viernes, 14 de enero de 2011

Nuestro legislador, puntal del trabajo en la Comisión Investigadora Especial sobre Escuchas Ilegales y permanente azote de los comisarios del rejuntado de ex-represores junior conocido como "Policía Metropolitana", alerta contra la formación de "guardias blancas" en Buenos Aires, con la mano de obra ocupada de las empresas de seguridad privada.
 
Jueves, 13 de enero de 2011
Un GPS para Montenegro
Por Rafael Gentili *

El reciente anuncio del ministro Guillermo Montenegro de incorporar a las empresas privadas de seguridad como auxiliares de la Policía Metropolitana (tarea a la que luego se sumarían taxistas y kiosqueros) confirma que la política de seguridad pública en la Ciudad se planifica y se dirige –peligrosamente– al ritmo de la improvisación.

De hecho, no está previsto en el Plan de Seguridad Pública 2011 que el Ejecutivo envió a la Legislatura. Más allá de esto, la idea en sí misma es equivocada porque implica un recorte a los derechos de los trabajadores de vigilancia, una superposición entre controlador y controlado, y un modelo fascista de seguridad.

La incorporación de una tarea de vigilancia pública a las obligaciones de los vigiladores privados sin ningún tipo de plus o contraprestación pecuniaria devela un mecanismo por el cual son los trabajadores quienes terminan llenando un déficit de la acción estatal con más explotación. Muy Pro, sin duda.

Por otra parte, la superposición entre controlador y controlado es tan obvia como preocupante. El gobierno está tercerizando en empresas que el mismo ministro debería controlar, tareas de vigilancia que hacen al monopolio del Estado de la seguridad pública, confundiendo los roles. Un chico de ocho años cuando juega al poliladron o a la escondida entiende perfectamente este razonamiento y la perversión de un juego en el que se confundieran los perseguidos y los perseguidores. Esta política sólo puede entenderse en el marco de una Policía Metropolitana en donde la mayor parte de su plana directiva ha estado –o seguiría estando– vinculada con empresas de seguridad privada. Tal es el caso de Miguel Angel Ciancio, superintendente de Seguridad y Policía Comunitaria de la PM, quien fue director técnico de JSA Security SA, una empresa especializada en seguridad hotelera que actualmente provee de sus servicios a catorce hoteles de la ciudad; de Eduardo Martino, superintendente de Comunicaciones y Servicios Técnicos, ex director técnico de Alesa SA, cuyas propietarias son sus parientes María Florencia y Camila Martino, de Roberto Bernardino Barbosa y Esteban Adolfo Sanguinetti. Y de Héctor Barúa, virtual segundo jefe de la fuerza y ex socio de Aquiles Gorini, titular de la Cámara que agrupa a estas empresas y con quien, casualmente, Montenegro firmaría el convenio de colaboración.

Por último, la inclusión de civiles en el ejercicio del control social como definición del Estado oculta bajo un velo “comunitario” una dinámica de delación y sospecha que, lejos de resolver la conflictividad social desde una lógica de seguridad ciudadana, profundiza la paranoia social en torno del delito. Cuando Montenegro presenta la medida y dice que “este sistema está copiado de distintos lugares del mundo, donde hay sectores de la población civil que comparten este tema con la actividad pública” se refiere a la Guardia Nacional Italiana promovida por el primer ministro Berlusconi, a la que el Partido Demócrata italiano definió con razón como un golpe al corazón y a los principios de toda democracia liberal.

Una vez más, seremos las fuerzas de oposición y de la sociedad civil las que, por imperio de la cordura y la razón, debemos hacer desistir al desorientado ministro de sus ideas efectistas y disparatadas.

* Legislador porteño, Proyecto Sur.


domingo, 2 de enero de 2011

Let it snow o navidad blanca de verdad


El chico de Floresta escribe desde la barriada de Carrol Gardens la bonita página ut infra, en la que no sólo saca a relucir el escritor, sino también el sociólogo. Y como al pasar (pero nada al pasar) desgrana algunas intuiciones compartidas en alguna charla sobre la reciente tarde de furia en Constitución y más generalmente sobre el llamado "interés general" y el lazo social. Allá, pero, me parece, con la cabeza un poquito acá. Disfruten de esta gran lectura dominical.

 
Miércoles, 15 de diciembre de 2010
Michael Bloomberg, tapado por la nieve
Por Ernesto Semán, Desde Nueva York

Antes de crucificar al alcalde Michael Bloomberg con la antena del Empire State, hay que recordar que una nevada de Dios Padre le puede pasar a cualquiera. A un neoliberal, a un arquitecto, a un dirigente inquebrantable, a un ambicioso, al que le caigan 60 centímetros de nieve en su ciudad tiene un problema enorme, blanco, frío. Pero lo que vivió Nueva York entre el 26 de diciembre y ayer es de otra película. No El Día Después de Mañana y las profecías del cambio climático, sino de Soy Leyenda y una foto distópica en la que nadie te da una mano o una bufanda, y el mundo tal cual lo conocimos, habitado, desaparece.

La historia es así: el domingo pasado empezó la primera nevada del invierno en la costa Este norteamericana. Para el lunes al mediodía habían caído unos 60 centímetros de nieve en Nueva York. Un montón de nieve, pero ni la más larga ni la más dura de las tormentas que haya visto esta ciudad. Los servicios de emergencia tardaron en empezar la limpieza, y para cuando lo intentaron la nieve se había hecho hielo y las calles estaban repletas de cientos, miles de autos abandonados por sus dueños. El martes y miércoles, una buena parte de la actividad comercial había desaparecido bajo la nieve, las ambulancias no llegaban adonde debían. Desde entonces y hasta hoy, una multitud se pregunta cómo fue que el gobierno de la ciudad no pudo prever una tormenta que ocurre todos los años, y que cualquiera veía venir en la pantalla del Weather Channel.

Los problemas empezaron apenas la nieve se congeló sobre los autos. Las bagels nunca llegaron al Café Naidres de la calle Henry, en Brooklyn, y el New York Times no se podía conseguir en todo Queens, los camiones de distribución estampados contra las barricadas de hielo que habían dejado calles enteras cerradas para entrar o para salir. La ciudad trata de cuidar a sus pudientes, a Manhattan, pero no alcanza. El vegetariano Kate Joint’s en el Village, entre otros miles, cerró por tres días: las máquinas limpiaron la calle 4 durante el día, pero los empleados viven extramuros, y nunca llegaron, ni el lunes, ni el martes, ni el miércoles, porque si sus calles en Queens no estaban bloqueadas por la nieve, tres de las líneas de subte que los vomitan en la ciudad cada día dejaron de funcionar. Los Starbucks de toda la isla estuvieron cerrados o funcionaron a medio turno. Hubo cortes de luz por 36 horas, y cortes de gas con 5°C bajo cero. Y así, pesito a pesito, Nueva York perdió mil millones de dólares por día. Todo lo que no se pudo vender en la semana de fiestas, cuando la gente compra como si se viniera el Armagedón. Quién sabe, con la pérdida de recaudación de esta semana se echa a perder todo lo que se había ahorrado con los recortes fiscales del último año, y encima todos están más pobres, chirriando de frío y calientes con los funcionarios.

Millares de vecinos salieron a despejar las calles por mano propia. La nieve es linda para los turistas, para la gente feliz, y para las parejas con hijos abrigados. Para el resto, los que conformamos la Enorme Mayoría Silenciosa, es un dolor de huesos. Y a los dos días, cuando la superficie blanca y sensual es una baba gris y acuosa que se filtra helada por el techo, los zapatos, las cloacas, no se recluta ni un colectivo de gente que la festeje. Lo que muchos descubrieron en esta semana es que el Estado se encarga de limpiar todo antes de que comience el incordio, y que el ajuste fiscal de los últimos dos años los dejó librados a su suerte. En la calle estaban todos. Los viejos, los homeless, los graciosos. Estaba uno que a lo lejos se parecía al actor James Franco. Y de cerca era, sí señor, James Franco paleando la nieve a las 10 de la mañana con el brazo que se arrancó en 127 Horas para que el tramito de la calle Clinton que le importa quedara impecable, aportando su granito de arena a la comunidad.

La pregunta es, ¿cuánto hay que desmantelar para convertir a un idílico ciudadano neoyorquino en un desaforado bonaerense? ¿Cuánto hay que meterle el dedo en el ojo para que su inclinación comunitaria dé lugar a un tirapiedras como Dios manda? No se trata de poner a prueba a los que luchan toda la vida, los imprescindibles, hablamos de los que quieren ir y volver del trabajo y que haya electricidad para iluminar el arbolito.

A saberlo: la diferencia entre un estado y una banda de desorientados está a tiro de decreto. Bloomberg lleva dos años prolijos de reducción de gastos, congelamiento de salarios públicos, despidos en la administración. La tijera se siente en servicios públicos que funcionan algo peor, y en servicios de emergencia que no son tales. El jueves, dos empleados públicos de Queens contaron al New York Post que sus supervisores incentivaron a los trabajadores para que fueran a menos, como Perú en Rosario en el ’78, como para que los recortes se hicieran sentir. Las radios llenaron el aire con vecinos indignados y funcionarios oportunistas porque los sindicatos defienden su quintita contra el interés general. “Eso no se puede hacer”, dijo el jefe de emergencias de la ciudad, Skip Funk. He aquí el problema: los sindicatos creen que sí se puede hacer y que el recorte de sus salarios y el despido de sus trabajadores no es parte del interés general. Por lo cual, o hay que reconsiderar cuán general es el interés, o aguantarse que los que se queden afuera pataleen.

Por lo demás, no se trata tanto de los sindicatos. Para salir de compras o hacerse ver el estómago se necesita alguien que abra las calles y garantice un mínimo de ese interés general, es tan obvio que cuesta explicarlo. Está todo ahí a la vista, los subtes que funcionan las 24 horas, los casi mil máquinas que levantan la nieve, las montañas de sal clorada almacenada en los docks de Brooklyn. Así que la verdadera mano invisible es el Departamento de Sanidad y no el HSBC. ¿Tan difícil era darse cuenta?

Algunos no participarán de este debate. Joel Grossman, por ejemplo, de Kensington en Brooklyn, que el lunes a las 6 de la tarde llamó a la emergencia con un fuerte dolor de estómago. Para cuando la ambulancia logró atravesar las barricadas de hielo y nieve, a las 7.47, hacía varios minutos que a Grossman se lo había llevado una hemorragia interna fácil de contener.

Con las calles congeladas, la oficina del ombudsman de la ciudad recibió 536 quejas menos graves que las de Grossman, desde el vecino del Bronx que veía la calle 219 tapada de nieve por segundo día consecutivo hasta la señora de Cobble Hill que dejó el mensaje de que “esto se parece a un país del Tercer Mundo”. Señora: en las grandes ciudades del Tercer Mundo casi no nieva. Y, además, en el Tercer Mundo nos dijeron que las reformas estructurales había que hacerlas justamente para seguir el ejemplo norteamericano. Hay que darle un crédito a la señora de Brooklyn: la circulación de ideas es difusa, y si en América latina se tomaba a Estados Unidos como ejemplo retórico, en Estados Unidos recién hoy se viven ajustes como el que su ejemplo supuestamente inspiraba. El día que se haga una historia intelectual de la Lucha Contra el Déficit, alguien se va a dar cuenta de que nadie sabe bien por dónde empezó. Y de que habrá que dejar de cargar todas las culpas en Ronald Reagan y volver la mirada a Jimmy Carter, con su Nobel a cuestas, que a mediados de los ’70 arrancó desde la mismísima Casa Blanca con la prédica “contra la cultura de Washington y sus políticos”, como si en la ofensiva no se fuera a llevar por delante la silla en la que estaba sentado y la formidable estructura del Estado que desde entonces no deja de achicarse.

La cantidad de nieve que tiene que caer y la cantidad de máquinas que tienen que dejar de limpiarla para que la Quinta Avenida se transforme en Constitución en diciembre es una curva infinita. Salvo Naomi Klein –cuyos libros son una versión educada y larga de La Cámpora–, nadie cree que sea imposible seguir ajustando. Impossible is Nothing (nada es imposible). Pero se te arruinan las Nike, que aun hechas en Vietnam no bajan de cien dólares. Se ponen en rojo las cuentas que tenías pensado cerrar con el pan dulce y el champagne y ahora hay que estirar hasta que recuperes algo de lo que la nieve se llevó. Y se te recontracalienta la clientela, que en esta semana quería colgar a Bloomberg de su Gucci impecable para que se lo lleve la próxima tormenta.


miércoles, 15 de diciembre de 2010

Berlusca zafa, por ahora


 
Miércoles, 15 de diciembre de 2010
Roma ardió frente a Nerón
Por Gabriel Puricelli


Las dramáticas escenas que se vivieron en la plaza de Montecitorio y luego en toda Roma son la pintura de un reino que prolonga su agonía mientras se van consumiendo sus fundamentos. La votación de la moción de confianza con la que la oposición desafió a Berlusconi fue una escena de contornos dramáticos donde se puso en evidencia el coraje cívico de diputadas a punto de parir que no quisieron desertar de semejante cita y donde se vio casi con la misma nitidez no sólo el éxito agonizante de las compras navideñas de legisladores de Silvio Berlusconi, sino la podredumbre de la fruta antes fragante de la antipolítica.

En efecto, es la antipolítica rampante de signo cualunquista la que depositó tres veces al Cavaliere (¿o condottiere?) en la presidencia del Consejo de Ministros de la República Italiana y es la antipolítica en clave menor de notorios antiberlusconianos como Walter Veltroni y Antonio Di Pietro la que hizo diputados opositores a dos “no políticos” que ayer traicionaron a sus electores para facilitar la sobrevivencia de un primer ministro al borde de la inanición.

El incendio que luego de la votación parlamentaria engulló por doquier a blindados de las fuerzas de seguridad no fue la traducción de la furia opositora, sino la expresión de una guerrilla callejera que encuentra en las manifestaciones de masas la ocasión de desencadenarse. La protesta estudiantil (el “Día de Bloquear Todo”) que acompañó el debate parlamentario era en realidad la versión italiana de una rebelión estudiantil que tiene focos en toda la Europa del ajuste y la austeridad y se encadenó con otra serie de multitudinarios actos públicos (del Partido Democrático, del sindicato metalúrgico, entre otros) que vienen indicando que el pulso de la calle que alguna vez acompañó a Berlusconi ha cambiado. Las mismas estratagemas para escudarse en los fueros gubernamentales para escapar de procesos por asociación con la mafia que una mayoría le consintió durante años al elenco del Pueblo de la Libertad (principal partido de gobierno), se han transformado en un grotesco que cada vez más italianos se niegan a digerir.

En el “país normal” del módico sueño del ex-premier Massimo D´Alema, el descascaramiento del oficialismo, combinado con un estancamiento económico crónico que la crisis actual no ha hecho sino agudizar, se traduciría en unos renovados bríos de la oposición. Sin embargo, ésta no logra más que demostrar una valiosa compostura para hacer votar disciplinadamente contra el gobierno a sus diputados, sin que se registre en la opinión pública una erupción de apoyo por los partidos que la integran. De hecho, con la excepción de la xenófoba Liga del Norte (socia minoritaria en el gabinete), todos los partidos huyen de la idea de saldar la crisis con elecciones anticipadas (la legislatura podría durar hasta 2014, si el oficialismo no pierde la mayoría) en lo inmediato.

Hay buenas razones que se dicen en público para ello: un gobierno no partidario (“técnico”) podría reemplazar a Berlusconi mientras se reescribe la ley electoral, definida por su propio autor (el hoy ministro leghista Roberto Calderoli) como una “chanchada”. Pero hay razones que no se pueden admitir abiertamente: no está escrito en piedra que la derecha perdería y menos aún, que una eventual mayoría opositora pudiera definir un programa común al arco iris de partidos que se necesitarían para gobernar. En la oposición, el Partido Democrático, de ex-comunistas y ex-democristianos progresistas ha fracasado hasta ahora en alcanzar dimensiones como para gobernar sólo. En el parlamento actual, sólo puede contar con el litigioso antipartido anticorrupción Italia de los Valores, o con los agrupamientos ex-berlusconianos, en versión certificada por el Vaticano (la Unión de Centro) o post-fascista (Futuro y Libertad para Italia). La izquierda extraparlamentaria, mientras tanto, tiene serias pretensiones de retornar al legislativo, blandiendo la imagen carismática del Presidente de la Región Apulia, Nichi Vendola, que algunos ven como el único capaz de disputarle la arena mediática a Berlusconi en una campaña electoral.

No deja de ser cierto que, habiendo sobrevivido a su caída por tres votos, incluyendo al menos cinco ostensiblemente comprados, el gobierno en ejercicio está “clínicamente muerto”, como lo definió el jefe opositor Pierluigi Bersani. Sin embargo, por detrás del decorado parlamentario, a pesar de las vistosas llamas de ayer, hay una sociedad atemorizada por su propio envejecimiento y declinación, parte de la cual odia a los inmigrantes que necesita y una élite económica parte de la cual eligió el atajo de la colusión mafiosa en lugar del sendero de la innovación que hizo de Italia una potencia económica hasta inicios de los ´90.

Nada de eso se ha terminado de consumir, porque el berlusconismo lo ha interpretado, representado y alimentado. Nada de eso tiene un reemplazo inminente, porque las fuerzas reformistas se han dedicado estos años más a la ciencia política que a la política, disolviendo y fusionando partidos en una fuga voluntarista hacia adelante, donde se reemplazó un progresismo que avizoraba un fin de la historia comunista por otro que creyó que la “normalidad” capitalista se alcanzaría por pura fuerza de gravedad. Pues no, el horizonte requiere de imaginación para ser dibujado y de esfuerzo para ser alcanzado. Lo que ocurre cuando no se logra eso (y aunque mientras tanto un viejo orden muera), Gramsci lo llamaba crisis. Y no simplemente crisis de gobierno.


viernes, 3 de diciembre de 2010

¿Sabe tu madre que bancamos a Johnny Marr?



Lo tenemos que reivindicar, porque además de hacer buena música, trata de restablecer el equilibrio de las cosas en el mundo. Nos nos puede gustar nada que le guste al tory, cheto, etonian, ajustador serial de David Cameron y Johnny Marr se encarga de prohibírselo. Compartimos las sentidas palabras de apoyo del editorial de The Guardian.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

El neodesarrollismo realmente existente

El peronismo del tiempo posneoliberal
Boletín especial, martes 23 de noviembre de 2010
Por Gabriel Puricelli

Se le atribuye a Zhou Enlai, canciller y Primer Ministro de China en los años de Mao Zedong haber respondido “muy temprano para decirlo” cuando se le requirió una opinión acerca de la Revolución Francesa, que precedió en 160 años la revolución que ambos encabezaran en China. El escritor Esteban Schmidt invocó recientemente este principio de precaución para analizar lo mismo que Prensa De Frente nos convoca a desmenuzar o prever en esta ocasión. El kirchnerismo, en efecto, convoca tanto a empuñar las armas de la crítica, como a afinar la puntería al usarlas para dar en el centro de lo que éste es. ¿Estilo político? ¿Movimiento? ¿Gobierno de la opinión pública? Hay una definición que permite escapar de la obligación de optar por alguna de estas tres o por la suma de las mismas: se trata, sin dudas, de un peronismo, entre los aparentemente infinitos posibles.

Es, concretamente, la última reencarnación de lo que ha devenido en el más moderno de los partidos políticos de los liberalismos democráticos que la convención apoda democracias. Lo es, en tanto se ha desembarazado de todo programa para permanecer en el gobierno y en tanto no ha desdeñado la posibilidad de armar un “relato” que provee de significado, para un sector del electorado, a la colección de decisiones pragmáticas que constituyen su acción de gobierno. Esto último vale para el Partido Justicialista en su conjunto, que le ha dado verosimilitud discursiva a la implementación de las reformas neoliberales y a las acciones encaradas para contrarrestar parcialmente los efectos de éstas y (en algunos casos) revertirlas. La operación discursiva tiene éxito en tanto presenta como orientada hacia los fines de un programa una acción cuyo objetivo es permitir a un conjunto de políticos profesionales maximizar las oportunidades de seguir controlando el aparato gubernamental.

Ello no implica, de ningún modo, decir que la acción del kirchnerismo como tal reencarnación deja intacta la realidad. Por el contrario, el régimen social de acumulación cambió en muchos de sus aspectos desde 2002 en adelante y lo hizo con la misma contundencia con la que había mutado bajo los efectos de la acción de la encarnación menemista, sin constituirse por ello en la antítesis de aquella. El kirchnerismo abrazó con entusiasmo las viejas tesis del desarrollismo y se deshizo sin dudarlo del manual neoliberal, en tanto ideología que había terminado por maniatar a las fuerzas productivas. Heredó de Eduardo Duhalde una política económica centrada en un tipo de cambio real competitivo y estable y desdeñó el manual de instrucciones que acompañaba a la misma, desembarazándose de él (en la persona de Roberto Lavagna) y exprimiendo al máximo las posibilidades de construir una base política estable que brindan la obra pública, los subsidios y la mejora de los ingresos del sector minoritario de la clase trabajadora que está en blanco.

Lejos de dejarse definir por esa opción neodesarrollista, el kirchnerismo se narró a sí mismo como una acción de reparación de todas las injusticias, adoptando de arranque la agenda de memoria y justicia que veníanplanteando los organismos de Derechos Humanos desde que el golpismo frenara los juicios a los genocidas. A los juicios de la verdad ya en marcha y al proyecto de anulación de las leyes de impunidad planteado en el Congreso por Patricia Walsh y Elisa Carrió el kirchnerismo les puso detrás toda la fuerza del estado, invirtiendo de un día para el otro el vector que ésta tenía desde 1986. Si en el plano económico el kirchnerismo terminó de eliminar los obstáculos que impedían que la Argentina comenzara a traducir en crecimiento el mejoramiento de los términos de intercambio de sus productos exportables, en el plano político le restituyó legitimidad a las instituciones de gobierno volviendo a asociarlas con la noción de justicia.

El pragmatismo (concepto que no usamos aquí peyorativamente) también presidió la construcción política de Néstor Kirchner y su pequeño núcleo de hierro. Después de un coqueteo fugaz con la idea de una base de apoyo “transversal” que cortara diversos partidos (incluido el PJ) de acuerdo a una línea ideológica “progresista”, optó por consolidar el liderazgo dentro del PJ y por reconocerle explícitamente un papel de pilares a los gobernadores y a los intendentes del conurbano bonaerense, con los aliados no peronistas jugando un papel de claque sin poder de decisión sobre la orientación política general. La contundente elección de Cristina Fernández como presidenta fue sucedida por una acelerada erosión de su popularidad durante el primer año de su mandato que reforzó la opción por el PJ, que se transformó, por imperio de la necesidad, en la tarea primordial que mantuvo ocupado a Néstor Kirchner hasta el momento de su súbita y temprana muerte.

La demonización de que fue objeto el ex-presidente casi desde el momento en que dejó la presidencia transformó en una sorpresa a los ojos de quienes viven la política sólo a través de la pantalla de televisión las expresiones de congoja que sucedieron a la muerte de Néstor Kirchner.

Apresurarse, sin embargo, a anunciar el parto de un nuevo movimiento a partir de ese hecho, adolecería de la misma inconsistencia de quienes sospechaban que ni siquiera una parte del pueblo se conmovería por la muerte de un presidente electo democráticamente y que dejó su cargo con su popularidad en alto.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Tea Party: sin amotinados no hay motín

Claman inspirarse en el motín del té de Boston de 1773, una acción de protesta anticolonialista inspirada en el mismo malhumor que los criollos rioplatenses tenían frente a su metrópoli. Traducen ese malhumor en rabia contra los impuestos, que ya no cobran unos colonizadores, sino el gobierno que los estadounidenses se han dado. Son la niña bonita, el talk of the town de la política en estos días de depresión económica en tierras de Barack Obama. Y sin embargo, dice bien (y traducen los compañeros de Sin Permiso) el siempre afilado Gary Younge, el movimiento del Tea Party no existe. De regreso de un viaje para las elecciones del martes 2 de noviembre y durante varias entrevistas radiales estando aún allá, la primer pregunta de los informados es sobre este fenómeno: "¿los viste? ¿Cómo son?" Sólo cabe decepcionarlos: se trata más de una invocación de Fox News que de un fenómeno que involucre a personas organizadas. Para los que prefieran degustarlo en la lengua en la que brilla, aquí está el artículo original del corresponsal de The Guardian en EE.UU. Breve y definitivo.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Una “interna” no es sólo un nombre propio

De las internas a las primarias
Por Gabriel Puricelli
Revista Caras y Caretas nº 2251
Octubre de 2010

Uno no puede pensar en las “internas” sin reparar en el curioso giro peculiarmente argentino del lenguaje que ha transformado ese adjetivo en un sustantivo. La carga semántica que porta el término, separado tanto en el habla popular como en la jerga política de la noción de “elecciones”, es una (otra) indicación del carácter intensamente litigioso de la convivencia democrática en Argentina. Una “interna” no es sólo un nombre propio, sino un significante que designa conflictos que no necesariamente se saldan al interior (como el significado original implicaba) de una institución o grupo, sino que muchas veces se transforma en la expresión exterior misma de ese grupo. En 27 años de democracia se pasó de hablar de elecciones internas en los partidos políticos a mentar las “internas” en las barras bravas de los clubes de fútbol y hasta en los elencos del teatro de revistas o en los arrabales del “panelismo” post-periodístico televisivo.

El uso vulgar del término ha tenido por consecuencia también disminuir la inteligibilidad de los procesos que designa, es decir, la posibilidad de entender la lógica con que se dan ciertos enfrentamientos. Ello no debería preocupar cuando se trata de litigios del mundo privado que los medios (la televisión sobre todo) intentan volver públicos: la inteligibilidad sería, en estos casos, el refugio último ante la obscenidad y la pretensión totalitaria de esa mirada. Es alarmante, sí, que las disputas que no se entiendan sean las que suceden en el ámbito público por excelencia, que es el de la política. Ello es el efecto combinado de una serie de procesos distintos y concomitantes. Por un lado, la fatiga que provoca en el observador la escenificación mediática de todas las discusiones que dan vida la política con un acento naturalista en sus ribetes formalmente litigiosos. Puede tratarse de la “judicialización” de esas discusiones o de la habitual edición fragmentaria de las mismas. La presentación pública del “debate” se centra casi exclusivamente en el “titular” que facilitan frases efectistas o en la hipérbole que contienen tanto esas mismas frases como los lenguajes corporales de los actores, con el pugilato elevado a momento orgásmico de tal debate.

A pesar de cómo son presentadas en la arena pública, las elecciones internas en los partidos tienen una genealogía noble: junto con la campaña de afiliación masiva iniciada 1982, la compulsa en el seno de los partidos para definir las candidaturas para las elecciones generales de 1983 fue la expresión de la voluntad ciudadana de comprometerse con una práctica que empezaba a desmontar el régimen dictatorial. Como sucedería con total regularidad hasta 2001, la UCR fue el partido en cuyo seno se dio la disputa con mayor orden y mejor acatamiento de los resultados. En el Partido Justicialista, sin embargo, las disputas que deberían normativamente ser internas, nunca han dejado de derramar hacia el exterior de ese movimiento de fronteras móviles. Tras una crisis como la del 2001, en la que toda la sociedad se salió del corsé de las instituciones, la idea de una interna dentro de ámbitos partidarios hechos añicos resultaba impracticable: ergo, tres candidatos peronistas y tres candidatos radicales se enfrentaron directamente en las elecciones generales de mayo de 2003.

La poco ambiciosa reforma política adoptada en 2009 introduce una novedad inspirada en un sistema político muy, pero muy diferente del argentino, como el uruguayo: las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias. Si se las incorporó con pretensiones de ordenar un sistema político en flujo, todo parece indicar que se va hacia una decepción: los partidos que “internalizan” sus disputas las aprovecharán y los que las “externalizan” llegarán ya divididos a las mismas y las atravesarán como un trámite. Para las fuerzas emergentes, será una valla más de las que siempre se le ha puesto en nuestro país a la consolidación de partidos fuera de la polaridad radical-peronista. No parecen, en suma, ser el tipo de innovación que reclama la revitalización democrática de nuestro sistema político.

lunes, 1 de noviembre de 2010

O Brasil que sigue mudando!

Dilma, Lula, PT: una victoria de tres
Por Gabriel Puricelli
Lunes, 1 de noviembre de 2010

El carácter largamente previsible de la victoria de Dilma Rousseff no deja de ofrecer material para el análisis y tiene aristas, si no inesperadas, sí inéditas. En primer lugar, aunque América latina se va habituando a la idea de mujeres presidentas electas por el voto popular, en cada país, considerado individualmente, la valla que deben saltar las mujeres sigue siendo más alta que la que tuvieron que sortear los ocupantes exclusivos anteriores de cada sillón presidencial: la llegada de la primera presidenta de la historia al Palacio de Planalto contiene ese factor democratizador adicional, y hay que destacarlo.

En segundo lugar, el PT pone por tercera elección consecutiva a alguien de sus filas en la primera magistratura, pero es la primera vez que lo hace como el partido más numeroso de la Cámara de Diputados y, por lo tanto, de la coalición de gobierno, que incluye al Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) que nunca había resignado su condición de primer partido desde los años de la “dictablanda”, en los tempranos ’80, cuando el régimen militar empezó a autorizar elecciones de cargos inferiores al de presidente. El fortalecimiento relativo del PT va acompañado asimismo, dentro de la coalición “Para seguir cambiando Brasil”, de muy buenos resultados para otros partidos de izquierda que la integran: el Partido Socialista desplaza del primado en número de gobernaciones estaduales al mismo PMDB.

Por cierto que, tratándose de un poder regional que va emergiendo como un decidido actor global, el análisis de los resultados debe ir mucho más allá de la ecuación de poder doméstico. Y esto no sólo por esa aspiración crecientemente realizada de un Brasil asertivo y global, sino porque la política exterior brasileña es una de las políticas públicas respecto de las que la oposición y los medios de comunicación más poderosos del país han renegado de toda idea de consenso, transformándola en blanco favorito de sus ataques. Ello incluye tanto el cuestionamiento a la construcción del incipiente eje BRIC, con Rusia, India y China, como (sobre todo) la apuesta por dar impulso a instancias regionales como la Unasur y las cumbres de países de América latina y el Caribe, de las que está excluida la única superpotencia de nuestro tiempo.

El llamado “tucanato”, representado por el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) y fuertemente presente en la academia y en el sector liberal de la diplomacia, se ha disociado insistentemente de las mismas iniciativas que le han ganado el respeto nuevo de que hoy goza Brasil y su presidente saliente. El propio Mercosur estaba en tela de juicio en la plataforma de José Serra, sin cuestionar su existencia, pero sí la importancia de que se transforme en algo más que un espacio de libre comercio.

La victoria de Dilma aporta, entonces, confianza a sus vecinos de que seguirá habiendo predisposición política para afrontar los roces comerciales que sigue habiendo dentro del bloque sudamericano y, al mismo tiempo, permite que el liderazgo político y moral que Lula ha desarrollado más allá de sus fronteras se consolide y permita pensar en roles globales futuros para el inminente ex presidente.

Una mujer presidente, un instrumento político para continuar la revolución democrática fortalecida, un Brasil y un Lula con proyección global son mucho más que la crónica de una victoria anunciada. Son la culminación de una etapa de consolidación y el lanzamiento de una de profundización, donde Dilma tendrá el desafío de alcanzar metas que se propuso en su juventud revolucionaria, en su madurez de varguista de izquierda (junto a Leonel Brizola) y que se propone en su presente con la estrella del PT en el pecho.

viernes, 22 de octubre de 2010

jueves, 21 de octubre de 2010

Censo 2010: lo que no se va a poder contar

No nos vamos a hacer cargo de la necedad sin remedio de los que (igual que la ultraderecha republicana en EE.UU.) usan la cadena electrónica de la estupidez para decir que no hay que censarse. Sí vamos a discutir donde corresponde la metodología y la implementación, que cabe cargar a la cuenta de la incompetente y deletérea intervención que está asolando el INDEC desde marzo de 2007.

Este viernes 22 de octubre, a las 17:00 horas, en el aula 304, de la sede de Marcelo T. de Alvear 2230 de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, Carlos Achigar (Delegado Junta Interna ATE-INDEC) nos presenta el documento que elaboraron los colegas trabajadores del INDEC y Sebastián Bruno (Docente e investigador de la facultad) lo comenta. Están invitadas e invitados.



jueves, 14 de octubre de 2010

Los distraídos del golpe


Decíamos en Radio Provincia de Buenos Aires acerca del fallido golpe en Ecuador. Y pensar que hubo quienes dijeron que no hubo intento de golpe...

miércoles, 6 de octubre de 2010

Desinversión demorada: ¡a fondo con el resto de la LSCA!


Acerca del fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación sobre la medida cautelar interpuesta por el Grupo Clarín contra la vigencia del artículo de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que obliga a desinvertir a las empresas que tienen posiciones dominantes en el mercado, lo primero que hay que leer entre lo que se ha escrito es la rápida reacción de Martín Becerra, uno de los mentores intelectuales del proceso de democratización en curso. La velocidad con que articuló este análisis no lo hace menos agudo, a las vez que matizado y saludablemente optimista.

También vale lo que prescribe como política pública concreta: poner en práctica rápido, pero sobre todo bien, aquello que la parte vigente de la LSCA manda hacer, que es mucho.

Para los que les dé fiaca zambullirse en la breve lectura propuesta, vaya aquí un rápido subrayado: "la unanimidad del fallo de la Corte Suprema amerita una lectura tan importante como sus considerandos," que es una respuesta a un "gobierno [que] en su estrategia polarizadora se obsesionó en los últimos dos meses con el artículo 161" y que, así, demoró "la aplicación de una norma que contiene muchas otras disposiciones que permitirían desconcentrar el mercado de medios." También dice el Director del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Quilmes que la "hipertrófica concentración es resultado de decisiones políticas adoptadas por todos los gobiernos desde 1974 y hasta 2008," con lo que alude a la desafortunada medida tomada en 2005 que atrasó todo el proceso desmonopolizador: la renovación de las licencias del Grupo Clarín hasta 2025, cuando originalmente vencían en 2015.

También aportaron al debate inicial dos de los que votaron la norma. Pino Solanas planteó con razón que "el artículo 161 no es más importante que otros artículos que garantizan un abono social de cable o la producción local", agregando además que "hay que garantizar la pluralidad de voces sin elegir entre monopolios privados o nuevos monopolios de amigos del poder." La diputada Checha Merchán sumó también su voz y nos permite cerrar con sus dichos este post: "en la justicia están trabados dos artículos de la LSCA pero hay 164 q tienen vigencia. Si se cumplen, avanza la pluralidad."

lunes, 4 de octubre de 2010

Ecuador tras el sofocón golpista

Derrotado el golpe, ¿se relanza Correa?
por Gabriel Puricelli
Miradas al Sur
Domingo 3 de octubre de 2010

La casa está en orden en Ecuador. Como todo intento de golpe, aun fallido, el trauma deja al cuerpo democrático de la nación de que se trate, temblando con las reverberaciones de inseguridad y ansiedad que suceden a toda experiencia que lleva a atisbar el abismo. Ese temblor tiene el eco de lo sucedido en 2002 en Venezuela, en 2009 en Honduras y el de la amenaza permanente de juicio político que pesa sobre Fernando Lugo en Paraguay, desde 2008. Esa inseguridad y esa ansiedad no pueden ser calmadas siquiera con la certeza que acompañaba a los golpes del siglo XX, cuando se sabía dónde se planificaban y a qué lógica común obedecían. Las intentonas y el único golpe exitoso de este siglo XXI obedecen primordialmente a dinámicas endógenas de cada país, que tienen en común la tensión entre clases dominantes descolocadas por la pérdida de su rol dirigente, pero que no están unidos más que por el débil hilo de esa descolocación.

El presidente Rafael Correa sale contradictoriamente debilitado y fortalecido del fracaso del golpe de Estado protagonizado por la policía. Debilitado, porque quedó en evidencia cuánto se apoya el proceso de la Revolución Ciudadana en el vértice personalísimo del presidente y cuán lapidario podría ser para ese proceso un magnicidio, del cual se estuvo durante horas a milímetros. Fortalecido, porque tras superar airoso la intentona puede aprovechar el “efecto demostración” de la victoria ante los golpistas para renovar el aire de su gobierno, altamente popular, pero erosionado por su pelea con los movimientos indígenas y por la indisciplina del bloque parlamentario de Alianza Pais (Patria Altiva I Soberana), que no le respondió cuando la Asamblea Nacional trató el veto presidencial a la Ley de Servicio Público. Un gobierno que elige no acumular poder (el jefe de Estado sigue careciendo de un partido propio organizado que lo apoye), sino hacerlo circular, necesita de demostraciones reiteradas de que lo tiene y de que lo ejercita con eficacia, ya que su legitimidad deriva de ahí y no de la investidura que detente o de las instituciones que controle.

La intentona parece haber servido para demostrar también que la oposición a Correa no es mayoritariamente golpista y que los sectores que sí lo son (los que pusieron el golpe en práctica y los que se manifestaron de diversos modos dispuestos a acompañar) carecen de vertebración política y de organicidad social. Ello no quiere decir que en Ecuador un gobierno popular no deba preocuparse por la burguesía bananera (en un país que es el primer productor y exportador del mundo), o por los sectores vinculados al sector exportador de la economía y a la producción de cacao, sino que no parece existir hoy una articulación político-social que tenga atisbos de la coherencia y cohesión de la oligarquía hondureña o del bloque que estuvo detrás del fallido golpe en Venezuela en 2002.

El limitadísimo despliegue geográfico del golpe indicaría que carece también de bases regionales que pudieran amenazar el poder en Quito, es decir que no emerge nada parecido a la contestación antimasista que ha amenazado desde la media luna oriental de Bolivia a Evo Morales. Esto último se debería considerar especialmente importante, en tanto la política ecuatoriana se ha organizado históricamente en torno de la polaridad entre la costa (con Guayaquil como eje, ciudad que controla la derecha) y la sierra (donde se hallan, entre otras ciudades, Quito y Cuenca): sin embargo, esa tensión no se ha transformado en el elemento estructurante del antagonismo entre Correa y su fragmentada y variopinta oposición. Concretamente, durante las horas de tensión, en Guayaquil, bastión del Partido Social Cristiano, se mantuvo la normalidad y su alcalde, Jaime Nebot, se manifestó contra todo intento de golpe.

Ello no significa que la Revolución Ciudadana tenga el terreno allanado. Por el contrario, el debilitamiento de su apoyo entre los indígenas, un crecimiento económico mediocre, limitado por la dolarización de la economía (Ecuador abolió su moneda nacional) y la persistencia del poder económico de los sectores de la burguesía ya mencionados, son todos factores que se pueden combinar y poner en peligro su gobierno.

El papel de la Unasur con su relampagueante y unánime reacción en favor de la democracia ecuatoriana catalizó el frente antigolpista y selló toda fisura a través de la cual un hipotético gobierno ilegítimo podría haber soñado en obtener aceptación de sus vecinos. Sin embargo, no todas son rosas tampoco en el frente internacional futuro para Correa: persiste la tensión con Brasil, debido a la cancelación de los contratos de la constructora Odebrecht, y Brasilia (aunque haya pasado desapercibido en medio de la ebullición de la competencia electoral) sólo envió una representación de nivel medio a la cumbre de Buenos Aires y para la delegación de cancilleres que se reunió el viernes en Quito con el ratificado líder de Ecuador.

sábado, 2 de octubre de 2010

Dilma

viernes, 1 de octubre de 2010

¡Correa manda!


La Revolución Ciudadana bajo fuego

Por Gabriel Puricelli
Página12
Viernes 20 de agosto de 2010

Un brote anómico de la policía ecuatoriana ha hecho trastabillar al “gobierno de la Revolución Ciudadana” de Rafael Correa. Lo que ha constituido desde el principio un golpe de Estado, en tanto arrebató de las manos del mandatario el monopolio de la fuerza legítima, fue una acción que parece inspirada en dosis parejas de oportunismo y de conspiración.

Quienes la decidieron saben que el presidente Correa ha optado desde siempre por una estrategia de poder que consiste en la renovación permanente de la legitimidad de su gobierno y que desdeña la cristalización del poder en partidos o instituciones. Como una bicicleta que sólo mantiene su equilibrio si sostiene cierta velocidad, se trata de un poder al que una embestida lateral puede hacer rodar por tierra, a condición de que su velocidad sea baja. Algunas indicaciones de pérdida de velocidad habían provenido de la ruptura del movimiento Pachakutik (brazo político de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador, Conaie) con Correa, de las protestas recientes de algunos sindicatos y –sobre todo– de la ruptura del bloque parlamentario de la oficialista Alianza País (Patria Altiva I Soberana) en la Asamblea Nacional, a la hora de considerar el veto del Ejecutivo a la Ley de Servicio Público.

Estos hechos actuaron como señal para una fuerza golpista que estaba agazapada y que esperaba la ocasión de comprobar si el de Correa era un gobierno tan débil como los de Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad o Lucio Gutiérrez, protagonistas de esa endémica inestabilidad ecuatoriana a la que Correa le puso fin. Puesto a prueba, ha demostrado disponer de unas reservas de energía ciudadana de las que carecieron sus predecesores, con su legitimidad carcomida por dosis variables de locura, corrupción y neoliberalismo.

La intentona se resiste a ser leída en clave de los viejos golpes del tiempo de la Doctrina de la Seguridad Nacional. Es por eso que la hiperactividad diplomática de la Unasur y sus miembros y los reflejos ágiles de la OEA pueden ayudar a ponerle fin rápidamente. Es por eso que la reacción de los EE.UU. es claramente condenatoria y que hasta el pinochetismo chileno la rechaza. No se trata de una repetición de Honduras, en tanto no se puede trazar una correspondencia inmediata de los golpistas con una clase social.

En la medida en que termine de fracasar un golpe cuya acción no parece alcanzar a expandirse territorialmente, tal vez Correa decida avanzar en la propuesta que ya había hecho días atrás: ejecutar la “muerte cruzada” de Asamblea Nacional y presidencia que prevé la Constitución, para renovar otra vez su legitimidad en las urnas y recuperar velocidad de marcha. Sin ella, la Revolución Ciudadana puede ser vulnerable al ataque de la reacción.

lunes, 27 de septiembre de 2010

¡Despenalizar! (como dice el Consejo Superior de la UBA)

No es un problema de otras
Por Gabriel Puricelli
Página12
Viernes 20 de agosto de 2010

Que la mujer sea castigada por ejercer la elemental soberanía sobre su cuerpo está lejos de ser un problema de “otras”. La prohibición de la interrupción voluntaria del embarazo es una injusticia que descalifica a una sociedad entera. Nadie sufre de modo particular por esto tanto como las mujeres, pero no hay que descontarle a esta iniquidad contemporánea el sufrimiento infligido en varones que ven dramáticamente alterado un proyecto de pareja heterosexual cuando falla la contracepción o cuando no se ha sido precavido: esas alteraciones son muchas veces un desvío decisivo de un proyecto de vida. Que la UBA elija representarnos en esta lucha no es más que el ejercicio de aquel mandato de 1918 de terminar con “los dolores que quedan”, que en este caso es el de una de “las libertades que faltan”.

lunes, 23 de agosto de 2010

El Uruguay es un río

Después del acuerdo, que el desarrollo lo dicten los pueblos
por Gabriel Puricelli
Miradas al Sur
Domingo 1º de agosto de 2010

La prueba de que el acuerdo uruguayo-argentino que resuelve el diferendo en el río Uruguay es un buen acuerdo, es que no satisface por completo a ninguna de las partes. El mismo constituye un logro que excede la cuestión de la contaminación que produce una planta de celulosa: define unos patrones ambientales exigentes que deberían empezar a aplicarse en toda la geografía de ambos países, donde persisten actividades no sólo industriales, sino humanas en general, que no pasan por un tamiz fino. Si hablamos de Argentina, baste en pensar en la cuenca Riachuelo-Matanza o en las plantas de celulosa y papel que se encuentran en nuestro territorio. Si este acuerdo sirve para subir el umbral del impacto ambiental aceptable en la región, el daño que sufrió una relación bilateral que no debería ser sino óptima podría ser una bendición disfrazada.

Por otra parte, el acuerdo se produce en simultáneo con otros sucesos en el MERCOSUR que permiten poner todo en una perspectiva más interesante. En efecto, mientras uno de los grandes del bloque fumaba la pipa de la paz con uno de los pequeños, el otro grande se reunía con el otro pequeño para dar la palada inicial a la construcción de una línea de transmisión de 500 Kv entre la represa binacional de Itaipú y Villa Hayes, al oeste de Asunción. Lula y Fernando Lugo pusieron en marcha la obra que les permitirá a los paraguayos, por fin, utilizar la energía provista por la represa más potente del planeta para su propio desarrollo y no sólo para facilitar el engorde de la burguesía brasileña del sur.

El vínculo entre ambos hechos no es obvio, pero es importantísimo. Tiene que ver con la incapacidad que ha mostrado el MERCOSUR en salir del molde comercialista (más allá de la retórica reconfortante de las cumbres y la diplomacia presidencial), para transformarse en un proceso de integración que ofrezca alternativas de desarrollo ventajosas a todos, con una preocupación especial por evitar que las asimetrías de tamaño limiten el provecho que Uruguay y Paraguay tienen derecho a obtener.

Esa incapacidad ha hecho que el crecimiento económico en cada uno de nuestros países esté sesgado por los intereses de las burguesías domésticas o se realice a impulso del capital transnacional que ve aquí oportunidades inexplotadas. Sucede con la impronta que le da el complejo sojero al crecimiento reciente de la Argentina y del sur (aunque ya no sólo el sur, sino la Amazonía talada paso a paso) de Brasil. Sucede con el sesgo forestal que le han propuesto a Uruguay capitales de origen europeo. Sucede con las transnacionales mineras en Argentina y con las que apetecen el hierro uruguayo para alimentar el despegue de la India.

El Fondo de de Convergencia Estructural del MERCOSUR que se va a aplicar en Paraguay es una herramienta privilegiada para pasar del comercio a la integración, pero no basta. Es necesario darle impulso político y precisión conceptual a una planificación indicativa regional que no deje las relaciones entre nuestros países al arbitrio de estrategias privadas de inversión, sino que las haga parte de un modelo de desarrollo basado en la soberanía de los pueblos, aunque eso implique cesión mutua de soberanía entre los estados. El acuerdo uruguayo-argentino brinda otra oportunidad para hacerlo de una vez.

sábado, 31 de julio de 2010

Berlusconi sull´orlo


domingo, 20 de junio de 2010

La élite se sucede a sí misma, otra vez

Ballottage presidencial en Colombia: Crónica de una elección anunciada
por Gabriel Puricelli*
Miradas al Sur
Domingo 20 de junio de 2010

Es difícil encontrar vestigios de una campaña electoral en las calles de Bogotá. Si uno presta mucha atención, podrá ver afiches de Antanas Mockus en los amplios ventanales de los bonitos departamentos del pudiente barrio de Los Rosales, duplicando al menos los del ganador de la primera vuelta de las elecciones presidenciales colombianas, Juan Manuel Santos. Si uno se adentra en los barrios populares, verá descascararse las abundantes pegatinas de Gustavo Petro, el candidato de la izquierda del Polo Democrático Alternativo que quedó eliminado en aquel turno, y poco más. Se puede recorrer el histórico barrio de La Candelaria o las laderas de los cerros en San Cristóbal y Ciudad Bolívar, sin cruzarse a un solo militante repartiendo volantes.

Todo apunta a una elección que se da por resuelta, como lo sugiere la crudeza de los números del 30 de mayo: 46% para el favorito del presidente saliente Álvaro Uribe, 21% para el ex-alcalde de Bogotá. El último debate entre los candidatos se produjo el jueves 17, pero es difícil enterarse de ello por los diarios del día siguiente. “El Tiempo”, compañero de ruta perenne de los gobiernos de turno, ni se molesta en mencionarlo en su tapa. Si el diario de la familia Santos puede alegar falta de incentivos para hacerlo, el antiuribista “El Espectador” debe tener otras razones para no darle siquiera lugar en una página par como hace su competidor.

No es que no haya noticias políticas: las hay en abundancia en ambos periódicos. Sin embargo, la atención no está puesta en la elección, sino en lo que pasará en los primeros días de un gobierno del Partido Social de Unidad Nacional, casi como si “la U” (de Unidad, sí, pero también de Uribe) ya hubiera renovado la locación del Palacio de Nariño. Los partidos tradicionales compiten entre sí por las presidencias de las cámaras del parlamento, como retribución por su apoyo casi unánime a Santos. Los liberales redescubren súbitamente que el candidato uribista supo estar en sus filas y no son pocos, entre éstos y entre los comentaristas políticos, quienes lo ven volviendo al redil y reunificando el viejo partido.

El propio Uribe, en las postrimerías de ocho años de gestión, empieza a mostrar síntomas de su latente preocupación por no haber podido sucederse a sí mismo. Más que hacer campaña, como lo hizo hasta horas antes de la apertura de la votación del 30 de mayo, parece posicionarse para un rol nuevo en la era Santos, en un papel el que estará menos guarnecido de lo que lo ha estado hasta ahora. Sus destempladas reacciones contra sentencias de la Corte Suprema de Justicia que hacen avanzar la investigación de ilícitos de su gobierno y su duelo verbal con el ex-presidente César Gaviria no son ya actitudes de un hombre en campaña, sino de alguien que teme el encogimiento de la sombra del poder bajo un nuevo mandatario.

La apuesta de Mockus a una alianza “ciudadana”, desdeñando el apoyo organizado de Petro y el Polo, fue la ratificación en el bis de la campaña de una apuesta por transformar en votos un estado de ánimo extendido pero volátil y de su rechazo del abecé de la construcción política. Actuando como si estuviera frente al derrumbe inexorable de un orden y como si sólo restara limpiar escombros, desdeñó empuñar la piqueta para socavarlo más allá de la erosión que le provocara el tiempo, construyendo un movimiento político amplio y aceptando la diversidad de colores en la paleta del antiuribismo. Sometido a la abrasión del debate político espectacularizado, careció de habilidades indispensables en esa arena, en relación inversa con la ductilidad con que se había servido de la web 2.0.

Colombia tiene por delante tiempos en los que se ajustarán cuentas (con dosis tal vez homeopáticas de justicia) con el lado oscuro de la “seguridad democrática” y la “parapolítica”. En ese escenario, Santos podrá disfrutar de un cargo para el que fue criado, el antiuribismo deberá cuajar en organización y Uribe deberá cuidarse las espaldas como hombre en la inesperada desolación del llano.


jueves, 17 de junio de 2010

El diseñador de este modesto blog


El muy canchero ex-Consejero Superior Foier, que ven en esta foto, no sólo es el responsable voluntario de que este blog se vea bonito (no como cuando lo "diseñaba" yo con ayuda de Blogger), sino que salió campeón con el Bicho hace semanas nomás y hoy cumple años.
Saludos y abrazos desde Bogotá, Mariano.

domingo, 13 de junio de 2010

Cleto y el desdén de los correligionarios

RA, inesperado para los desprevenidos
por Gabriel Puricelli*
Miradas al Sur
Domingo 13 de junio de 2010

Sólo los observadores poco atentos se han mostrado sorprendidos por el triunfo de Ricardo Alfonsín en la UCR bonaerense. El nuevo líder empezó su paciente camino hacia la victoria hace muchos años y había obtenido resultados cada vez mejores en sucesivas elecciones internas. Los viejos tigres de la coordinadora, vueltos lugartenientes del vicepresidente opositor, no podían ocultar a nadie que eran de papel: Leopoldo Moreau con su 2% de 2003 y Federico Storani, después de sufrir con la escisión del GEN la pérdida del 90% de lo que fue su activo histórico.

Los radicales, al votar, volvieron a ratificar que a los partidos tradicionales en Argentina, con todas las inconsecuencias que se les pueden justamente achacar, es difícil extirparles el alma popular que los hace instrumentos poco confiables para la derecha ideológica. Si en los planes de alguien estaba extenderle una alfombra roja a Julio Cobos luego de su paso fugaz por el Frente para la Victoria, ese alguien no tuvo en cuenta que el radicalismo ha luchado desde su origen con las dos almas que le dieron vida y que por más de tres décadas de su historia ha estado roto por no doblarse. Yrigoyenistas y antipersonalistas, abstencionistas y concordancistas, “del pueblo” e intransigentes compitieron entre sí en decenas de elecciones a lo largo de la intermitente vida democrática del siglo XX. Las escisiones se cuentan por decenas: por detrás ha estado siempre la misma tensión. Ello no quiere decir que toda interna radical alinee a sus protagonistas según esta falla geológica. Sí quiere decir que un partido atravesado por ella no será nunca un instrumento de precisión para defender intereses unívocos, sean éstos los de los sectores dominantes, sean los de los sectores subalternos. Es el sino de los partidos centristas y de los populismos invertebrados.

El triunfo del hijo de uno de los padres de la democracia pareció reordenar a un sector de la oposición en un eje que, más allá de la retórica, no quiere perforar el piso posneoliberal establecido después de 2003 sino subir el techo, tomando prestada una imagen con la que machaca Martín Sabbatella. Sin embargo, Cobos está lejos de estar nocáut y la tentación de jugar para la tribuna del mainstream mediático sigue estando muy presente entre algunos radicales, incluso seguidores de Alfonsín, como Gerardo Morales. También hay que sumar el factor Carrió, con su permanente cruzada por sacar el gorilismo del arcón donde lo encerrara Raúl Alfonsín en los ´80.

Cualquier pronóstico de cómo va a terminar esta interna sería una inducción poco fiable. Sí se puede decir que cuando el debate político se ubica en coordenadas como las actuales, las posiciones de derecha son difíciles de asumir para el alma popular de los partidos tradicionales. Quién sabe, con un pingüino o pingüina, Ricardo Alfonsín y Pino Solanas como opciones en 2011, alguien pueda ufanarse, como Lula ante la próxima elección, de que la competencia se dirime entre candidatos “de izquierda”.


* Miaradas al Sur eligió otro título, poco feliz en este caso.

miércoles, 9 de junio de 2010

Pudo haber sido amor...



Obama y América Latina: expectativas y frustraciones

#953, mayo-junio de 2010
Por Gabriel Puricelli

El optimismo global que acompañó la elección de Barack Obama parece haber dado lugar en América Latina a cierta decepción. Más allá de si se trató o no de un ejercicio prudente de la diplomacia, las palabras de la Presidenta Cristina Fernández durante una entrevista en febrero, diciendo que las idas y vueltas estadounidenses frente al derrocamiento de Manuel Zelaya en Honduras fueron un “golpe muy fuerte a las expectativas que muchos habíamos tenido en el presidente Obama”, tradujeron el desánimo que se ha apoderado de algunos líderes de la región respecto de los cambios que es dable esperar en el relacionamiento de la superpotencia con sus vecinos de hemisferio bajo el gobierno del Partido Demócrata. La jefa de estado no fue, sin embargo, categórica: afirmó de inmediato que “podemos seguir teniendo” expectativas, dejando claro que está lejos de haber un juicio definitivo, cuando el líder de EE.UU. ha transcurrido poco más de un año en la Casa Blanca.

A partir del 11 de septiembre de 2001, la política exterior de los EE.UU. se concentró de modo tan marcado en los escenarios bélicos del Oriente Próximo, que las relaciones con América Latina cayeron al lugar probablemente más bajo en la lista de prioridades que hayan ocupado nunca. Los impactos fueron, eso sí, distintos en diferentes sectores del gobierno: el Departamento de Estado estableció su curso en la región en “piloto automático”, pero el Pentágono (y dentro de él, el Comando Sur) incrementó su importancia en la definición de la estrategia de cara a América Latina.

La doctrina de defensa de “guerra preventiva” puesta en práctica por George W. Bush, no había convencido siquiera a todos los gobiernos conservadores de América Latina, pero la llegada al poder en buena parte de la región de líderes con una agenda posneoliberal eliminó el vínculo lábil que acercaba a algunos países a las posiciones de Washington. Sólo quedó en pie el “Plan Colombia”, que se venía aplicando en ese país desde los tiempos de Bill Clinton. Bush no tuvo casi otra propuesta para la región que la agenda de promoción del libre comercio que había heredado de su predecesor y que habría de naufragar en 2005 en Mar del Plata, en la cumbre que sepultó la idea de un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

La primera ocasión para poner a prueba el potencial sanador que la región le otorgaba a la llegada del nuevo gobierno fue la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago, en abril de 2009. El encuentro, mostró al público que un presidente de los EE.UU. podía volver a abrazarse sonriente con sus pares del hemisferio y hasta podía lograr que Hugo Chávez abandonara la retórica antiestadounidense, pero como reunión de trabajo, fue un fiasco, ya que no se pudo siquiera acordar una declaración final. Los líderes pudieron sonreír al unísono pero no pudieron encontrar puntos en común: ¿una pintura de la relación entre Washington y sus vecinos bajo Obama? Hasta el momento, sí.

Menos de dos meses transcurrieron hasta la reunión en San Pedro Sula, Honduras, de la Asamblea General de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Allí, América Latina sometió al nuevo presidente a la prueba del ácido: se puso en la agenda el levantamiento de la suspensión del gobierno cubano de las instancias de la OEA. Obama quedó entre la dura opción de mostrarse igual de indiferente a la región que su antecesor o de enfrentar el diluvio de críticas republicanas en Washington. Se ganó un crédito enorme aceptando que se abrieran las puertas a un diálogo para el regreso de Cuba, un gesto consistente con su decisión previa de eliminar ciertas restricciones a los viajes de estadounidenses a la isla.

No pasaron tres meses de ese avance y la relación fue puesta a prueba inesperadamente por el golpe de estado en Honduras. Esta crisis puso en evidencia que el Departamento de Estado trata de adecuarse a un nuevo contexto latinoamericano, pero lo hace lentamente y sin disponer de los recursos intelectuales y humanos para aprovechar una ventana temporaria de oportunidad, mientras que el Pentágono continúa con el despliegue implacable de una estrategia para la región con pocos puntos de intersección con sus colegas. La diplomacia estadounidense reaccionó ágilmente y se sumó a un inédito consenso unánime en la OEA para repudiar el golpe, pero no pasó demasiado tiempo sin que se supiera que los militares hondureños que habían secuestrado al presidente Manuel Zelaya hicieron una escala en el vuelo que lo desterraba a Costa Rica, en la base aérea “Enrique Soto Cano” que comparten la Fuerza Aérea de Honduras y la Joint Task Force Bravo, una de las tres fuerzas del Comando Sur de los EE.UU. El hecho de que la mano derecha (el Departamento de Estado) pareciera no saber lo que hacía el Pentágono con la mano izquierda, no evitó que el repudio inicial de EE.UU. al golpe fuera visto por América Latina como un paso histórico adelante.

Un elemento clave que complica la ecuación de la política de EE.UU. en la región, es el factor doméstico. A pesar de que Obama había enviado rápidamente al Capitolio la propuesta de nombrar Subsecretario de Asuntos Hemisféricos a Arturo Valenzuela, los republicanos bloquearon ese nombramiento como forma de chantajear abiertamente a Obama para que éste aceptara su política. Fue así que EE.UU. abandonó con el correr de las semanas la insistencia en el retorno del presidente depuesto y anunció que reconocería al presidente que surgiera de las elecciones organizadas bajo el régimen de facto que desplazó a Zelaya. Sólo después de esta marcha atrás, los republicanos permitieron la confirmación de Valenzuela.

La reconsideración estadounidense provocó una reacción de Brasil que cambió dramáticamente el escenario, dando albergue en su embajada en Tegucigalpa a Zelaya, que había logrado reaparecer en la capital hondureña para ponerse al frente de la resistencia al golpe. La demostración práctica de lo que Brasil estaba dispuesto a hacer en caso de que los EE.UU. no pudieran o no quisieran resolver la situación representó una apuesta osada que no pudo torcer el destino de la crisis, pero que toda la región interpretó como un desafío a la influencia estadounidense en lo que Washington considera su periferia inmediata.

El desahogo para Obama que significa la aprobación de la reforma del seguro de salud, probablemente le permita a su gobierno dedicar más tiempo a repensar su relación con América Latina. La continuada radicalización hacia la derecha del Partido Republicano, seguirá siendo, sin embargo, un obstáculo, en especial con las elecciones parlamentarias de mitad de mandato previstas para fines de este año.

Que Obama decida transformar el saldo de buena voluntad que le queda en la región en una relación cualitativamente diferente, dependerá mucho de la lectura que haga de las consecuencias de la emergencia de Brasil, de la consolidación de las instancias de integración económica y de defensa en América del Sur y de la recentísima aparición de la tantas veces anunciada “OEA sin los EE.UU.” (ni Canadá) en la Cumbre de la Unidad de América Latina y el Caribe celebrada en Cancún en febrero de 2010.


martes, 18 de mayo de 2010

El falangismo, otra vez "de cara al sol"




Sábado, 15 de mayo de 2010
El Tejerazo por otros medios
Por Gabriel Puricelli

Munido de una sentencia judicial en lugar de una pistola y al grito de “¡Fuera Garzón!” en lugar de “¡Al suelo todo el mundo!”, el franquismo irrumpe de nuevo en el centro de la escena pública española para demarcar los límites precisos de una transición a la democracia que tantas veces se pintó como modélica. Una demanda presentada nada menos que por una organización (“de fachada”, hubiera adjetivado la jerga anticomunista) falangista, detonó una de las tantas bombas sin explotar que quedaron de la Guerra Civil, en el corazón mismo del Poder Judicial.

El canonizado pacto (más bien, una serie de ellos) que hizo posible la salida de la dictadura contenía una serie de cláusulas que se hicieron bien explícitas a medida que las elecciones se hacían rutina: alineamiento atlantista en materia de defensa, abandono de la república como forma de gobierno y sostenimiento continuado del culto católico, entre otras. Con ayuda de la entonces Comunidad Económica Europea, se pudo agregar a eso un razonable estado de bienestar (que no era parte del menú que ofrecía la provinciana burguesía peninsular). Y como cerrojo, la amnistía. Lo pasado, muerto y enterrado, aunque no se diga siquiera dónde.

Hubo quienes se empeñaron en correr esos límites. Como protagonista del destape, la mayoría de la sociedad española. Como animadoras de las luchas que incomodaron la siesta franquista durante 40 años, las vanguardias artísticas, aunque prematuramente se las deglutiera el aparato de las industrias culturales. Y en las diversas arenas del Estado, una generación entera de magistrados a la muerte del “Caudillo”, jóvenes, y un puñado de militantes que llegarían a cargos constituyentes y electivos y permitirían que España completara los ítems de la agenda de libertades civiles del Mayo del ’68 en unos pocos años. Pero por debajo de ello, una capa geológica más plástica que fosilizada fue construyendo su herramienta electoral (el Partido Popular), perfeccionando sus logias religiosas (el Opus Dei) o inventando nuevas, más oscuras y perversamente atractivas (los Legionarios de Cristo) y un brazo judicial potente concebido como última línea de defensa. Eso es lo que se vio ayer. Un cuadro que no amenaza con retrocesos de otro orden porque ya no hay Tejeros en un poder militar hoy más democrático que otros estamentos y renacido en un atlantismo que reemplazó la vieja alma corporativa.

Garzón se transformó en un blanco porque pretendió terminar con el cautiverio de los muertos. Sin embargo, la reacción (en todo el hondo sentido del término) va dirigida a toda la pulsión secularizadora que renovó su impulso bajo el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. En la cuenta del ejemplar juez de la Audiencia Nacional están las estatuas de Franco volteadas hace poco de sus pedestales, el derecho de las mujeres a elegir, la Ley de Memoria Histórica con todo y sus limitaciones. El golpe viene en el preciso momento en que el gobierno socialista retrocede en chancletas, falto de visión alternativa de la economía, frente a la crisis motorizada por la ruleta rusa financiera global. De allí la importancia de una crítica no sólo ética de la acción de los jueces plantados por el franquismo: la crítica debe ser política y dar cuenta de la necesidad que tienen los sectores democráticos españoles de dar una respuesta que complete la salida de un autoritarismo en el cual (aun habiéndolo olvidado de a ratos) están tristemente empantanados.


sábado, 15 de mayo de 2010

Robin Hood estaría con la Coalición por una Radiodifusión Democrática


Cuando le preguntaron qué estaría haciendo hoy Robin Hood, Russel Crowe, pensando en Rupert Murdoch y sospechando a la Noble Ernestina, contestó: "me lo han preguntado muchas veces. ¿Serían políticos los objetivos de Robin Hood? ¿Serían económicos? ¿Observaría Wall Street y las enormes fortunas con las que los algunos se palmean las espaldas y el colapso de las hipotecas sub-prime y todo eso? ¿O miraría lo que los periodistas hacen para vivir y se daría cuenta de que el valor de la verdad se basa en la diseminación de información. Mi teoría es que si Robin Hood estuviera vivo hoy, vería en la monopolización de los medios de comunicación al mayor enemigo.”

lunes, 10 de mayo de 2010

El tercero en discordia, después de la Tercera Vía




Lunes 10 de mayo de 2010
No digan que Blair no avisó
Por Gabriel Puricelli

Al votar del modo que lo hicieron el jueves pasado, británicos y norirlandeses no dieron una indicación clara de qué gobierno quieren, pero reafirmaron, como lo vienen haciendo desde hace décadas, que los conservadores son una minoría, que sólo puede aspirar a ser gobierno si se mantiene el actual sistema electoral. Sólo las circunscripciones uninominales vigentes en el Reino Unido desde que existe el voto universal permiten que los conservadores, con poco más de un tercio de los votos, se acerquen a controlar la mitad de la Cámara de los Comunes y que los laboristas, con algo más de un cuarto, arañen 40% de las bancas, mientras los liberal-demócratas, aún pisándole los talones al oficialismo saliente, tienen que conformarse con menos del 10% de la representación. La concentración del voto laborista en las circunscripciones con población de menores recursos y en Escocia y Gales le permitió al partido traducir muy eficazmente el apoyo electoral en bancas, mientras la dispersión del voto de los terceros en discordia implicó que perdieran diputados a pesar de obtener más votos que en 2005. La disyunción entre voluntad ciudadana y representación se hizo más visible que nunca en la larga historia del parlamentarismo anglosajón.


Si las negociaciones que se llevan a delante por estas horas hicieran Primer Ministro a David Cameron, se daría una situación que no es inédita en países con este tipo de sistema. Consciente de que los conservadores se habían vuelto estructuralmente minoritarios, Tony Blair se había propuesto, cuando fue electo por primera vez, ir hacia un sistema con algún grado de proporcionalidad, que transformara a una coalición “Lab-Lib” en la opción natural de gobierno, condenando a los conservadores a una generación fuera del poder. Fueron los propios diputados laboristas (incluido Gordon Brown) los que torpedearon esa propuesta de reforma, que era esencialmente aquello que venían reclamado los liberal-demócratas desde su nacimiento. El predecesor de Brown había previsto una situación como la actual: con un sistema electoral distinto, las fuerzas a la izquierda de los tories contarían hoy con mayoría en el parlamento.

Con la aritmética resultante de la elección, sólo la alianza que Cameron ofrece a los liberal-demócratas (hoy situados algunos grados a la izquierda de un decolorado laborismo) puede alcanzar esa mayoría, pero si el partido de Nick Clegg se tentara con acceder a cargos ministeriales por esa vía, se arriesgaría a perder la única chance en décadas que ha tenido de forzar una reforma que haga más representativo al parlamento y más gravitante a una fuerza condenada a la marginalidad por unas reglas perversas.

Los laboristas, en una conversión in extremis a la causa de la proporcionalidad, están dispuestos a ofrecer su apoyo a esa reforma, mientras que Cameron sólo ha ofrecido una comisión de estudio de la cuestión. Si Clegg leyó alguna vez el aforismo de Perón respecto de la función que cumplen las comisiones, seguramente rechazará el convite. La puerta quedará entonces abierta para un inestable gobierno tory minoritario que podrá hundirse en paralelo a la devaluación previsible de la libra o para una coalición también minoritaria pero más duradera de laboristas y liberaldemócratas. Blair sonreirá sin dudas satisfecho si su partido logra el milagro de seguir en el gobierno después de 13 años de desgaste, de una campaña con gaffes monumentales y de llevar de abanderado al candidato menos apto posible para la era de los reality shows, haciendo lo que él propuso allá por 1997.


lunes, 3 de mayo de 2010

Más claro, echále agua



Entrevista con Claudio Lozano"En muchas ocasiones nos colocan como funcionales al kirchnerismo simplemente porque tenemos una posición, o nos colocan como funcionales a la derecha por lo mismo, y no tenemos que ver con ninguna de las dos variantes"

El diputado de Proyecto Sur advierte que "el Gobierno repudia el ajuste ortodoxo, pero hace un ajuste inflacionario" y dice que "tras haber hecho el desastre con el Indec, pretenden transformar un caso de uso de información pública en uno de robo de información reservada"



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lanacion.com Enfoques Domingo 2 de mayo de 2010