en contra sabiéndose favorecida por la norma y sabiendo que votar de ese modo habilitaba igual su pase al Senado, pero eso no invalida nuestro argumento: más bien, puede cuestionar la validez ética de la posición de los legisladores de ese partido.

Una reforma política que merezca el nombre de tal necesita lidiar con muchos más temas que aquellos a los que el Poder Ejecutivo eligió limitarse, mirando sólo hacia 2011. Nuestro sistema de partidos (y esto es un consenso unánime) se encuentra en estado de fluidez desde 2001 y su vieja configuración bipartidista sui generis no ha hecho sino debilitarse sin cesar desde, al menos, 1993. La simple constatación de esto debería llevar a revisar el mecanismo de representación electoral, que nos devuelve el espejismo de un bipartidismo parlamentario que no se condice con lo que un voto ciudadano fragmentado canta en los resultados electorales. La sobrerrepresentación en número de diputados de las provincias más pequeñas es un sinsentido en un sistema bicameral, en el que el Senado consagra la igualdad legal de los estados federados, y distorsiona el principio de representación proporcional, que sólo es matemáticamente posible en los cuatro distritos electorales que disponen de más bancas. Ello condena a no estar representados en el parlamento a centenares de miles de argentinos que votan por pequeños partidos con presencia en todo el país, pero con fuerza insuficientemente concentrada en ningún distrito como para que el actual sistema les permita llegar al Congreso. Modificar el número de diputados por provincia implicaría una reforma de la Constitución Nacional: sin llegar a tanto, se podría definir una norma que obligue a que la representación proporcional se dé sobre el total nacional de votos y no sobre los votos obtenidos en cada uno de los 24 distritos electorales considerados individualmente. Este efecto del actual sistema premia a los partidos atrapa-todo, ideológicamente fofos, y penaliza a los partidos de base programática. Así, se nos asegura a los argentinos la certeza de qué camiseta estamos eligiendo, pero se nos condena a la lotería en cuanto a la ideología del portador de la misma. Se consagra sistémicamente el principio marxista (por Groucho) que permite la elección de candidatos que nos dicen “tengo estos principios, pero si no le gustan, tengo estos otros”.

Hay otra voluntad de los ciudadanos que el sistema actual ignora y que el proyecto del PEN sigue ignorando. Se nos dice que es absurdo que existan una treintena de partidos legalmente reconocidos a nivel nacional, pero lo que se nos propone es que aceptemos la validez de afiliaciones fósiles, que datan de aquella gran gesta democrática que fue la campaña de afiliación masiva de 1982, en que la ciudadanía se movilizó para que los militares se fueran echados. Las afiliaciones deberían tener fecha de caducidad, para poder constatar periódicamente la renovación o no de las adhesiones a los partidos. La UCR ha sacado menos votos que los afiliados que tiene en más de una oportunidad. A excepción del PJ, casi no hay partido entre la mencionada treintena que tenga más votos que afiliados. No es extraño entonces que cuando uno enumera esa lista, la reacción de los argentinos de a pie sea: “¿pero cómo, ese partido todavía existe?”

Ahora bien, los ciudadanos no se contentan con sancionar a muchos partidos con la extinción real. Por el contrario, buscan siempre nuevos canales de expresión dentro de la democracia: a los nuevos partidos que resultan de esa búsqueda, los partidos fósiles les quieren complicar el nacimiento y su consolidación, con requisitos de afiliación que se aplican más a las condiciones de 1982 que a las del país del desencanto político.

Torcuato Di Tella propone, incansable, un bipolarismo ideológico. Más de un presidente se ha declarado favorable a esa idea. Pero la realpolitik se ha impuesto y todos han terminado refugiados en los grandes partidos con “identidad” y sin programa que los han llevado al gobierno. Sería ingenuo esperar que esos partidos se autorreformen sin introducir incentivos. Y eso podría lograrse, tal vez, con un sistema de voto transferible como el de Irlanda o Australia, que permite a los electores votar por el partido al que adhieren con mayor intensidad y dejar constancia también con su voto de a qué otro partido adherirían si a su primera opción no le alcanzaran o le sobraran los votos. Ello obligaría al PJ y a la UCR a definir con claridad afinidades ideológicas, para asegurarse la cercanía de los votantes de opciones más modestas, pero más programáticas.

El único modo de aprovechar las mejoras aprobadas es una mesa de diálogo en la que no falte ninguno de los partidos realmente existentes y donde no se le esquive al bulto a la reforma ambiciosa que el sistema necesita, si es que aspira a la continuada adhesión del pueblo y no sólo a proveer un circuito sencillo para las carreras políticas de algunos.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Nuevas autoridades, Vieja Europa


Viernes, 20 de noviembre de 2009

Sin que ello implique ningún tipo de juicio personal sobre su nuevo presidente, se podría decir que el Consejo Europeo parió un ratón. El encuentro de los veintisiete jefes de gobierno del Viejo Continente había arrancado con todo el dramatismo de aquello cuyo desenlace se desconoce, haciendo subir la tensión, la expectativa y las apuestas. Sin embargo, horas después, la Europa conservadora eligió un conservador y la potencia económica dio otra señal de que se contenta con ser una enana en el juego de poder internacional.

La elección de Herman Van Rompuy vino a satisfacer en primer lugar dos demandas muy modestas: la de Angela Merkel de ver en el flamante sillón presidencial a un correligionario democristiano y la de Nicolas Sarkozy, de ver sentado allí a alguien que habla un francés fluido. Nadie que proyecte sombra sobre los líderes de Alemania y Francia. Nada mejor para apurar el consenso alrededor de esa opción que el fantasma de un Tony Blair reloaded que agitaban desde las islas británicas. Pero claro, ni los británicos podían irse con las manos vacías ni la Unión Europea podía apartarse del férreo pacto de punto fijo que le cede a la segunda minoría el segundo sillón que haya que llenar. Y si pocos conocían fuera del Benelux al hasta hoy primer ministro belga, pocos fuera de las oficinas de la UE en Bruselas o de los recintos del gobierno de Isabel II en Whitehall habían oído hablar de la baronesa Catherine Ashton, flamante Alta Representante para la Política Extranjera y de Seguridad Común (PESC). Laborista y a más, mujer, bastó con que resolviera el problema de las cuotas para que el Partido del Socialismo Europeo la prefiriera a un fino y curtido Massimo D’Alema, que contaba con el apoyo de su país, pero estaba condenado por las reglas del juego.

Poco se conmoverá el mundo con esta decisión que salvaguarda la proyección internacional de aquellos países miembros de la UE que conservan alguna desde la posguerra y mucho tardará en reconocer a Van Rompuy y Ashton en las fotos de grupo del G-8 o del G-20. Tal vez no cabía esperar otra cosa como resultado del accidentado proceso que enterró la Constitución Europea y alumbró con trabajo el Tratado de Lisboa, que creó los cargos que se colmaron ayer. Tal vez sea determinista pensar que un espacio económico, geográfico y demográfico del tamaño de la Europa de los 27 puede jugar un rol en la definición de un orden mundial más multipolar y equilibrado.

Visto desde América latina, no se puede presumir que el dúo en la cima de Europa sepa mucho de la región ni de la potencialidad que tendría una asociación birregional. Desde la Argentina, una “señora PESC” del Reino Unido no augura a priori mejores oídos para la cuestión de la soberanía y la explotación de los recursos en el Atlántico Sur.

Bruselas está servida para los que odian las sorpresas.

* Cocoordinador, Programa de Política Internacional, Laboratorio de Políticas Públicas (http://www.politicainternacional.net).

lunes, 16 de noviembre de 2009

Más allá de las explicaciones Neustadt


Los distintos tonos de la izquierda

#950, noviembre-diciembre de 2009
Por Gabriel Puricelli

Empecemos por lo obvio: una región tan vasta como América Latina es inevitablemente diversa y sus sistemas políticos constituyen, cada uno, un mundo en sí mismo. Hay, sin embargo, fenómenos que la recorren al mismo tiempo y que tientan a más de un observador a verla como una entidad de pronto homogénea. Es cierto que la crisis de la deuda externa de inicios de los ’80 afectó desde México hasta la Tierra del Fuego. También es indiscutible que los años ’90 serán recordados como la década pérdida para el desarrollo latinoamericano. En ambos casos, se trató de la manifestación regional de una dinámica planetaria y no de sucesos originados exclusivamente en la casa de los americanos que hablamos español o portugués.

Ahora bien, no puede decirse lo mismo del actual predominio en la región de gobiernos nacionales orientados hacia la centroizquierda, empezando en el norte por El Salvador y terminando en América del Sur, donde hoy sólo el gobierno colombiano rechazaría esa etiqueta. Debería resultar obvio que las condiciones que llevan a los ex-guerrilleros del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional a derrotar electoralmente a la derecha salvadoreña poco tienen que ver con la crisis que en 2002 resulta en la adopción por el Partido Justicialista de una orientación política opuesta a la que tuvo entre 1989 y 1999. También es claro que cuando el peruano Alan García se dice progresista no está diciendo lo mismo que cuando lo dice su vecino ecuatoriano Rafael Correa. A pesar de esa evidencia, se nos proponen a menudo simplificaciones que atribuyen este estado de cosas regional a una fantasmagórica “oleada”, que nos dejó estos gobiernos, que pueden (por lo tanto) irse así como llegaron, a merced de un fenómeno meteorológico u oceanográfico. Otra simplificación en boga, que propone insistentemente Jorge Castañeda, ex-canciller mexicano, y que han popularizado comentaristas como Andrés Oppenheimer (que ve esta realidad desde esa ciudad latinoamericana sui generis que es Miami) es la de que se trata de un momento en el que se pueden distinguir nítidamente “buenos” y “malos”.

Al descartar la caricatura, lo que encontramos es una serie de gobiernos que lo que tienen sin duda en común es que pagan los platos rotos de la década en que predominaron los principios del neoliberalismo. Con la posible excepción de Perú (que parece contentarse con la recuperada legalidad constitucional después de la tiranía fujimorista, adoptando la agenda económica que ésta tuvo), se podría decir que esos gobiernos actúan con cierto grado de radicalidad allí donde una gran crisis ha arrasado con el sistema político preexistente (Venezuela, Ecuador, Bolivia), mientras que otros llevan sus ímpetus reformistas hasta donde las relaciones de fuerza se lo permiten. Entre éstos, podemos citar a una Michelle Bachelet atada por la herencia constitucional pinochetista, a un Lula y a un Fernando Lugo que no controlan sus parlamentos y a un Tabaré Vázquez que goza de gran fortaleza interna en un país que depende mucho del espacio que le den para desplegar sus fuerzas sus vecinos. Dos de los casos centroamericanos son demasiado recientes como para evaluar (El Salvador, con Mauricio Funes y Álvaro Colom en Guatemala), mientras que el tercero, el Daniel Ortega bis en Nicaragua, no está avanzando en la misma dirección que los sandinistas de la revolución, por lo que no cabe colocarlo en la columna de “centroizquierda”. Cristina Fernández y su predecesor en Argentina resultan un caso particular, ya que su agenda salpicada de políticas posneoliberales no es llevada a cabo (como en la mayoría de los otros casos) por un partido alternativo, sino por uno tradicional que decide adoptar una nueva agenda, como animal que cambia de piel.

Este es el panorama de la región que se encamina a decidir quiénes serán sus próximos gobernantes en casi todos los países en el período de dos años que inauguran con sus elecciones en 2009 Uruguay, Chile y Bolivia. Colores diversos en una paleta elegida por cada pueblo, será apasionante ver qué tonos de ésta predominarán a finales de 2011.

* Co-coordinador, Programa de Política Internacional, Laboratorio de Políticas Públicas (http://www.politicainternacional.net)

lunes, 9 de noviembre de 2009

Obrigado, thank you, pero sobre todo, ¡gracias hondureños!


El Subsecretario de Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado Tom Shannon dio el último toque de horno a una restitución que nunca hubiera ocurrido sin la presión inédita que ejerció un Brasil decididísimo y (no lo olvidemos, contagiados de amnesia periodística) la movilización del pueblo hondureño.

Mel Zelaya vuelve, tal vez sólo para cumplir un rol ceremonial hasta el final de su mandato en enero del año que viene. Sin embargo, ello no debe dejarnos con gusto a poco: fue derrotado un golpe, quedó establecida la autoridad hemisférica de un poder que lentamente empieza a equilibrar el predominio estadounidense en la región y la OEA conducida por Panzer Insulza, la UNASUR, el MERCOSUR, el Grupo de Rio y todas las instancias multilaterales conducidas por latinoamericanos impusieron condiciones en las que los EE.UU. tuvieron que jugar un rol ineludiblemente benévolo.

El movimiento popular hondureño, incipiente al inicio de esta crisis, puede haber tenido el bautismo de fuego que lo ayude a dar un salto de calidad y hasta la próxima salida de escena de Zelaya puede terminar siendo una bendición disfrazada que decida el futuro de la construcción de un poder popular.

Era cierto, Morazán vigilaba.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Reforma política: comparar sin copiar



Miradas Al Sur
Domingo 8 de noviembre de 2009
El riesgo de traspolar otras experiencias
Por Gabriel Puricelli

Como un ciclista que sabe que debe mantener una velocidad mínima para seguir andando, el gobierno de Cristina Fernández viene enviando una andanada de proyectos de ley al Congreso de la Nación que lo mantienen al frente de la iniciativa política y de la fijación de agenda. Igual que si estuviera montado en dos ruedas, la velocidad con que transitan es la preocupación fundamental, aunque esto conspire contra la calidad conceptual de alguna iniciativa. Más aún, esta última consideración pasa a segundo plano cuando la sorpresa con que se presentan las iniciativas hace tambalear a los adversarios políticos, que penan en mantener su propio equilibrio.

A diferencia de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, tema sobre el cual todos los partidos habían presentado decenas de proyectos de sorprendente similitud a lo largo de los últimos 25 años, la reforma política es una cuestión en la que una multitud de proyectos de ley reflejan énfasis de lo más diversos y nociones de reglas de juego a veces contrapuestas. El ejercicio de encontrar mínimos comunes es, por lo tanto y si cabe, mucho más dificultoso. A ello se suma el hecho de que no se trata ya de ponerle un marco general al ejercicio de la libertad de expresión e información a través de los medios, sino de definir las reglas de la competencia democrática por el poder. Ni más ni menos que definir qué tipo de juego se va a jugar, en un sentido mucho más fundamental que el de decidir si la pelota va a ser redonda u ovalada: se trata de reformar aquello que define el modo en que los ciudadanos nos dotamos de un gobierno.

El proyecto del Ejecutivo hace una selección azarosa de puntos suscitados en proyectos de ley de parlamentarios de todos los partidos y (como muchos de éstos) invoca la comparación con legislaciones o tradiciones extranjeras. Al hacerlo, corre tanto riesgos (la transpolación, el injerto), como busca el provecho (lecciones aprendidas, soluciones a problemas comunes) que van asociados a este ejercicio.

Si distinguimos entre cuestiones que son comunes a todas las democracias contemporáneas y aquellas que son intrínsecas a una cultura política o propias de una coyuntura particular, vamos a encontrar que, respecto de las primeras, la legislación comparada nos va a sugerir soluciones aplicables; respecto de las segundas, tal vez nos diga cosas poco concluyentes.

Las cuestiones del financiamiento de los partidos y del acceso de los que compiten por el poder a los medios audiovisuales son problemas del último cuarto de siglo que se presentan de manera similar en todas las democracias. Respecto del primero de ellos, hay ejemplos de fracasos clamorosos que permiten que la democracia degenere en plutocracia (los EE.UU.) y ejemplos razonablemente exitosos como los de México y Chile, que el proyecto oficialista cita. Respecto del segundo, los EE.UU. vuelven a ser el pináculo de la desigualdad, mientras que hay buenas legislaciones a emular en nuestra región (Brasil y México) y en Europa (España, Francia y Gran Bretaña, entre las que menciona el gobierno; la ley par condicio de Italia, también a considerar).

Con igual seguridad, se puede decir que la alusión a los EE.UU. y a Uruguay para justificar la propuesta de internas abiertas, simultáneas y obligatorias, pasa por alto la absoluta disparidad de culturas políticas entre esos dos países y lo difícil que resulta encontrar analogías entre ninguna de ambas y la argentina. Más aún, si hay un aspecto que acomuna esas dos culturas políticas, es su estabilidad, sinónimo de perpetua continuidad en el país del norte y de lentitud y solidez de los cambios en la Banda Oriental. Pocos atributos están tan lejos de la fluidez que de la situación argentina. Sin que ello invalide per se la pertinencia del sistema, hay que subrayar que éste y otros aspectos de la propuesta (en particular, el endurecimiento de los requisitos para el reconocimiento de los partidos) demuestran los límites del enfoque comparado y muestran la hilacha de cierto cálculo de corto plazo que ignora las placas tectónicas en movimiento en la profundidad de la Argentina política. Sin acordar el perfil del sistema deseado para la Argentina, las comparaciones pueden terminar siendo un ornamento.

lunes, 26 de octubre de 2009

Corazones aprontados, para dentro de un mes



Frente Amplio: la fuerza predominante

Página/12
Lunes, 26 de octubre de 2009

por Gabriel Puricelli *

Una mirada fugaz indicaba que la elección en la Banda Oriental sólo debía develar la incógnita de si había o no segunda vuelta. Sin embargo, desde una perspectiva más histórica, el voto de la ciudadanía uruguaya dio varias respuestas más. La primera, que la elección de Tabaré Vázquez en 2004 no había sido el resultado simplemente ni de una oleada regional en América Latina, ni del rechazo episódico de sus compatriotas a uno más de los gobiernos anodinos de los partidos tradicionales: la amplísima victoria de Pepe Mujica viene a indicar que el Frente Amplio ya no es definitivamente más el tercero en discordia de la política uruguaya, sino el partido predominante, una fuerza natural de gobierno que no puede ser derrotada sino por una coalición que una a toda la oposición

La segunda, que después de un gobierno que puso en práctica buena parte de la plataforma con que fue electo y cuyo presidente es alabado por dos tercios de la opinión pública, no han aparecido las condiciones para la emergencia de un "antifrenteamplismo". A pesar del uso y abuso del macartismo (anticomunista y antitupamaro) por parte de Luis Lacalle, los opositores al Frente Amplio no lo rechazan tan intensamente como para elegir cualquier alternativa. Por el contrario, la sorprendente elección del Partido Colorado condenó las chances del Cuqui, que logró la proeza de hacer que los blancos obtuvieran peores resultados que en su derrota anterior. Es decir, el electorado opositor optó por manifestar con el voto su pertenencia política, antes que votar para desembarazarse de un gobierno que no le resulta tan antipático ni inaceptable.

Una tercera, es que la unidad de las izquierdas es capaz de superar desgajamientos sin siquiera salir rasguñada. El Frente Amplio logró recuperar al Partido Demócrata Cristiano, que había perdido a principios de la dictadura, al finalizar ésta; logró consolidar su crecimiento en 1989, a pesar de la dramática ruptura encabezada por el Senador Hugo Batalla; y ni siquiera se estremeció al perder el año pasado a los sectores que ayer votaron por Asamblea Popular junto a algo así como el cinco por mil de los empadronados.

Podríamos agregar también que la intensidad del apoyo del pueblo frenteamplista a sus candidatos no se vio afectada por la distancia que medió entre la vieja retórica revolucionaria y el metódico reformismo que es la marca distintiva del gobierno de Tabaré. Tal vez haya que atribuir esto a la elección de un candidato como Mujica, quien (sin caer en toda la campaña en excesos retóricos que lo llevaran a prometer de más) evoca esa mística de la transformación estructural de la sociedad, aunque se cuide de atizarla. Un indicador de la intensidad de esa adhesión (que se suma al hecho de que el Frente Amplio no parece haber perdido un solo voto) es la renovada movilización de los residentes en el exterior para ejercer su derecho. En este caso, sin contar con los apoyos logísticos que se le facilitaron en 2004 y a pesar de las vallas que se les pusieron (a los orientales, más que a cualquier contaminación ambiental) en el puente Puerto Unzué-Fray Bentos.

El Frente Amplio, ajeno como es a cualquier pretensión de dar lecciones y más allá de cualquier intento de copia, ha demostrado el potencial que encierra la unidad de las izquierdas cuando es capaz de darle marco institucional estable al procesamiento de sus diferencias y la viabilidad de impulsar una agenda consistente de reformas en un vector de avanzada, cuando esa agenda se decide, se discute y se comparte en la interacción de un gobierno democrático y su base de sustentación.

* Co-coordinador, Programa de Política Internacional, Laboratorio de Políticas Públicas (http://www.politicainternacional.net/)


viernes, 23 de octubre de 2009

¡Vamo' arriba!



¿Qué más decir? Hermanos orientales, ¡a ganarle a la derecha en primera! Por Seregni, por Zelmar, por Sendic, por ustedes, por nosotros.

lunes, 12 de octubre de 2009

Perspectivas de una cierta izquierda



Miradas Al Sur
Domingo 11 de octubre de 2009
La maratón del proyecto emancipador
Por Gabriel Puricelli
Sociólogo (UBA)

Las elecciones de junio ofrecieron evidencia de que las posibilidades
de impulsar una agenda política de izquierda, democrática y popular no
están limitadas, como han venido postulando algunos intelectuales, al
éxito electoral del Frente para la Victoria.

Ello era evidente desde antes de las elecciones, si se miraban las
realidades políticas de las provincias, donde es imposible encontrar
gobiernos que compartan esa franquicia y que tengan una agenda de
gobierno que se pueda ubicar en ese cuadrante.

Sin embargo, a nivel nacional, después del naufragio del Frepaso y del
giro a la derecha del ARI- /Coalición Cívica, los resultados
electorales de las alternativas a la izquierda de los partidos
tradicionales eran demasiado modestos y justificaban la resignación de
algunos, que sólo veían eficaz la asociación con candidaturas
taquilleras, dejando en segundo plano la consistencia programática.

Aquellos que han buscado este tipo de socios se enfrentan hoy al fin
del ciclo kirchnerista dentro del PJ y a la total ausencia de reglas
para decidir la orientación del Acuerdo Cívico y Social, lo que
desperfila a nivel nacional al PS y al GEN. Las muestras de que hay
vida fuera de la órbita de los partidos tradicionales no vienen sólo
de los buenos resultados de Proyecto Sur en Capital, Río Negro y Santa
Fe, del Nuevo Encuentro de Sabbatella y De Gennaro en la provincia de
Buenos Aires y de la Unión de los Neuquinos, sino también de la
solvencia que ha demostrado el PS de Binner en hegemonizar una alianza
variopinta en su provincia.

Más significativamente aún, vienen de un análisis desapasionado de la curva de evolución que tuvo el Frepaso entre 1991 y 1997, que demuestra nítidamente la disponibilidad de la ciudadanía a decidir una opción sin apegarse a identidades políticas que están en declive independientemente de cuánto se bata el parche en su nombre y de cuánto provecho (decreciente) se pueda sacar todavía de ellas.

El actual gobierno justicialista no sólo ha puesto en práctica algunas
políticas de izquierda, sino que ha elegido hacer eje discursivo en
éstas. Así, a pesar de la ausencia de políticas consistentes de
redistribución del ingreso (que sí se ha producido por goteo) o de
universalización de las políticas sociales, de la opacidad de los
subsidios a grupos concentrados y de tantos otros aspectos que no es
legítimo asociar con una visión de izquierda, las gestiones que se han
sucedido desde 2003 están indiscutiblemente impresas con ese sello no
sólo en las cabezas de quienes desde dentro de las mismas han empujado
en ese sentido, sino también en las de gran parte del electorado
independiente (que con sus oscilaciones decide los ciclos políticos) y
del electorado de derecha. Ello plantea un desafío enorme para quien
pretenda impulsar una agenda de transformación social después de que
el PJ haya cambiado nuevamente de piel, no sólo en términos
electorales, sino por el esfuerzo que va a requerir, en un contexto de
polarización discursiva, evitar que un eventual giro a la derecha
arrase con el consenso democrático sobre los derechos humanos o sobre
la necesidad de un Estado presente.

En el balance de los años de la democracia, se puede razonablemente
decir que las chances de éxito de una izquierda democrática y popular
se cifran en la paciencia, la consistencia programática, la
independencia organizativa y la vocación de gobierno.

La paciencia flaqueó cuando el Partido Intransigente y el Frepaso
optaron por cortar camino hacia el gobierno, en lugar de persistir en
la vocación de construir fuerza alternativa. El PI estaba lejos de su
objetivo original de romper el bipartidismo, pero el Frepaso estaba
muy cerca de reemplazar a la UCR como polo y de forzar una
reconfiguración perdurable del sistema político.

En este último caso, se sacrificó además la consistencia programática,
en aras del consenso de la convertibilidad.

En el escenario por delante, los otros dos atributos que sugerimos
indispensables deberían estar en primer plano. La independencia
organizativa debe expresar la convicción de que hay un proyecto
emancipador trascendente cuyo despliegue requiere tiempo y cuya
persecución no puede depender aleatoriamente de las variaciones del
tornasol ideológico de alguno de los partidos tradicionales. La falta
de un concepto de partido (que puede adoptar la forma de tal o de una
federación estable) ha facilitado la cooptación individual y una
proliferación de funcionarios progresistas en administraciones que se
han aprovisionado así de todas las "frutillas del postre" que han
deseado.

La vocación de gobierno implica la predisposición a buscar alianzas
sin prejuicios, siempre que las mismas no pongan en peligro la
existencia de la organización propia y que ayuden a reforzar la
consistencia programática, permitiendo poner en práctica tantos
elementos de ese programa como lo admitan las relaciones de fuerza y
criticar honestamente a los socios de que se trate por las
limitaciones que muestren.

Se requieren corredores de fondo, sin duda. ¿Los habrá?

viernes, 25 de septiembre de 2009

¡Que se vayan todos!, de Pittsburgh


Jueves 23 de septiembre de 2009, en las calles de la segunda ciudad de Pennsylvania...

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Mel y la apuesta osada de Lula


Página/12

Miércoles, 23 de septiembre de 2009

por Gabriel Puricelli*

La sorpresiva llegada del Presidente Manuel Zelaya a Tegucigalpa fue la respuesta a quienes se preguntaban qué más se podía hacer para poner fin a la suspensión forzada del Estado de Derecho en Honduras, después de que el usurpador Roberto Micheletti y quienes lo apoyan se mantuvieran impertérritos frente al despliegue de todas las formas imaginables de acción diplomática para hacerlos desistir. La llegada subrepticia del líder constitucional a la capital de su país vino a poner en ridículo a las fuerzas militares y de seguridad, incapaces de impedirle el tránsito al hombre más buscado por el régimen. Queda así erosionado uno de los últimos, a la vez que indispensable, atributos de poder del gobierno de facto, cual es la capacidad de demostrar control efectivo del territorio.

Cuando el Secretario General de la Organización de Estados Americanos José Miguel Insulza dijo sensatamente que no se podía “volver a la diplomacia de as cañoneras”, pocos imaginaban qué otra iniciativa había a mano para terminar de derrumbar por medios pacíficos la fantochada golpista. Por cierto, si hay una definición de “paria”, ella tiene en Micheletti el ejemplo máximo: ni Saddam Hussein, ni Corea del Norte, ni tal vez el régimen genocida sudanés han sufrido un bloqueo tan total del acceso a ayuda, de las relaciones exteriores, del reconocimiento diplomático mismo, como el que hace frente a los golpistas hondureños. Y sin embargo, han porfiado por largas semanas ya, esperando que unas elecciones realizadas en condiciones inconstitucionales le restituyan la indemnidad. Pues bien, Zelaya saludando desde el balcón de la embajada brasileña ha sido el sacudón más violento que han recibido, en un momento en que la unanimidad internacional en el repudio corría el riesgo del desánimo que siempre provoca la ausencia de resultados.

Los EE.UU. habían subido hace sólo días la apuesta antigolpista que (con hesitaciones en las que se leen pugnas intraburocráticas y la inercia de la Guerra Fría) viene haciendo el Presidente Barack Obama, al suspenderle sus visas a los personeros del régimen. Pero nada se compara a la audacia que ha demostrado un Brasil que, aun totalmente comprometido desde el principio en la condena al golpe, parecía estar esperando con impaciencia que los propios EE.UU. actuaran decisivamente dentro de lo que Brasilia indicaba respetar como área de influencia exclusiva de la superpotencia.

Pues bien (y este es un partido bien interesante que parece estar jugándose ahora), la diplomacia de Itamaraty ha dejado ver ante los ojos azorados del mundo que su país está dispuesto a dar muestras de mayoría de edad geopolítica en cualquier rincón de América Latina y el Caribe donde una demostración de poder pueda provocar efectos, en principio, benévolos. Una clave de lectura de lo que sucede en estas dramáticas e intensísimas horas en Tegucigalpa puede parangonar el hospedaje ofrecido a Zelaya a la presencia sudamericana en la misión de la ONU en Haití. La jugada brasileña, en la que ya están públicamente involucrados el canciller Celso Amorim y el propio Presidente Lula, y para la cual están utilizando la caja de resonancia de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, debe ser vista a la luz de la inquietud que provoca en Brasilia el redespliegue de la IV Flota de los EE.UU. en el Atlántico Sur y la presencia de ese país en bases militares colombianas. Convencidos de que esos movimientos están destinados a equilibrar su fuerza como poder emergente, los brasileños no dejarán pasar oportunidad de proyectarse, reafirmándola.

Las condiciones para un vuelco de la situación en Tegucigalpa están dadas. Y, aunque cooperen en este caso para el fin común de devolverle la democracia al pueblo hondureño, los términos de la competencia hemisférica entre Washington y Brasilia, también lo están.

* Co-coordinador, Programa de Política Internacional, Laboratorio de Políticas Públicas (http://www.politicainternacional.net/)

martes, 15 de septiembre de 2009

15 al 18 de setiembre 2009: Elecciones de GRADUADOS - Fac. Ciencias Sociales

PROPUESTA PROGRAMATICA

Facultad de Ciencias Sociales
Elecciones Claustro de Graduados
Consejo Directivo

PROPUESTA PROGRAMATICA 2010-2012 - LISTA Nº 10 Construyendo Sociales

La Lista Nº 10 Construyendo Sociales para el claustro de graduados se plantea fortalecer y consolidar las líneas de acción institucional iniciadas por la gestión de la nuestra Facultad de Ciencias Sociales desde el año 2002 y asumir los desafíos que consideramos pendientes para la próxima etapa.

En estas elecciones hacemos explícito nuestro apoyo al espacio que encabeza el Prof. Federico Schuster y que promueve las candidaturas de Sergio Caletti y Adriana Clemente como decano y vicedecana respectivamente para el próximo período de gobierno.

La Universidad de Buenos Aires ha atravesado, y se encuentra aún, en una de sus más profundas crisis. Esta crisis puede ser definida como una lenta agonía. Una agonía que se expresa en sus condiciones materiales, edilicias y presupuestarias pero también una agonía en su producción intelectual, en sus debates políticos y en su vinculación con el medio social. La Facultad de Ciencias Sociales no es ajena a esta situación.

La Asamblea Universitaria dio un marco institucional a esta crisis, y al debate que esta merece, pero aún no se ha avanzado en los profundos cambios y transformaciones que requiere la UBA a partir de un Nuevo Estatuto Universitario.

Sin embargo nuestra facultad – la más joven de la UBA - comenzó hace ocho años un lento y gradual proceso de transformación caracterizados por la búsqueda de mayor institucionalidad en sus espacios de gobierno, democratización de los claustros y vinculación con la sociedad. Con el mismo sentido participamos de los debates en las comisiones acerca de la Reforma del Estatuto de la Universidad de Buenos Aires que se encuentra hoy estancado y representa una deuda pendiente para toda la comunidad universitaria.

A su vez, el balance de este proceso nos permite evaluar logros y dificultades en las distintas áreas de gestión pero con una dirección definida que puede ser, compartida o no, reconocida por el conjunto de la comunidad académica.

Uno de nuestros objetivos como mayoría de graduados que participa en la gestión de la Facultad ha sido y seguirá siendo ampliar los espacios de participación democrática de la comunidad académica a través de convocatorias formales e institucionales. En ese sentido, las reuniones Interjuntas se constituyeron en un importante ámbito de debate y de búsqueda de consensos. La integración de nuestras Juntas de Carreras, de modo tripartito igualitario –siendo el único espacio institucional que le otorga ciudadanía a los auxiliares docentes y también a los profesores interinos, dota a los consensos así logrados de una legitimidad mucho más extendida.

Propulsamos el avance en torno del ansiado Edificio Único para Sociales que es un hecho a terminar de concretarse a lo largo de 2010/2012. La ejecución de la segunda etapa de la obra y el diseño de la tercera encaminan a la Facultad a unificar a sus carreras en un mismo y único edificio. No sin dificultades acompañamos el traslado de la Carrera de Trabajo Social, de maestrías y doctorados. Esperamos aportar en el traslado de la facultad toda.

Por otra parte, acompañamos las modificaciones necesarias para reconocer la legitimidad de los docentes auxiliares que han sustentado el crecimiento de la Facultad durante 15 años sin poder concursar. En 2003 se establecieron dichas modificaciones al reglamento de Concursos de Auxiliares Docentes a partir de las cuales nuestras Carreras iniciaron el proceso de regularización de los cargos, existiendo a la fecha más de cuatrocientos cincuenta auxiliares concursados, varias cátedras en la etapa de sustanciación y un nuevo llamado aprobado por el Consejo Directivo con el que cuatro de las cinco carreras culminarían con las materias obligatorias.

Este proceso ha implicado una gran transformación hacia dentro de la Facultad y una fuerte defensa de los derechos de los trabajadores docentes, dado que la sustanciación de esta regularización permite garantizar la estabilidad
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El mecanismo llevado adelante constituyó una de las más claras reparaciones y reivindicaciones del trabajo llevado a cabo por los Auxiliares que a lo largo de los años no pudieron concursar. Así, el proceso de regularización de los auxiliares docentes de cada una de las Carreras de la Facultad se encamina hacia su consolidación. El desarrollo del Programa de rentas para docentes ad honorem ha permitido reparar, del mismo modo, una situación de injusticia y desigualdad al interior de cátedras de las distintas carreras y favorece la regularización de estos cargos a través de concursos.

Asimismo, como parte de la mayoría de graduados en el Consejo Directivo, promovimos el desarancelamiento de los postgrados. La gratuidad de las Maestrías para todos los graduados de la Facultad de Ciencias Sociales (así como para sus docentes y no docentes) es hoy una realidad. Este logro es un punto de llegada de un proceso que tuvo como beneficiarios previos a los docentes con dedicación simple y ad honorem y que hoy se extiende a la totalidad de los graduados.

Desde el comienzo de la gestión sostuvimos que la gratuidad del postgrado era un derecho a conquistar de modo paulatino, avanzando a través de las dificultades presupuestarias que tiene la Facultad y la escasez de recursos para el grado. Por ello, este desarancelamiento se acompaña de una herramienta que facilita la colaboración de los docentes y graduados con la Facultad. Es decir, un modo de trabajar en conjunto para que el esfuerzo institucional por la gratuidad se acompañe con la colaboración en áreas de política académica o de extensión: el Programa de Postgrado e Intercambio (PPI). Este avance ha sido un logro que, en el marco de los ajustes que se vienen aplicando sobre la Universidad, muestra al resto de la comunidad académica que el desarancelamiento no sólo es justo sino también posible.

El crecimiento de los proyectos de investigación acreditados en la facultad y en la UBA han ampliado las oportunidades para equipos y cátedras que se incorporan desde las distintas carreras de la facultad. El programa de reconocimiento institucional de investigaciones de la facultad favoreció la promoción de nuevos equipos y la revalorización de las investigaciones de cátedra. El crecimiento de proyectos Ubacyt radicados en la facultad constituye un indicador claro del posicionamiento que ha logrado nuestra facultad en este campo. Para ello también se ha generalizado la difusión de las ofertas de becas y convocatorias, a través del envío de información y reuniones de asesoramiento para la presentación de docentes e investigadores de la facultad. También se han generado distintos dispositivos para la transferencia de los conocimientos generados al interior de la facultad. En este marco, se realizó una primera Jornada de Intercambio entre equipos de investigación y extensión. Queda el desafío de ampliar los espacios de transferencia hacia otros sectores sociales con mayores niveles de institucionalidad que los realizados hasta ahora.

Desde el área de extensión universitaria se profundizó la vinculación de la facultad con organizaciones y movimientos sociales. El Programa de Capacitación y Fortalecimiento para Organizaciones Sociales y Comunitarias representó un espacio de trabajo y aprendizaje con alto impacto en la comunidad académica y en los grupos participantes. Los acuerdos institucionales celebrados a través de convenios con instituciones públicas y privadas permitieron llevar adelante acuerdos para prácticas preprofesionales, pasantías, capacitación y asistencia técnica que han permitido ampliar las fronteras de la facultad. Se logró ampliar la oferta en los servicios de empleo y formación profesional para graduados de la facultad. Se realizaron jornadas de inserción laboral, consultorías individuales de orientación y cursos de formación profesional.

Estos son algunos de los desafíos que nos quedan por delante. La voluntad política de encararlos es nuestra principal motivación para convocar a la participación política del claustro de graduados y auxiliares de la facultad.


Principales líneas de acción a futuro:

Fortalecer la participación política de las carreras en los asuntos académicos a través instancias democráticas y con funcionamiento permanente. Consolidar las reuniones interjuntas como espacio de debate e intercambio político entre las carreras.

Elaborar y aprobar una estructura de cátedra y régimen de optativas para las cinco carreras de la facultad.

Acompañar el proceso de reforma de planes de estudio iniciado en las carreras de la facultad favoreciendo los espacios de integración entre las mismas.

Armonizar criterios en relación a prácticas pre profesionales y trabajos finales de grado para las cinco carreras.

Jerarquizar los cargos de gestión y administrativos para las carreras.

Continuar con los actuales criterios para el llamado a nuevos concurso de cargos de auxiliares docentes y renovaciones profundizando el rumbo planteado desde hace 8 años.

Crear un fondo de financiamiento propio para proyectos de investigación y extensión acreditados en la facultad.

Favorecer los subsidios de viajes tanto para profesores como para auxiliares docentes.

Impulsar una política de publicaciones para la producción en investigación de las cinco carreras e la facultad.

Realizar el seguimiento hasta su finalización del plan de obras del Edificio Unico.

Coordinar una mesa de concertación con actores políticos y gremiales para las condiciones de seguridad e higiene de las actuales sedes de la facultad.

Impulsar una amplia oferta de cursos de formación de postgrado para la intervención social, la investigación y la formación docente.

Retomar el Programa de Postgrado e Intercambio para favorecer la articulación con acciones de transferencia y extensión.

Articular grado y postgrado a través de la tutoría de tesinas y trabajos finales de grado.

Retomar el funcionamiento del Consejo Social integrado por organizaciones y movimientos sociales.

Ampliar la oferta de cursos extracurriculares abiertos a la comunidad.

Generar una oferta sistemática de servicios de transferencia orientada prioritariamente al Estado en sus distintos niveles.

Crear un área de bienestar estudiantil que contemple prestaciones sociales, sanitarias y de ayuda económica para estudiantes de grado.

Elaborar un presupuesto anual participativo para la definición de metas prioritarias con los actores de la comunidad académica.

Consejo Directivo
LISTA 10 - CONSTRUYENDO SOCIALES

GRADUADOS
TITULARES
1º Gustavo Bulla
2º Brancoli, Javier
3º Canade, Enzo
4º Puricelli, Gabriel

SUPLENTES
1º Esteban De Gori
2º Pablo Hernandez
3º Damián Paikin
4º María Luz Bruno

LISTA 10 - HECHO Y POR HACER

PROFESORES
TITULARES

1º Federico Schuster
2º Héctor Angélico
3º Adriana Clemente
4º Loreti Damián
5º Archenti Nélida
6º Ansaldi Waldo
7º Dri Rubén
8º Fernández Arturo

SUPLENTES

1º Kaufman Alejandro
2º Lacarrieu Mónica
3º Pompa Roberto
4º Castillo Marín Luis
5º Moreno Oscar
6º Toer Mario
7º Eroles Ccarlos
8º Vega Viviana