jueves 9 de julio de 2009

El PROperonismo en su laberinto

"Miradas al Sur"
5 de julio de 2009
Oposición antikirchnerista: la batalla del calentamiento
por Gabriel Puricelli*

La historia de la guerra, sin ir más lejos, nuestra propia Guerra de la Independencia, contiene batallas que tienen en común el haber constituido derrotas para un bando poderoso, pero que difieren en cuanto al punto que ocupan en la trayectoria de los ejércitos que las sufrieron. Existió Cancha Rayada, que no hizo más que demorar el avance del ejército de San Martín hacia el Pacífico y la liberación de Chile y Perú. Y existieron Vilcapugio y Ayohuma, la seguidilla de caídas de los patriotas que sellaron el fin del Ejército del Norte, la recaptura del Alto Perú por los realistas y el retorno de Belgrano a Buenos Aires, con Dorrego apenas alcanzando a cubrir la retirada en Salta. Sin pretender -- de ninguna manera -- identificar a ganadores y perdedores de las elecciones de las elecciones del 28 de junio con realistas o patriotas, queda en manos de ambos bandos analizar qué tipo de derrota o de victoria les cupo y en función de eso, definir estrategias futuras.

Con memoria algo más corta, los resultados del domingo han sido comparados con los de las parlamentarias de 1987 y 1997, que sellaron los destinos de Raúl Alfonsín y Carlos Menem. La comparación no sólo es perezosa en cuanto a lo poco dispuesta que se muestra a bucear en la historia, sino que desconoce el hecho de que las fuerzas que se enfrentaron en esas dos elecciones eran dos partidos propiamente tales en 1987 y dos coaliciones razonablemente estables, en 1997. Es decir, después de esas dos elecciones era posible imaginar que dos años después, la siguiente batalla sería entre los mismos actores. Sería arriesgado decir que las elecciones presidenciales de 2011 van a ser sencillamente un replay de las que acaban de pasar, porque éstas se superponen con el estado de fluidez, de viscosidad del sistema político en la que no hemos dejado de vivir desde la implosión de 2001.

Predecir en ese contexto el comportamiento de las fuerzas antikirchneristas, que han conseguido resultados que el oficialismo vive como una derrota, es un ejercicio incierto, tanto como lo son las fronteras entre el oficialismo peronista y la parte de la oposición que se autocalifica con el mismo potente y polisémico adjetivo. Hay que preguntarse entonces qué líneas de fractura atraviesan todo el escenario político y cómo esas fallas pueden reconfigurar a las fuerzas opositoras.

Empecemos por lo que parece más sencillo. El más claro ganador, en términos relativos, ha sido el panradicalismo, no sólo porque Acuerdo Cívico y Social y similares han alcanzado un volumen de 30% de los votos que lo proyecta como fuerza viable para una segunda vuelta presidencial, sino porque ha sido la fuerza que más eficazmente ha traducido los votos ganados en bancas. Hablamos aquí de panradicalismo no porque ignoremos la relevante presencia del Partido Socialista en este esquema en algunos distritos, sino porque la cosecha de bancas ha ido sólo a radicales y ex: el socialismo sólo obtuvo bancas allí donde podría haberlas obtenido solo. La ostentosa caída de Elisa Carrió, sólo amortiguada por el hecho de que logró aterrizar con lo justo en una mullida banca, y el contundente 2 a 1 obtenido por Cobos y la UCR en Mendoza, parecen allanar parcialmente el camino hacia la candidatura presidencial del vicepresidente opositor a su propio gobierno. Pero lo que importa en verdad en este cuadrante de la oposición es que el recurso al antiperonismo y el embanderamiento con los reclamos de las patronales agropecuarias dieron muy buenos resultados y proveen un libreto con el cual seguir insistiendo los próximos dos años. Hay pocos incentivos para que esa coalición de los casi-iguales cambie de rumbo o se astille antes de 2011.

El cuadrante en que se sitúa el peronismo antikirchnerista y sus compañeros de ruta de la derecha resulta más difícil de adivinar en su evolución futura. Ha logrado sin dudas su objetivo principal que es sancionar la declinación definitiva del liderazgo de Néstor Kirchner dentro de la galaxia justicialista, haciéndole perder por puntos la pelea de la provincia de Buenos Aires, que él mismo quiso pintar como plebiscito, con el efecto de transformarla, post facto, en un nocaut. En el cortísimo plazo, los triunfos de Unión-PRO en Buenos Aires y del Frente Santa Fe Federal de Carlos Reutemann, fortalecen la cohesión de ese espacio opositor y se benefician ya con los primeros borocotazos desde las bancas menguantes del Frente para la Victoria. Pero en el mediano plazo, se trata de un espacio que, al no estar en su totalidad al otro lado de la falla que separa peronismo de antiperonismo, puede tanto beneficiarse como perjudicarse por su vecindad con el oficialismo. Aun si su número de bancas tiende a crecer inmediatamente después de las elecciones, también es muy vulnerable a potenciales retornos al redil. Por otra parte, el liderazgo del sector no está en absoluto dirimido. El PS de Hermes Binner estuvo a punto de empujar al pasto al ex-piloto y Mauricio Macri vio su 60% de 2007 encoger a la mitad y estuvo cerca de sufrir el sorpasso de Pino Solanas: esos son los dos candidatos que emergen “fortalecidos” de las elecciones parlamentarias. Lo modesto de sus desempeños ha hecho crecer las aspiraciones de Felipe Solá, que pasó en horas del destierro dispuesto por De Narváez a aparecer en continuado en los programas políticos de TV insistiendo que aspira a la Casa Rosada. Ninguno de los referentes de ese espacio ha quedado fuera del ring, pero es difícil encontrar a alguno entre ellos con mayor capacidad de ser consistentemente obedecido.

Último, pero no menos, aparece Francisco De Narváez. Constitucionalmente impedido de ser candidato a presidente, por haber nacido fuera del país, el diputado re-electo no participa de la cacofonía de los presidenciables, sino que tiene su mirada puesta en la Casa de Gobierno de La Plata. A primera vista, se podría pensar que tiene el terreno allanado. Sin embargo, sería arriesgado asegurar que ya tiene ganada la confianza de los duhaldistas de su coalición. El activismo de Solá de estos días podría ser tenido por indicación de que no. La percepción de que el favorito de De Narváez para la presidencia es Macri, eriza la piel de los genéticamente peronistas, entre quienes hay muchos que podrían no tardar en perdonar la adhesión de Daniel Scioli al kirchnerismo. El despliegue de poderío financiero de De Narváez no sólo ha suscitado comentarios cándidos de Macri, sino el recelo de caudillos territoriales que desconfían de los poderes omnímodos y prefieren estructuras de poder más colegiales. Scioli, quien deberá transitar unos meses de penitencia, está lejos de ser un dirigente que no tenga posibilidades de retorno. Anclado en una visión de centroderecha que lo acomuna con el universo de Unión-PRO, su trayectoria más prolongada en el PJ lo puede hacer más digerible para muchos peronistas que acompañaron hasta ahora a De Narváez. El hecho de que el PJ se apreste a ser la sede en que se diriman las internas del antikirchnerismo refuerza la posibilidad de mezclas impensables hasta el 27 de junio.

No nos hemos ocupado aquí de las perspectivas de la oposición de izquierda democrática, ni de las implicancias de un kirchnerismo dejado parcialmente a la intemperie por el PJ, pero la evolución de la realidad de estos sectores tendrá también impacto (como ya lo ha tenido en las chances menguantes de Mauricio Macri) en cómo se reacomodan las cosas en el antikirchnerismo peronista y de derecha.

* Licenciado en Sociología (UBA) y analista político


domingo 5 de julio de 2009

Esperando a Zelaya



¡Viva el pueblo hondureño! ¡Viva la democracia!



sábado 4 de julio de 2009

La OEA y Honduras: actuar para proteger


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El pueblo soberano
Por Gabriel Puricelli *

El golpe de Estado en Honduras se ha encontrado con una unanimidad en su repudio por parte de la comunidad hemisférica que hubiera sido impensable tan sólo meses atrás, cuando el gobierno de los EE.UU. estaba en manos de los neoconservadores. Podemos incluso recordar el golpe de 2002 en Venezuela, donde el apoyo a los golpistas no sólo provino de quienes mandaban en Washington, sino de uno de sus entonces socios favoritos, el español José María Aznar, embarcado en una ensoñación de reverdecimiento de los laureles coloniales que aún continúa persiguiéndolo en sus ociosos años alejado del gobierno.

El asalto cívico-militar a la presidencia en Tegucigalpa pone a prueba de manera del todo inesperada el ensayo de reconstrucción de las relaciones de los EE.UU. con sus vecinos del hemisferio, a tan sólo días de que (justamente en Honduras) todos encontraran un punto de acuerdo para lidiar con la cuestión de la suspensión del gobierno de Cuba de la OEA. Consistentemente con la nueva línea definida por Barack Obama para establecer condiciones de respeto a la igualdad formal entre los estados (no sólo en América sino en la complicada relación con el mundo árabe), el Departamento de Estado ha rechazado el golpe y respaldado la intervención de la OEA para lograr la reposición de Manuel Zelaya en el pleno ejercicio de sus funciones. Esa actitud ha descolocado a los parlamentarios hondureños que participaron (intentando darle una apariencia de legalidad) de la asonada, llevando a alguno de ellos a pedir a Washington que haga lo que se llegó a esperar como natural de la capital de la superpotencia: que avale al usurpador de la presidencia.

La OEA, una institución cuya vigencia estaba en tela de juicio para muchos de sus integrantes, se ha visto llamada a ser la sede de debates y la fuente de acciones mucho más decisivas que las que nadie le hubiera atribuido hace escasos meses. Llevar a cabo con éxito la tarea de restituir a Zelaya podría valerle una dosis de prestigio que puede ser preciosa para darle el lugar de relieve en el escenario hemisférico que los EE.UU. parecen querer asignarle, alejándola definitivamente de una imagen de reliquia de la Guerra Fría que ha hecho que muchos de sus miembros le resten prioridad. La prueba del ácido será, justamente, un hecho que en la lógica del mundo bipolar hubiera pasado por normal y que la OEA no hubiera siquiera admitido en su agenda, dejando la eventual condena en algún gobierno de la región que contara con algún gobierno progresista circunstancial. La unanimidad que se reitera en la condena a los golpistas hondureños, abarcando desde Uribe hasta Chávez, pasando por Calderón y Lula, es la misma que hubo para encarar el tema cubano y es la que da definitivamente da por tierra con las fronteras ideológicas, que sólo perviven en las plumas de nostálgicos de la división del mundo entre buenos y malos con cada vez menos lectores.

Una situación preocupante y desgraciada como la planteada en Honduras da lugar paradójicamente a la posibilidad de refundar las instituciones hemisféricas sobre bases distintas de aquellas que le dieron sustento original. Al mismo tiempo, plantea el riesgo enorme de que aun la unanimidad lograda no alcance para que los golpistas desistan. No hay brazo punitivo que pueda expulsar a Roberto Micheletti de la sede gubernamental si éste y las fuerzas armadas hondureñas deciden ignorar la situación de total aislamiento en la que se encuentran. Todo hace suponer, sin embargo, que el peso de la condena habrá de doblegar al golpe y los presidentes democráticos y el secretario general de la OEA están dispuestos a demostrar in situ que no se trata sólo de palabras, sino de que hay un principio fundante del sistema internacional, el de la soberanía de los estados al que los gobiernos de América están dispuestos a ponerle un límite. De triunfar la razón en Honduras, esa forma de soberanía que era tabú relativizar y que sólo caía ante la arbitrariedad imperial, se encontrará con un límite mucho más preciso e incuestionablemente legítimo: que los pueblos tienen el derecho de ejercer su soberanía en el interior de los estados y que hay instituciones multilaterales que pueden actuar en garantía de que así sea.

* Co-coordinador, Programa de Política Internacional, Laboratorio de Políticas Públicas






miércoles 1 de julio de 2009

La opinión publicada

La profecía de los objetivos propios

Por Gabriel Puricelli
Licenciado en Sociología (UBA) y analista político
en "Miradas al Sur", domingo 28 de junio de 2009


Cuando un medio de comunicación reitera el uso de una aserción en títulos, volantas y textos, cuando decide hacerla el centro de sucesivas tapas y lo hace bajo la forma de la profecía, no está haciendo otra cosa que poner en práctica aquello que se llama “línea editorial”. Se entiende por línea “editorial” aquello que, sin derrapar hacia el eufemismo, se denomina línea “política” en los demás actores de un sistema político democrático.

Hay una decidida operación de enmascaramiento cuando se usan distintos adjetivos para definir la línea (lo que es decir el “programa” o, por lo menos, la intención) de una empresa editora o audiovisual y la de un partido u otro tipo de asociación explícitamente política.

Es la misma operación que oculta tras la apariencia de profecía aquello que es, en realidad, un objetivo buscado. En cualquier caso, la admisión, a menudo hecha a regañadientes de que existe tal cosa como una “línea”, aun si se la embellece con la connotación a priori poco amenazante de “editorial”, significa que se ha aceptado el hecho inocultable de que no existe objetividad posible en el ejercicio del periodismo o de la industria de la edición o audiovisual.

La admisión de esa imposibilidad de verdad objetiva es la que funda en definitiva la política democrática, aquella en que se pautan unas reglas para competir para lograr que se tengan predominantemente en cuenta unos ciertos intereses.

La noción de objetividad valorativa (en el caso que nos ocupa o en las áreas del conocimiento) va de la mano con una idea de que existe también un bien común objetivo y determinable consensualmente. En las sociedades divididas que son propias del capitalismo, hay inevitablemente intereses encontrados que encuentran un modo de ser negociados en la política democrática y ésta no tiene en los partidos o en las organizaciones de clase, actores excluyentes. Las medios gráficos y audiovisuales participan (a veces con todas las de ganar) en la disputa por hacer aparecer como “bien común” aquello que es lo mejor sólo para algunos.





Escandalizados por la anatomía


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El mundo|Viernes, 12 de Junio de 2009

Es la política, stronzo
Por Gabriel Puricelli y Ernesto Semán

Los daños que el reinado de Silvio Berlusconi le ha producido a la política en Italia desde mediados de los ’90 son muchos y conocidos. Pero su última contribución al deterioro del espacio público ha sido novedosa y, si se quiere, involuntaria: la iniciativa de El País de Madrid de publicar fotos de su vida privada a días de los comicios parlamentarios europeos marcó el ingreso del diario español a la prensa amarilla por la puerta grande. Desde entonces, cualquier discusión sobre las políticas públicas quedó sepultada tras una (para peor, fallida) polarización moralista en la que el jefe del gobierno italiano es acusado, mayormente, de ejercer su libertad. Il Cavaliere no podría haberlo pensado mejor.

El suplemento especial “Anatomía de Berluscolandia” que El País publica en castellano, inglés e italiano, intenta caracterizar la escena en la casa privada de Berlusconi, aunque en la abundancia de su despliegue y de su prosa lo que denota es el ánimo de la cobertura. “Jardines infinitos, lagos artificiales, órganos sexuales al aire, juegos lésbicos, efectos especiales, pizza y helado gratis... Un geriátrico lleno de cuerpos imponentes. Las fotos censuradas en Italia por iniciativa de Silvio Berlusconi muestran la rutina desinhibida de la mansión sarda del jefe del gobierno, en la Costa Esmeralda de la isla de Cerdeña”, se desgañita el diario desde Madrid, con el horror y la fascinación del Bosco frente a su Jardín de las Delicias.

En una generosa serie de fotos se puede ver a los invitados junto a Berlusconi, un amplio arco que va desde modelos hasta el ex primer ministro checo, Mirek Topolanek. El cronista toma fuerza para describir los lujos paisajísticos de las sesenta hectáreas, pero está horrorizado por el pecado, “por las caras más inocentes y bonitas, aspirantes a modelos, actrices, vedettes, majorettes, presentadoras que han pasado por Villa Certosa”. El País, sobre todo, se agita ante el entartete Kunst de “los bungalós que el dueño pone a disposición de sus invitadas (siempre más chicas que hombres, proporción de 4 a 1)”.

Sacando los obvios perjuicios de una dieta a base de pizza y helado ilimitados, es difícil saber cuál es el problema del diario con todo lo demás, si no fuera por el tono escandalizado del diario frente a los juegos lésbicos, la inflexión clínica para hablar de “órganos sexuales”, la incomodidad frente al desarreglo generacional. Berlusconi confunde libertad con libertinaje, eso sí le queda claro al lector de lo que supo ser uno de los mejores diarios europeos, y que hoy tamborilea mal y tarde los mismos compases que el fanatismo religioso norteamericano perfeccionó hace una década contra Bill Clinton.

Al menos, la cruzada cultural de la derecha ha sido frontal y sincera, horrorizada por la decadencia moral con la que el secularismo erosiona al viejo orden. “¡Ah, no, pero lo nuestro es diferente!”, clama El País, bien adentro de su cobertura y en la circunspección de su página editorial. El problema con Berlusconi, dice el diario de Madrid, es su decisión de prohibir la difusión de las fotos, así como el uso de fondos públicos para trasladar invitados a su mansión. De más está decir que la censura de Berlusconi es deleznable y forma parte del apilado de poderes públicos y privados con el que ha consolidado una distopía corporativa asfixiante. Pero cualquier lector que no hubiera estado asfixiado por el tono de El País podría haber notado la distancia entre demandar la libertad para publicar las fotos y la decisión de publicarlas, y la distancia aun mayor entre publicarlas y hacer de ellas el centro de una cruzada moral. Si a El País en verdad le preocupa tanto que Berlusconi use aviones del Estado para trasladar a sus invitados (una muestra totalmente inexpresiva del desfalco que su gobierno corporativo ha infligido a Italia), qué diferencia hace que las invitadas sean hétero u homosexuales, o si el primer ministro checo pasea su desnudez o se disfraza de Oso Yogui.

El País no se hace esas preguntas. La libertad de prensa, la privacidad, el uso de bienes públicos para fines privados, la riqueza del debate público, la libertad para ejercer puertas adentro lo que a cada uno le plazca, la competencia entre los bienes públicos en cuestión quedan obliterados en el “escándalo”. Esclarecida la legalidad de su acto, el diario no tiene tiempo para pensar sobre el sentido del mismo. No duda, y se jacta de eso. El País atosiga el espacio público europeo con un tono alarmado, se complace con cómo Berlusconi pierde unos pocos puntos en unas elecciones que la oposición no logra ganar ni con la ayuda no buscada de Torquemada, menciona hasta el hartazgo la palabra “escándalo” y calma las conciencias de las almas puras sazonando la crónica aquí y allá con las referencias al uso indebido de fondos públicos.

Entre las muchas víctimas del escándalo de El País, la inteligibilidad de la vida política italiana es una de las primeras sacrificadas en el altar de la libre opción por el amarillismo despolitizante. La excitación con el puticlub sardo presenta como siniestro lo que, para muchos, aparece como el lado amable del primer ministro. La polarización moral deja poco espacio para discutir las políticas públicas con las que Italia entra a una crisis económica continental. Berlusconi acaba de decir que no puede “aceptar que cuando circulamos en nuestras ciudades parece que estuviéramos, y me ha sucedido en Milán, en una ciudad africana y no en una europea”, pero, ¿cuánto puede importar frente a la barbarie de unos órganos sexuales al aire?


lunes 15 de junio de 2009

Se fueron todos, vino el dinero



(En "Miradas al Sur" del domingo 7 de junio de 2009)
por Gabriel Puricelli

El día posterior a la fecha límite para inscribir coaliciones electorales, “El Argentino” tituló: “Dieciséis partidos apoyan” a uno de los candidatos a diputado para el próximo 28 de junio. Si hubo o no una intención editorial en la elección de ese encabezado para la principal nota de tapa, no interesa aquí tanto como el hecho de que ese título decía al mismo tiempo dos cosas: que los apoyos del candidato eran muchos (lo que en un sistema donde gana el que tiene más votos es bueno) y que la base de apoyo del candidato no era una organización, sino muchas (lo que en un ámbito en el que se trata de tomar decisiones y definir prioridades puede ser muy malo).

La proliferación de agrupaciones políticas en la Argentina de hoy es un fenómeno que está completamente disociado de las aspiraciones de nuestra ciudadanía a ver expresada la pluralidad de visiones del mundo que hay en su seno. Es una situación que deriva, entre otras, de dos causas: el estallido de los partidos en el torbellino del “que se vayan todos”, en 2001-2002, y la ausencia absoluta de la justicia electoral, a la hora de determinar las caducidades de las personerías de los partidos a los que no votan ni los propios afiliados o de sancionar con fuerza los cada vez más numerosos y flagrantes delitos electorales. En un país en el que la coherencia programática de los partidos nunca fue la norma (aunque hayamos tenido gobiernos sorprendentemente coherentes en sus programas), se mantenía al menos, hasta el 2001, la pauta mínima de las elecciones internas para elegir candidatos, eventualmente hasta para aprobar una plataforma. Después de la eyección de De la Rua, sólo el PS y los grupúsculos autodenominados de izquierda mantuvieron su rutina de funcionamiento. Se podría decir que el radicalismo también, aunque, bien miradas, las disidencias de Elisa Carrió, Margarita Stolbizer y Julio Cobos, han sido atajos para eludir los estatutos y encaramarse en el liderazgo de un partido que se propusieron desarmar y rearmar a la medida de sus aspiraciones. Es decir, la UCR legal mantuvo su institucionalidad, pero la UCR real (hoy Acuerdo Cívico y Social) estalló y empezó a reconfigurarse sólo cuando se rindió a los liderazgos personalistas y antiinstitucionales, que rinden cuentas sólo ante el tribunal poco exigente del periodismo.

Todo este proceso se da, paradójicamente, al mismo tiempo que el reclamo de “mayor calidad institucional” se transforma en un latiguillo que aparece las más de las veces en boca de líderes que no someten sus caprichos al debate ni a la consideración de más personas que las que caben en un living.

Las carreras políticas que se dan en este contexto anómico, no se parecen en nada al cursus honorum que aún pervive en el imaginario popular: el militante estudiantil o barrial que asciende a congresal distrital, luego nacional y de allí es catapultado al parnaso legislativo y de allí a “la gestión”. Ese modelo de avance lineal, hace rato fue reemplazado por trayectorias zigzagueantes, por actos de desaparición y reapariciones súbitas. El corredor de fondo ha sido reemplazado por el paracaidista o por el ilusionista. El prestigio se construye “fuera” de la política: en “lo social” (acepción amplísima que va desde los movimientos hasta los neopunteros, con una infinita gama de híbridos en medio), en la academia (especialmente extranjera) o en el mundo del espectáculo.

Este estado de cosas (que pretende describir sólo una región de la realidad y no su totalidad) hace que caiga dramáticamente la inversión de tiempo que hay que hacer en la actividad política (tiempo que es de formación, de consolidación de una visión del mundo, de entrenamiento en haceres crecientemente complejos) y que crezca exponencialmente el interés que rinde la inversión en dinero en la actividad. Nos asomamos a una elección en la que al menos dos de los candidatos más nombrados en los dos distritos más grandes, encabezan sus respectivas listas porque tienen el poder del (su) dinero detrás. Si bien esas candidaturas se inscriben en una tendencia que las precede, expresan sin dudas un salto cualitativo de aquella ante el que convendría pararse con mirada crítica y actitud de resistencia.


viernes 5 de junio de 2009

Ahora vamos a ver si volvemos, chico

Página/12

Pase de pantalla
por Gabriel Puricelli*



Corría 1993, recién terminada la Guerra Fría y Mark Falcoff, uno de los más influyentes pensadores del Partido Republicano en asuntos de América Latina, asentía ante la insinuación de que la política de los EE.UU. contra Cuba, desaparecida la URSS, sólo podía ser explicada haciendo una excepción “freudiana” al enfoque realista que estaba en la base de la política exterior norteamericana. “No podemos tolerar un gobierno a menos de 100 kilómetros de nuestras costas dedicado a denostar nuestro sistema de la mañana a la noche,” ensayaba como débil explicación para la saña y la inversión de recursos dedicados a un vecino insular e insignificante en términos del equilibrio de poder mundial o hemisférico. Tuvieron que transcurrir tres lustros, la mitad de ellos dedicados al experimento clamorosamente fallido de la política exterior neocon, con sus ribetes de derecha revolucionaria, de exportación de la “democracia liberal” llave en mano, para que la solitaria superpotencia considerara la validez de retornar a las instituciones internacionales y regionales, tratando de perseguir sus objetivos con una dosis mayor de diálogo y blandiendo el garrote de manera mucho menos ostentosa.

En lo que considerara por décadas su patio trasero, los EE.UU. se encontraron, al tratar de volver a poner en marcha una conversación abruptamente interrumpida después de la invasión a Irak, con una colección de gobiernos que habían abandonado, con diversos grados de moderación o radicalidad, el Consenso de Washington, y con la emergencia decidida de un nuevo poder regional que estaba en el centro de una variedad de dispositivos como el MERCOSUR, la UNASUR y el Grupo de Río y que daba voz a una región dispuesta a reclamar igualdad formal en el trato con una superpotencia que la había abandonado para ir a empantanarse a la Mesopotamia asiática.

Ese es el contexto en que el gobierno de Barack Obama se reencuentra con unos vecinos hemisféricos más que dispuestos a poner pautas para el diálogo. La larga negociación que llevó a la Asamblea General de la OEA a dejar sin efecto la inicua suspensión del gobierno de Cuba de su seno, duró tanto como tardaron los EE.UU. en entender que la renovación de sus relaciones con América Latina no es un “como decíamos ayer” en el que la diplomacia de Hillary Rodham retoma donde dejó el gobierno de Bill Clinton. Por el contrario, América Latina se aplicó en el último semestre a hacer de Cuba un leading case del tipo de vínculo que sus gobiernos (desde la derecha de チlvaro Uribe hasta su némesis Hugo Chávez) pretenden. Desde la incorporación de Cuba al Grupo de Río, que lo transformó hace meses en algo demasiado parecido a una OELAC (latinoamericanos y caribeños prescindiendo de los EE.UU.), hasta el lugar que ocupó el tema de la isla (eclipsando la agenda formal) en la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago, quedó claro que se espera que la agenda hemisférica tenga la variedad de un genuino multilateralismo y no sea el resultado de un diktat imperial. La resolución de San Pedro Sula es un “pase de pantalla” en el juego hemisférico y es uno de los trabajosos últimos pasos que los EE.UU. deben dar para terminar de salir de la Guerra Fría.

* Co-coordinador, Programa de Política Internacional, Laboratorio de Políticas Públicas


miércoles 27 de mayo de 2009

Paramos con la CTA



















martes 19 de mayo de 2009

¿Plebiscito? Andaaaaaá...



Nos preguntó Crítica de la Argentina (y Andrés Fidanza editó en mérito a la brevedad en el número del lunes 18 de mayo de 2009) y contestamos...

1) ¿La elección de junio implica un plebiscito nacional? ¿Hay que entenderla de esa manera?

2) ¿Cómo habrá que leer los resultados? ¿Ver sólo los de los disritos más grandes, provincia Bs As, Capital, Sante Fe y Córdoba, el porcentaje general; o el número de diputados; etc? También se podría leer cuál de los presidenciables queda mejor parado, ¿no?

3) Último. Dos escenarios hipotéticos: si gana el kirchnerismo, ¿qué pasa?; ¿implicaría una recuperación definitiva, de cara a 2011? El otro, si pierde, ¿cómo serán los próximos dos años?, ¿peligra la gobernabilidad?


1) No implica un plebiscito. El consenso del que goza actualmente el kirchnerismo y la fragmentación de un sistema político implotado en 2001 y todavía en flujo no permiten pensar seriamente en una configuración de los resultados que los haga comparables a un plebiscito. En primer lugar, un plebiscito nacional no se gana con el 35% de los votos en la provincia de Buenos Aires, que es el objetivo que se han fijado, por ejemplo, Néstor Kirchner y el panradicalismo. Segundo, en un plebiscito hay sólo dos opciones, mientras que en esta elección parlamentaria las hay múltiples. Ni siquiera el recuento va a mostrar una nitidez de alineamientos que lo haga parecerse: de hecho el 28 de junio habrá 24 elecciones distintas, una por distrito, y esa noche un desafío a la imaginación de analistas y periodistas que se ocupen de la cobertura será intentar sumar en un número escueto de columnas los resultados de esas 24 elecciones.

2) Se va a tratar de una Torre de Babel pocas veces vista. ¿Quién podría considerar coherente poner el PJ de Córdoba en la misma columna que el PJ de Buenos Aires? ¿O el Frente Progresista de Santa Fe en la misma columna que el PS de Río Negro? Aunque lleven el mismo nombre, los justicialismos distritales (a diferencia de 2007) han definido sus listas con nula influencia del presidente formal del PJ nacional y sólo un adivinador podría decir honestamente hoy cómo van a estar alineados los diputados que logren hacer elegir, el 10 de diciembre, cuando les toque asumir. El semestre que va de la elección a la conformación del Congreso 2009-2011 va a ser uno de los semestres políticamente más largos que hayamos vivido.

3) En el justicialismo ya se ha abierto la carrera sucesoria y aún un resultado que el kirchnerismo fuera capaz de presentar convincentemente como una victoria deja a los dos presidentes que prohijó fuera de la misma. Lo que cambia es el grado de incidencia que tendrán en elegir, de un menú de precandidatos exclusivamente de centroderecha, al sucesor que encarne el nuevo cambio de piel de la galaxia que engloba desde el FJPV hasta el "post"-duhaldismo. Si los resultados son vistos como una derrota, perderán ante todo el control del PJ, aunque creo que el efecto sobre la gobernabilidad no será nocivo: todos los justicialistas saben que a esta altura de la historia el valor remanente del PJ como "marca" es que ha sido el único partido capaz de completar los períodos constitucionales que le tocó encabezar. Cambiarán seguramente sí los contenidos de las políticas públicas una vez que la reconversión centroderechista del PJ se haga irreversible.


jueves 14 de mayo de 2009

¿Paraestatales macristas?: ataque contra la madre de una Diputada de la Ciudad

Se trata de la madre de la diputada porteña, Liliana Parada.

Ayer miércoles 13 de mayo, a las 4 de la tarde, como todos los martes a esa misma hora, la madre de la diputada porteña, Liliana Parada, salía de su casa en el barrio de Boedo. Un hombre de mediana edad la increpó en la entrada de su edificio y sin intento de robo ni mediar palabra la arrojó al suelo y le propinó una feroz golpiza, con golpes y patadas en la espalda.

Días atrás, otro hombre desconocido había fotografiado el frente del edificio en el momento que ella se retiraba del mismo. Esta mujer, mayor de 70 años, hoy está fuera de peligro, pero dolorida psíquica y físicamente.

Los últimos hechos relatados que a simple vista parecen inexplicables adquieren sentido si se tiene en cuenta que la candidato a Diputada de la Nación por Proyecto Sur ha sido quien ha denunciado desde su banca y judicialmente el accionar irregular de las fuerzas represivas y para-estatales que actúan en la Ciudad de Buenos Aires.

Por tal motivo y en solidaridad con la familia de la Diputada Parada, este Jueves 14 a las 15hs. en el Salón Perón se llevará a cabo una Conferencia de Prensa en la Legislatura de la Ciudad. Estarán presentes organismos de Derechos Humanos, organizaciones sociales y políticas para solicitar con urgencia la inmediata investigación de este hecho y el esclarecimiento de los responsables materiales e ideológicos de estos ataques.





miércoles 13 de mayo de 2009

Artemio, déjeme patentar esta: ladriprogrenepotismo

Nada de nazi-nipo-falanjo...ismo. Se consolida el ladri-progre-nepotismo con el hombre más elogiado de Avenida Triunvirato... No le pudo hacer un lugar ni a la tropa de la hermana, porque no cumplían el requisito de consanguinidad.



domingo 10 de mayo de 2009

Redoblar el poder de fuego de la policía o permiso para matar

por Viviana Staiani (desde La Plata)

Cuando se hizo público el asesinato de Gastón Duffau en manos de la bonaerense, me vinieron a la mente algunas conversaciones que hemos tenido con los compañeros desde que el Ministro de Seguridad apareció con ese permiso inesperado, que causó malestar privado pero no reacciones públicas y ya está empezando a mostrar sus consecuencias, que fueron siempre obvias.

Si los derechos juegan un rol protagónico en el discurso político y este rol se entiende como un intento que el que anuncia o predica hace por formar parte de la estructura general de la sociedad, entonces digo que esta declaración es un juicio de valor, para ser instalado en el discurso político.

Es una valoración arbitraria sobre lo que está bien a partir de ahora, que yo lo digo. Dice Stornelli "hay que redoblar el poder de fuego de la policía." Y sobre lo que está mal, o lo que ya fue, lo que ya no sirve, que es limitar a la policía en su accionar criminal cotidiano, sanear las filas de delincuentes comunes y otras cosas que se han intentado sin grandes resultados hasta hoy.

Su frase entra a la escena de los hechos para ser reconocida como parte de la realidad.

Basándose en este discurso que impone, empieza a tener razón y a reconocer la existencia de una realidad universal y aceptada por todos: "la policía nos puede matar".

"La policía debe redoblar su poder de fuego", lo dijo el ministro.

Una vez reconocido como un derecho que la policía tiene o vuelve a tener, incluso redoblado, derivará la necesidad de aceptarlo y por ende observarlo.

Impone un discurso, que se pretende universal (venia de ganar) y esto lo habilita para tener una discusión que se pretende objetiva sobre un tema que el mismo levantó, basado en su ideología, la cual instrumenta como una regla.

Identifica un derecho y luego queda describir las implicancias que este reconocimiento acarrea y lo introduce en el proyecto general de la sociedad.

¿Es que lo tomará la gente?

¿Y si es verdad lo que dicen sobre los jueces? ¿Lo tomarán lo jueces? ¿Y volverá a la gente legitimado esta vez por el sistema en pleno funcionamiento?

Todo indica que sí.

Es un vaticinio con el que habrá que discutir en el día a día, en el escenario social, en el político, en el ejercicio de la profesión y, remontando lo regresivo del discurso expresado, esta vez desde la legitimidad del gobierno elegido.

Pasó con Rückauf, y la mano dura, que derivó en las reformas procesales y las consecuencias se ven hoy y se tornan irremontables.

El discurso político emitido desde el ejercicio del poder modifica los escenarios sociales y habilita discusiones y peleas que desde ese momento pasan a formar parte de la realidad y afectan la vida de todos.

Los exabruptos verbales de los gobernantes son regresivos en el proceso de acumulación de capital social y en materia de derechos humanos y en nuestro país, históricamente se pagan con la vida y la libertad del las personas y a la larga de los pueblos.

No terminamos nunca, siempre para atrás con este tema.

martes 5 de mayo de 2009

Sacaaaaaá... a Ibarra de la política

No hay palabras para la mezcla de cinismo, audacia, ausencia de superyó, inseguridad congénita, mendacidad política que revela (y sorprende aun a los que creíamos haber visto -y de cerca- todo de él) el padre del ladriprogresismo.

Sólo un retiro definitivo, temprano (a lo Coria), puede hacer olvidar este bochorno. En la medida que este zombie siga en la arena pública, su mancha venenosa seguirá persiguiendo a todos los que hacemos política en el andarivel izquierdo de la calle.

Una de las tareas posibles de este 2009: purgar a la política de este recuerdo feo. Ni un voto de lástima por esto. Será justicia.

"Sacaaaaaá..."

NB: aparentemente el Grupo Clarín le exigió a YouTube que saque el video de su sitio. Si no lo podés ver aquí, se puede ver aún en http://www.montevideo.com.uy/notvideosflash_82050_1.htm

video



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viernes 24 de abril de 2009

A propósito de Lula (otra vez) en Argentina

Crítica Digital

OPINIÓN
Un largo camino ascendente

Gabriel Puricelli (Co-coordinador del Programa de Política Internacional, Laboratorio de Políticas Públicas)

La relación entre la Argentina y Brasil ha mostrado una mejoría y un estrechamiento crecientes desde que ambos países recuperaron la democracia, hace un cuarto de siglo. Ese derrotero positivo no era el único camino posible. Por el contrario, fueron los gobiernos democráticos los que optaron por abandonar el camino que conducía a ambos países a ser el espejo sudamericano del enfrentamiento entre la India y Pakistán y por dedicarse pacientemente a desarrollar medidas de construcción de confianza (con la creación de un régimen de transparencia en materia de energía nuclear que es un ejemplo de no proliferación exitosa), que posibilitaron luego la creación del Mercosur junto a Uruguay y Paraguay.

El impulso inicial de Raúl Alfonsín y José Sarney se prolonga hoy en la construcción de la Unasur y no se perdió nunca del todo: por más que Carlos Menem buscaba relaciones carnales fuera de la región, bajo su presidencia se firmó el Tratado de Asunción, y por más que los industriales de San Pablo miraran con apetito mercados de ultramar, Fernando Henrique Cardoso no descuidó el vínculo con Buenos Aires. La llegada de Lula al poder, un convencido de la unión sudamericana más allá de la retórica, hizo definitivamente más empinada una pendiente que ya era positiva.

La crisis global, bien mirada, puede ser la oportunidad para que esa voz diga lo que fue indecible bajo el imperio del neoliberalismo y señale una salida de desarrollo con justicia social.


miércoles 22 de abril de 2009

Dijimos aproximadamente el domingo 19 de abril en Miradas al Sur...

lunes 20 de abril de 2009

Cuando la falta de consenso no es igual a fracaso...

Crítica Digital






20.04.2009


Un round de estudio
por Gabriel Puricelli *

El simple hecho de que, terminada la cumbre de Trinidad y Tobago, se hable de organizar una próxima, contrariamente a la noción que daba a estos encuentros por terminados, es el primer elemento por destacar. Fue la primera cumbre posterior al entierro marplatense del ALCA y, por lo tanto, de un significante en busca de un significado. Y éste fue provisto por unos líderes abiertos al “nuevo comienzo” propuesto por los EE.UU. Sin sobrestimar la importancia del evento (después de todo, no fue capaz de adoptar una declaración final), se trató de un round de estudio con el nuevo gobierno estadounidense que sirvió para reiniciar un diálogo en el que caben los disensos y en el que la potencia aún excluyente en el hemisferio (y en el mundo) se aviene a poner en escena una relación de “iguales” entre países soberanos.

El tramo que va de los gestos a los hechos había empezado a ser desandado con la adopción de medidas de relajamiento del bloqueo a Cuba, que fueron, sin duda, un gesto hacia América Latina, un esfuerzo por restablecer la credibilidad que empezó a rendir frutos.

Cuanto más se pueda avanzar, dependerá de la evaluación de costos y beneficios domésticos que haga Obama, de la voluntad de la burocracia diplomática, militar y de inteligencia de los EE.UU. en caminar en una nueva dirección y de la creatividad de los demás países para replantear sus relaciones con un hegemón dialogante y (muy) lentamente declinante.

* (Co-coordinador, Programa de Política Internacional, Laboratorio de Políticas Públicas)

martes 31 de marzo de 2009

Un hombre bueno, un espejo para lo mejor de nosotros



Cada vez que nos provocó admiración, cada vez que nos provocó bronca, supimos que esas reacciones las provocaba su verdadero ser, ese que estuvo siempre a la vista, con sus grandezas y sus limitaciones. Nunca nos obligó a adivinarle segundas intenciones: será por eso que resultó tan difícil reconciliarse con él cuando se equivocó.

La tristeza que se adueñó de nosotros a las 20:30 tiene el tamaño de los momentos con los que estuvo asociado: el 10 de diciembre de 1983 en la Plaza de Mayo, el día de 1984 en que nos sacamos de encima para siempre el fantasma de la guerra con Chile. Presidió ceremonias plenas de un sentido que (no lo sabíamos) le estaba dando (justamente) un sentido perdurable a nuestra vida.

Por eso se nos vienen estas lágrimas a los ojos. Por eso necesitamos saber que nos vamos a acompañar con los mismos con los que nos acompañábamos en aquellas ceremonias cuando vayamos a la última que su cuerpo vaya a presidir.

No hay rencores, Señor Presidente. Hasta siempre.




lunes 9 de marzo de 2009

Como dijo Pablo Valle en TP

lunes 2 de febrero de 2009

Año de desafíos (en "Caras y Caretas" no. 2231)

http://www.carasycaretas.org/img/revista/revista_ediciones/tapas/grandes/2231.jpg

Por Gabriel Puricelli*

Puestos ante la seductora idea de que el año nuevo conlleva la promesa de barajar y dar de nuevo, son pocos los que se sustraen a la tentación de imaginar un futuro despojado de las limitaciones y frustraciones del tiempo que el calendario declaró caduco. El año nuevo puede ser el significante vacío en el que se depositen deseos con pretensiones ingenuas de reemplazar la realidad. Sin embargo, en el fondo, se sabe que las cosas son de otro modo y (sin caer en un posibilismo ramplón) el 2009 ha comenzado bajo un signo poco auspicioso, sí que exagerado en su carácter sombrío por periodistas melodramáticos y oráculos insaciables.

Pocos de los desafíos por delante son nuevos. Varios de ellos emanan de las promesas incumplidas de nuestra construcción como nación y su enunciación puede sonar remanida. Otros están inscriptos en la realidad más reciente que hemos vivido y pueden hacer rechinar los dientes, tan maltratados y ajados han sido por cierta vulgata cualunquista.

En cuanto a los desafíos que no son nuevos, en un momento en el que la economía no realizará su potencial, se hace más imprescindible la universalización de los beneficios sociales, en un tiempo en que la situación fiscal hace más difícil la tarea. Planes sociales que tienen sus padrones cerrados y que mantienen un valor nominal idéntico al del período pre-inflacionario equivalen a una denegación de ciudadanía y no pueden ser considerados funcionales como “red”. El desafío que planteara el Frente Nacional Contra la Pobreza se ha actualizado dramáticamente. En la misma dirección, todo estímulo económico que se pretenda anticíclico debe ir dirigido a aquellos que no tienen más opción que destinar el dinero al consumo inmediato. En momentos en que se malentienden por “keynesianismo” medidas que terminan sirviendo para pagar suculentas bonificaciones a los capitanes del naufragio financiero, el gobierno argentino debe hacer el bien mirando cuidadosamente a quién.

Las elecciones parlamentarias reactualizan también un viejo “debe” del sistema político, al menos desde la licuación de su antigua configuración entre 2001 y 2003. Del modo en que ejerzamos nuestro voto depende que no se configure de manera farsesca una dialéctica gobierno-oposición que remeda un antagonismo válido hace 60 años, pero que no se corresponde más con el país real. Más aún, si aquella confrontación impulsó hacia adelante la construcción nacional, su remedo es una amenaza a esta tarea siempre inconclusa, en tanto no escenifica las tensiones a resolver en el presente, sino que reitera un ritual vacío: las mismas palabras, aunque hayan desaparecido las cosas que designaban.

Los desafíos más “coyunturales” requieren de la paciencia de quien separa el grano de la paja. Recuperar la credibilidad del sistema estadístico nacional es una tarea primordial que la cruda ineluctabilidad de los ciclos económicos en el capitalismo realmente existente no ha hecho más que subrayar de modo dramático. La subestimación de la inflación, una gripe severa que ha sido desplazada por la patología más grave de una actividad económica menguante, fue la excusa perfecta para coordinar a los actores económicos en expectativas inflacionarias desbocadas, en lugar de adecuar la realidad a metas de justicia social. No hay intereses subalternos servidos por una normalización del INDEC: la destrucción de las estadísticas demuele simultáneamente las capacidades de planificación de todos los actores económicos, incluido el Estado. Si se va a aprovechar que la crisis global encontró a nuestro país mejor parado que en 1995 o en 2001, se requiere de un estado que esté en condiciones de emplear a pleno sus aptitudes y de expresar en el ámbito económico la voluntad democrática del pueblo que representa: un estado que se engaña, en primer lugar, a sí mismo, acomete a ciegas una tarea para la que necesita todas sus luces.

Más allá de nuestras fronteras, el mundo unipolar atraviesa un cambio en su vértice cuyo significado hay que desentrañar encontrando un nuevo modo de relacionarse con los EE.UU. y los intereses (minoritarios aún dentro de ese país) que ese estado representa. No entender que la llegada de Barack Obama evidencia la crisis de la agenda doméstica de la revolución conservadora (espejo del exportado Consenso de Washington) sería necio. Pensar que la búsqueda de reivindicación de la alianza policlasista que lo llevó al gobierno sólo se traducirá en cosas buenas para el mundo sería ingenuo. Habrá que estar tan abiertos a explorar nuevas agendas convergentes, como alertas a consolidar contrapoderes emergentes para que esos cambios en el centro adquieran connotaciones positivas para el mundo todo.

* Sociólogo.



lunes 26 de enero de 2009

Otro sí al gobierno de Evo


Lunes, 26 de Enero de 2009

OPINION

El triunfo de la razón

Por Gabriel Puricelli *

Aun antes de que se empezaran a contar los votos, el pueblo boliviano demostró, votando pacíficamente a favor o en contra de un nuevo texto constitucional, que se sitúa colectivamente más allá de la crispación que proponen los líderes de la derecha, la que se ha traducido en violencias de distinto tipo, incluyendo crímenes como la masacre de Pando. Ese solo hecho, antes de y junto al resultado mismo, ratifica por enésima vez la legitimidad del gobierno de Evo Morales: obligado a ese ejercicio por el desafío radical de los partidos y líderes herederos del viejo régimen, el MAS ha salido siempre airoso usando las armas de la razón, sin dejarse tentar (aun controlando plenamente la fuerza estatal) por la razón de las armas, como sí lo ha hecho el sector recalcitrante de la oposición.


Sin embargo, el proceso constituyente no le pertenece al gobierno más de lo que les pertenece a aquellos sectores de los movimientos sociales que lo pusieron en marcha mucho antes de que se transformara en la savia de la vida del primer mandato del presidente Morales. Un ejercicio genealógico tal vez permita atribuir a los campesinos y minifundistas (de abrumadora mayoría indígena) que marcharon desde Trinidad, en el Beni amazónico, hasta La Paz para reclamar por el desplazamiento de sus tierras ancestrales a que los forzaban latifundistas y empresarios forestales, allá por 1990. Esa lucha sedimentaría, en capas sucesivas, con la de los campesinos (ex mineros desocupados en gran parte) del Chapare que luchaban contra la erradicación de la coca por los Rangers, con la de los recién llegados (también desde la desocupación) a las periferias urbanas y su lucha por el derecho al agua, con las protestas de la "Guerra del Gas", hasta desatar el movimiento político que puso a un indígena al frente del Palacio Quemado.


Ese movimiento tenía en la legalidad vigente un corsé que limitaba el despliegue de la transformación que requería la reivindicación de los derechos de los perdedores de las reformas neoliberales de las casi dos décadas previas a la crisis que se cerrara con la elección de Morales. Dividida y con los partidos que la representaron en plena licuación, a la derecha no le quedaba, hace cuatro años, la fuerza para seguir controlando el Estado, pero sí la necesaria para hacerle el país ingobernable al MAS y sus aliados. Fue en ese momento que convergieron la virtud de la agenda constituyente de los movimientos sociales, con la necesidad concreta del nuevo gobierno de sobrevivir al constante desafío antidemocrático de aquellos a los que había arrasado limpiamente en las urnas. De eso han tratado todas las elecciones posteriores a la llegada de Morales al gobierno: de llevar a buen puerto un proceso que lo precedía (y del que él era el emergente natural) y de ratificar los plenos títulos que tenía (y sigue teniendo) el MAS para llevar a cabo su programa.


Como ha sucedido en todas las elecciones anteriores, voceros de lo viejo insepulto como Samuel Doria Medina no han esperado siquiera el dictamen popular de las urnas para decir ominosamente que "el proceso constituyente no ha terminado" y recurrir a la hipérbole aduciendo que "no hay consensos", para anticipar que no hay pronunciamiento democrático que las clases aún dominantes estén dispuestas a aceptar. De la creciente eficacia del gobierno del MAS para hacer realidad sus promesas y de la permanente vigilancia de los líderes democráticos de América del Sur dependerá que esa amenaza no se concrete y que la voluntad consistente y reiterada de los bolivianos sea respetada.


* Co-coordinador, Programa Política Internacional, Laboratorio de Políticas Públicas.

jueves 18 de diciembre de 2008

Pascuas indigestas: a 25 años, demócratas buscan el apoyo de un golpista...

En medio de la alarmante proliferación de justificaciones repugnantes y de chicanas que no se molestaron en alcanzar la mayoría de edad como críticas, es alguien insospechado de ser enemigo del kirchnerismo quien dice las cosas con la claridad necesaria. Que lleve sólo su firma no quiere decir que no suscribamos lo que sigue con entusiasmo proporcional a la indignación que nos producen los que son capaces de regodearse en el coqueteo con los golpistas en épocas de aniversario y balance como las que corren.


Infelices Pascuas
Por Ernesto Semán

(Publicado en Página/12 del lunes 15 de diciembre)

El Gobierno decidió celebrar los 25 años de democracia integrando al oficialismo a uno de los pocos militares que lideró un intento por desestabilizarla. La llegada de Aldo Rico a la dirigencia del peronismo presidido por Néstor Kirchner es políticamente infame, eso es algo que hasta los mismos ejecutores pueden haber visto y decidido pasar por alto en nombre de la responsabilidad mínima de conservar el poder que le cabe a un gobernante. Lo que parecen no haber percibido es que, además, es el camino más rápido para la licuación política.

La política de derechos humanos desarrollada desde el 2003, irreprochable desde casi cualquier punto de vista y destinada a revertir muchas de las conquistas que Rico obtuvo mediante la presión militar, consolidó una relación entre instituciones y sociedad civil iniciada en el ’83 que difícilmente pueda ponerse en riesgo. La fortaleza del Gobierno, en cambio, aparece mucho más expuesta a los desarreglos de una decisión así.

En el mejor de los casos, el Gobierno supone que la integración de Rico es algo desagradable pero que le garantiza al PJ una buena performance en el distrito más importante del país. La candidez de la última parte del razonamiento es tan grande que opaca la repugnancia de la primera. Lo que el ex carapintada suma es, en el mejor de los casos, una enorme cantidad de votos en la provincia de Buenos Aires. Lo que le resta al Gobierno es una, o alguna, base de sustento: desde ahora, la probable candidatura de Kirchner deberá navegar entre un sector que se aleja, otro que está descontento, y otro que recién llega a su lado con la idea fija de sacárselo de encima.

Reacomodamientos de este tipo se justifican en la línea de "a nosotros nos importan los derechos humanos, pero con los derechos humanos no ganás el conurbano". En general, la frase va acompañada de un "mirá a lo que me animo", que supone que todo espacio se obtiene a costa de una cuota de autohumillación, y que ese descenso a la impureza es un ritual de ingreso al verdadero mundo del poder, algo así como "si no estás dispuesto a estas cosas, es porque no entendés".

El mayor problema de ese argumento es su endeblez analítica y su total falta de evidencia y practicidad. El mayor problema, es que esconde mal y poco una realidad contraria a la que describe: lo que se presenta como un gesto de autoridad no es más que una muestra de debilidad; lo que se muestra con una estética del rigor encubre la fragilidad del retroceso; lo que se supone que es un gesto de audacia evidencia la reincidencia en una larguísima tradición de chancletear hacia la derecha en tiempos de crisis.

Durante la Semana Santa de 1987, Aldo Rico lideró un acuartelamiento militar, presionando al gobierno de Raúl Alfonsín para que pusiera límites en el tiempo y el alcance a los juicios contra los militares acusados de violaciones a los derechos humanos. Con la dictadura a sólo cuatro años de distancia, el gobierno percibió el levantamiento (hoy la mayoría parece coincidir que equivocadamente) como una amenaza de primer orden, y en muy poco tiempo concedió las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Miles de militares acusados de torturas y asesinatos durante la última dictadura le deben al flamante miembro del oficialismo sus años de libertad.

Desde 2003, el gobierno de Kirchner puso en marcha una variada gama de acciones para dejar sin efecto aquellas leyes obtenidas por Rico y que por tanto los militares que estaban impunemente libres fueran a la Justicia. Que incluso miembros del Gobierno compartan desde hoy la condición de oficialistas con aquel que garantizó la libertad para quienes fueron sus torturadores no sólo le agrega infamia a la desdicha, sino que exhibe la mélange de la que el oficialismo supone obtener una fortaleza. A partir de ahora, al Gobierno le va a costar volver a ironizar sobre la cadencia claudicante del "felices pascuas" después de sumar a quien lideró la sublevación de Semana Santa. Sólo Aldo Rico puede darse ese lujo sin quedar preso de una contradicción.

¿Qué estrechez de miras puede llevar a alguien a no ver algo que parece tan obvio? Una posibilidad es subestimar la importancia de la política de derechos humanos en la base de la legitimidad del Gobierno, apoyándose en el sentido común que indica que la economía garantiza cosas que la justicia no. La larga experiencia argentina demuestra lo contrario: es sólo con una fuerte legitimidad política que se puede capitalizar la bonanza económica o capear el temporal de crisis. Si alguien en el Gobierno se apoya en una encuesta para suponer que esa legitimidad está lejos de los derechos humanos, se olvida de la máxima implícita en el kirchnerismo: la construcción constante de enemigos es lo que le da identidad y potencia al propio movimiento. Es probable que pocos voten a un candidato bonaerense por su política de derechos humanos, pero es seguro que pueden dejar de votarlo por su pérdida de horizonte y su manifiesta debilidad. Desde 2003, el kircherismo reinstaló en la sociedad ideas muy fuertes y rígidas sobre su identidad y la del resto de los actores políticos. Hacer la prueba para ver si tirando de los derechos humanos se deshace un tejido mucho más amplio de asociaciones y sentidos no parece ser el ejercicio más feliz.

Otra posibilidad es suponer que, en cualquier momento, un partido puede cambiar su base de sustento a voluntad, reemplazando ideas como piezas de un rompecabezas. El último que tuvo esa creencia de forma cabal fue Fernando de la Rúa.

Otra posibilidad, finalmente, es suponer que Rico es sobre todo un referente del PJ, y que en todo eso lo que se juega es encontrar aliados confiables. Algo de eso podría intuirse en la sumaria explicación de Carlos Kunkel, que consideró natural el apoyo a Rico como jefe del PJ de San Miguel si se trataba de enfrentar a candidatos apoyados por Alberto Fernández o Felipe Solá (!). El fin de cualquier potencial alianza transversal y la necesidad obvia de tener una –alguna– base de sustento, explican el regreso triste del kirchnerismo a una casa que le es profundamente hostil. Pero cualquiera que asome la nariz por arriba de esa mira tan baja sabrá que los Kirchner no sólo se repliegan en un PJ en el que jamás estuvieron a gusto, sino que se están construyendo el peor PJ posible para que lo acoja.

* Sociólogo.

sábado 15 de noviembre de 2008

Un fantasma recorre las librerías

The Palermo Manifesto

Si el fragor del boca a boca (que empiezó como un murmullo, como un modesto bouche-à-oreille en las semanas en que el lanzamiento era inminente) no les hubiera llegado aún, el compañero Esteban Schmidt ha publicado The Palermo Manifesto. En su tono habitual de diatriba inspirada e inspiradora, se para en un banquito en cualquier Speaker´s Corner palermitano y dice con elocuencia todo lo que van a encontrar impreso tras la tapa que preside este mensaje.

No lo vamos a poder presentar en Un Gallo para Esculapio, porque cerró, pero las reuniones de Costa Rica y Uriarte del 2002 están presentes de un modo peculiar en este balance oblicuo y arrasador de los 25 añitos de la democracia. No se puede transitar estos meses de aniversario y celebración autocomplaciente sin esta dosis de Schmidt, disponible en (casi) todas las librerías.

A comprar, a leer y a comentar. En la calle, en el bar o acá, tanto da: pero no dejen que el rumor se detenga. La mayoría me va a agradecer la recomendación, les aseguro.



miércoles 5 de noviembre de 2008

Un suspiro de alivio recorre el mundo



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Miércoles, 5 de Noviembre de 2008

Opinión

La construcción de un presidente



Por Gabriel Puricelli *


Hay una historia que iba a ser necesario contar, fuera cual fuera el resultado de las elecciones en EE.UU., y es la historia de la construcción de la candidatura de Barack Obama. El mero hecho de que uno de los dos partidos tradicionales eligiera para representarlo a un hombre de nombre y apellido poco comunes, de quien ni siquiera el nombre curioso era conocido hace cuatro años, es un hecho que rivaliza en su carácter inédito con su condición de afroamericano (si es que siquiera esa definición lo describe). Obama construyó su campaña desde tan abajo que nadie en el establishment estadounidense hubiera imaginado que era posible escalar desde allí las alturas de Washington. No se trata de contar aquí una anécdota, sino de entender que el qué de su candidatura fue igual de importante que el cómo. Porque Obama escapó con la ductilidad de una anguila de los encasillamientos que podían llegar a hacer de la suya una candidatura confinada a un ghetto o –en el mejor de los casos– a una constituency, a uno de esos tantos fragmentos en que estrategas electorales, politólogos y periodistas compartimentan la realidad, para asegurar la adaptación de ésta al compacto ideológico dominante.


Obama sembró en el terreno abonado cuatro años atrás por Howard Dean, empleando con eficacia implacable los recursos que ponía a su disposición la conectividad. Movimientos cívicos que despuntaron como respuesta al intento republicano de demolición de Bill Clinton en su “momento Lewinski”, como MoveOn, se transformaron en manos del candidato pacifista Dean en una formidable plataforma para la recaudación de fondos de campaña: inscriptos en la estrategia de Obama, desplegaron todo su potencial de movilizar nuevos compromisos ciudadanos. El propio Howard Dean, hoy al frente del Comité Nacional Demócrata, dedicó su trabajo a establecer organizaciones permanentes del partido en los 50 estados, aun en los abrumadoramente republicanos, donde lo habitual cada cuatro años era que una escuálida operación de campaña se esfumara terminado el escrutinio. El empeño y el despliegue de recursos puestos en juego por los neoconservadores para poner en marcha la revolución reaganiana requerían de un esfuerzo proporcional que sólo una movilización de las proporciones de la encabezada por Obama podía desplegar. La tarea de mover el dial del consenso ideológico-cultural estadounidense desde la derecha hacia el centro no está más que despuntando, pero Obama y su base han acometido esa tarea con un ahínco que estuvo ausente en la estrategia adaptativa de los “New Democrats” de Clinton.


Obama logró darle una vuelta de tuerca al remanido recurso de usar la biografía del candidato como prótesis de las plataformas partidarias, para transformarlo en la demostración de posibilidad de un sueño americano no invocado como mera muletilla, sino calificado por su vocación de inclusión y por su promesa de ascenso social en un ambiente socialmente solidario y responsable. Esa operación discursiva exitosa fue clave para no caer en el precipicio de la política racial, hacia el que se despeñaran líderes como Jesse Jackson. Seguramente no estaba en los cálculos de Obama enfrentar al destino en el momento de una crisis tan profunda como la que vive el capitalismo estadounidense, pero el esfuerzo realizado hasta ahora tal vez lo haya templado para enfrentar la cuesta más empinada que su país haya tenido que remontar desde los tiempos de Franklin D. Roosevelt.


* Co-coordinador, Programa de Política Internacional, Laboratorio de Políticas Públicas (http://www.politicainternacional.net/).




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domingo 2 de noviembre de 2008

Obama-Biden o Insane-Appalling

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OPINION

Redistribuidor en Jefe vs. Comandante en Jefe

Por Gabriel Puricelli y Ernesto Semán

“Hay que escuchar bien lo que dice el otro candidato cuando no repite un guión... habla de ‘esparcir la riqueza’ (silbidos), dice que lo que quiere hacer es ‘redistribuir’ (risas y silbidos). Mis amigos, ¡eso se llama socialismo! (risas). Lo que Obama quiere es agarrar la plata que ustedes se ganaron arduamente y repartirla de acuerdo a las prioridades de los políticos (abucheos). Eso es Obama, el ‘redistribuidor’ (abucheos). Pero en Estados Unidos no es así, no se trata de redistribuir la riqueza, sino de producir más, no de sacarle la plata a unos para dársela a otros, sino de que todos podamos tener más” (aplausos). John McCain, Toledo, Ohio.

Hay que formar parte de un microclima blindado para empezar a entender que lo de McCain es una crítica a Barack Obama, que redistribuir la riqueza sería una debilidad del demócrata, que la frase “Obama el redistribuidor” es peyorativa y no al revés. Ese microclima es, en verdad, enorme, se extiende en el tiempo y en el espacio, abarca a los Estados Unidos y su enorme área de influencia durante los últimos treinta años y acompañó al mundo en el final de la Guerra Fría.

Al menos hasta hoy. El fin abrupto del presente ciclo económico se ha llevado consigo no sólo trillones de dólares de riqueza, sino las certezas que cimentaron el sentido común de las elites dirigentes en casi todo el planeta por los últimos 15 años. Más aún, ha sepultado el optimismo que impregnó a esas certezas, el más alto y eficaz exponente del cual tal vez haya sido Ronald Reagan.

El derrame de esas ideas desde las elites hacia sociedades enteras fue parte de la eficacia corporizada en Reagan. Los jóvenes que hoy crean, asesoran o manejan carteras de clientes en Wall Street –y los millones que se intoxican con sus informaciones en todo el mundo, Buenos Aires incluida– tienen la capacidad de explicar abstracciones tan complejas como “el mercado de bonos” pero se paralizan incrédulos ante conceptos mucho más accesibles como “redistribución de la riqueza” o “concentración de la renta”. Y esa incredulidad se extiende mucho más allá de los votantes de McCain.

Intuyendo la oportunidad política que le presenta la crisis económica, Obama habla de restituir el rol del Estado. No ha repetido hasta hoy aquello de “the era of the big government is over”. Ha criticado la noción de una total prioridad de los derechos del individuo por encima de las obligaciones del Estado para con la sociedad. No sería una gran novedad si no fuera porque el último candidato a presidente con chances de ganar que hizo este tipo de referencias fue Lyndon B. Johnson. Y eso fue en 1964.

La profundidad de las raíces que ha echado desde entonces la visión que naturaliza el progreso capitalista nunca queda tan en evidencia como cuando los propios progresistas (¡cuánto se cifra en un nombre!) desdeñan la necesidad de garantizar un ingreso ciudadano universal o, tan siquiera, de generalizar los seguros de desempleo.

Una de las certezas del progreso ilimitado era que el crecimiento económico (boom) había dejado atrás las recesiones cíclicas (bust). Los neoclásicos puros y duros no hicieron demasiados aspavientos con esa idea: después de todo, a ellos nunca les preocuparon los efectos humanos de los bajones, en tanto “lo que no mata al capitalismo, lo fortalece”. Fueron paradójicamente los progresistas los que exhibieron orgullosamente como trofeo el largo período de ascenso que coincidió con los años de Bill Clinton en la Casa Blanca y (apenas desfasado con éste) con los de Tony Blair en el Reino Unido. El optimismo en ambas veredas del mainstream fue más vociferante en la “izquierda”, que podía justificar su redescubrimiento del laissez faire en el efecto de goteo (nunca un caudaloso “derrame”, por cierto) que dio lugar a una etapa de mayor inclusividad, junto con la ampliación de la brecha con los híper-ricos. Optimistas de esta variedad como Gordon Brown se ven “corridos por izquierda” por sus oponentes de derecha. Hace pocos días, el líder de los conservadores de Thatcher, David Cameron, lapidaba al primer ministro británico diciéndole que ya había podido disfrutar de su boom (la larga bonanza 1997-2007), pero que ahora estaba busted, es decir, “reventado” por la misma caída que ayer se postulaba imposible.

Como le quedará claro a cualquiera que siga este razonamiento, la Argentina no ha sido una versión extrema de ese consenso, sino un caso típico. Aun en un período de reencuentro con el Estado como el que se abrió tras las crisis del 2001 y se profundizó en el 2003, el progreso ilimitado ha sido una gran coartada. Esa coartada tiene nombre, y es el crecimiento exponencial de la demanda de China e India, un proceso que encuentra a la Argentina justo en el otro extremo de la manguera. Pero la falta de políticas que tuvieran alguna incidencia en ese proceso, evidencia tanto las debilidades hereditarias del Estado como la confianza (no menos heredada) en que, sin hacer mucho, la coincidencia de que hubiera millones de chinos consumiendo soja en un extremo del planeta y un puñado de argentinos produciéndola en el otro operaba el milagro del crecimiento continuo. El hecho de que Argentina haya triplicado sus exportaciones a China pero su participación en las importaciones chinas siga anclado por debajo del uno por ciento muestra las limitaciones de dicho abordaje. Así como hay quienes parecen disfrutar (a pesar del sufrimiento que esto trae aparejado) del desvanecimiento de la ilusión del desacople absoluto de las economías emergentes, es difícil disculpar la miopía de quienes, percibiendo la hinchazón de la burbuja financiera, no quisieron ver que el precio de las commodities corría el mismo riesgo de explosión. La falta de “innecesarios” planes “B” no encuentra otra explicación.

Del mismo modo, genuinas preocupaciones opositoras por la calidad institucional recubren mal y poco la prevención instintiva que genera cualquier política pública y la comodidad con la que se sigue pensando que el conflicto que provoca la intervención del Estado –capturando rentas extraordinarias de commodities o recuperando el control sobre las jubilaciones– es algo a evitar y no a producir. La expandida expresión “hacer caja” es un fenomenal ejercicio retórico que permite aglutinar todos los sentidos comunes de una época (los fines espurios, el despilfarro que produce el Estado, los intereses de los políticos como opuestos a la noción misma de largo plazo, la omnisciencia del mercado) y aplicarlos a cualquier política pública.

La energía que se necesitó para sacar de la Gran Depresión a los EE.UU. fue desatada mediante la combinación de un fuerte y duradero liderazgo político de Franklin D. Roosevelt con la puesta en práctica de la teoría de John M. Keynes, que esperaba en el banco de suplentes para relevar a la economía política clásica. Las elecciones del próximo martes probablemente se salden con la emergencia de un liderazgo comparablemente innovador, pero no parece estar a la vista la teoría económica de relevo (por caso, tampoco era tan visible al comienzo de los ‘30). El equipo económico de Obama se debate entre reincidir en la indolencia del mismo Robert Rubin que impulsó una desregulación a la larga suicida bajo Clinton o en retomar el enfoque más prudente del ex mandamás de la FED Paul Volcker y la visión mucho más intervencionista de Warren Buffet, el multimillonario que se ubica como uno de los hombres de mayor confianza del candidato demócrata. Lejos de reflejar la radicalidad que tuvo la invención práctica de la política pública bajo FDR, las opciones son de todos modos muy distintas. Obviamente, cuando las chances de un futuro redistributivo están en manos del hombre más rico de la Tierra es para pensar que hay algún problema. Pero que nadie rebaje a lágrima o reproche: la del martes es una elección, no una revolución, y sólo la condescendencia de los saciados puede subestimar el impacto de los cambios de la primera usando los patrones de la segunda.

La influencia que estos cambios pueden tener en el resto del mundo es enorme, y no se traduce en nuevas políticas, sino en nuevas ideas. Por caso, el New Deal generó, acompañó o legitimó una ola de fuerte intervención estatal; parcialmente en él se inspiraron –de forma explícita– desde Perón en la Argentina hasta Vargas en Brasil o Cárdenas en México. Lo cual no quita que, en otros sentidos, varios rasgos del New Deal norteamericano inhibían en verdad la expansión de otros “New Deals” en el mundo.

Eso es buena parte de lo que está en juego este martes. Cuando John McCain intenta mofarse de la noción de redistribuir la riqueza, sólo hace mofa de sí mismo. En circunstancias como las actuales, ese rechazo tiene tanto sustento real como la puesta en duda de la Ley de Gravedad. Más aún, el relato en el que ese rechazo se inscribe, resulta menos convincente que la idea del “diseño inteligente” a la que adhiere su compañera de fórmula. Es más verosímil la coexistencia del Homo sapiens con los dinosaurios, que la superación de la crisis en los EE.UU. sin un Estado revitalizado y relegitimado.

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lunes 29 de septiembre de 2008

Una Correa para no dejar que la derecha muerda

 
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El mundo | Lunes, 29 de Septiembre de 2008
Opinión

Construyendo el poder necesario

Por Gabriel Puricelli *

Ecuador necesitaba dotarse de reglas renovadas y de un pacto constituyente que ratificara la vocación de convivir bajo pautas de justicia e igualdad, cuyo debilitamiento había llevado a la sucesión de mandatos interrumpidos previos a la asunción de Rafael Correa. A diferencia de otros casos, la crisis dejó en pie a una parte significativa del sistema político tradicional. No sólo mantienen mucho de su poder las clases dominantes, sino que perdura su liderazgo político en Guayaquil y se alza aún, relativamente intacto, el Partido Social Cristiano.

Consciente de las limitaciones que esta realidad le impondría a su gobierno, el hoy presidente Correa definió desde que asumió el desafío de pelear las últimas elecciones, buscar condiciones de gobernabilidad para una gestión transformadora. Construyó entonces un camino democrático para evitar el veto del Congreso, donde se atrincheraron los partidos tradicionales. No permitió que la inmadurez de su Alianza País fuera un pretexto para postergar la arremetida electoral y la búsqueda del gobierno ni que una presencia parlamentaria incipiente lo maniatara al llegar al Palacio Carondelet. Por eso transformó su campaña presidencial en un plebiscito en favor de un proceso constituyente: Alianza País no presentó candidaturas al Parlamento para dar credibilidad a su propósito de impulsar algo más que un cambio de gobierno. Ecuador tenía el desafío de ver un mandatario completar su período constitucional. Y no se trataba sólo de que fuera honesto, para no terminar como Jamil Mahuad, o cuerdo como para evitar el final de Abdalá Bucaram. Tampoco de encaramarse a las demandas populares en la campaña para gobernar de acuerdo a otros intereses, como Lucio Gutiérrez.

La práctica del actual gobierno se ha correspondido con las promesas en un grado poco habitual en las democracias contemporáneas. El abandono de la moneda propia, que hace de Ecuador un caso único en la región, uno donde el desvarío neoliberal fue aún más allá de la práctica abolición del banco central que se vivió en el Chile pinochetista previo a la crisis de 1982 y en la Argentina de Menem y De la Rúa, se trata de un corsé que no tiene parangón. Si a ello se suma que ese país no puede extraer tanto petróleo como para imaginar una bonanza chavista, resulta que Correa se encuentra frente a unas condiciones estructurales adversísimas. El proceso constituyente le ha permitido ratificar su legitimidad y evitar las restricciones institucionales a su agenda transformadora. Con habilidad de judoka, se ha servido de la fortaleza que les resta a sus oponentes para construir el poder que necesita. Ahora le resta aprovechar al máximo el tiempo que también ha ganado, para construir la "patria altiva y soberana" de la sigla de la alianza de gobierno.

* Co-coordinador, Programa Política Internacional, Laboratorio de Políticas Públicas.

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domingo 28 de septiembre de 2008

Simplemente extraordinario



Congelados en la Gran Estación Central de Nueva York.
Una intervención teatral en gran escala, que sorprendió a los que iban hacia y venían de los trenes.


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lunes 15 de septiembre de 2008

¿A un latido de ser presidenta de los EE.UU.?



Tina Fey, como la palurda (¿existe el femenino de este adjetivo?) de Alaska y Amy Poehler como Hillary, en Saturday Night Live, editorializan el presente (¿pasajero?) pasaje de la campaña presidencial estadounidense. En breves cinco minutos exponen la idiotez de los medios de comunicación, se mofan de la corrección política y casi firman un manifiesto acerca de qué se debería y qué no se debe discutir en una campaña presidencial. Suban el volumen y disfruten del humor político en su mejor nivel. Los momentos más brillantes son, sin dudas, cuando Poehler/Hillary empieza a destruir el podio y cuando la gran Tina le hace decir lo que esta entrada lleva por título a la señora de los dinosaurios en el Arca de Noé. Si alguien en las Pampas quiere copiar Saturday Night Live, les juro que Jauretche no lo excomulgaría.


jueves 28 de agosto de 2008

Desde Denver, para Crítica



El largo "hasta luego" de los Clinton

por Gabriel Puricelli* (desde Denver)

El día en que el Partido Demócrata de los Estados Unidos hizo historia eligiendo un descendiente de africanos como su candidato presidencial, no fue uno en el que ese hecho brillara en soledad en la coreografiada convención que tiene lugar en Denver. Por el contrario, compartió la agenda y las conversaciones en bares y pasillos con las reverberaciones del firme discurso de Hillary Clinton del martes, con la moción de ésta pidiendo la nominación de Barack Obama por aclamación y con la expectativa por el discurso de su marido ex-presidente. Hay motivos para que esto haya sido así. Por un lado, algunos cuadros demócratas no digieren aún el hecho de que la formidable campaña de la senadora por Nueva York haya sido derrotada por la aún más formidable de su colega de Illinois. Por el otro, algunos votantes de Hillary vacilan ante la pregunta de los encuestadores que les piden certeza acerca de su voto en las presidenciales de noviembre. Sin embargo, son los analistas políticos y la homogeneidad discursiva de los mismos (se sitúen en el lugar del espectro ideológico en el que se sitúen), los que imponen en la prensa electrónica y gráfica, en los viejos y los nuevos medios, la preocupación por la conducta de esos ciudadanos, aun cuando Obama se encuentra sistemáticamente al frente en los sondeos. Cuando un diario publica su última encuesta, el titular elegido se refiere a esos electores aparentemente duros de convencer y no a quién va primero.


Hay, por supuesto, otros temas cuya presencia en la agenda no puede ser atribuida a los pundits que colman las pantallas de los canales de noticias. Uno es el ocaso (¿momentáneo?) de los Clinton como jugadores fundamentales de la vida del partido de Franklin D. Roosevelt. No es sólo la derrota de Hillary en las primarias, sino el hecho que que el vencedor sea, en realidad, una pareja vencedora, un dúo que provee no sólo una alternativa de calibre para la candidatura presidencial, sino una figura elocuente y sólida para aspirar al lugar de Primera Dama.


Saldada con elegancia y una poderosa demostración de lealtad la relación entre los competidores de las primarias, la última cuestión es: ¿Bill Clinton, estará dispuesto a emplear todo el prestigio de que dispone y ser un general más en la batalla contra los republicanos? Tanto la posibilidad de que "arrastre los pies" sin entusiasmo, como la de que actúe como aguafiestas imprevisto serían seguramente caminos hacia el crepúsculo definitivo de su influencia, algo que un líder perspicaz como él, sabe de sobra. Pero en el ex-presidente conviven el lado brillante que lo llevó de Little Rock a Washington y el lado oscuro que lo llevó a arriesgar el legado de su presidencia. Los electores parecen decididos a negarles otros cuatro años a los republicanos, pero éstos (y los analistas) cuentan con que la sola presencia del último presidente demócrata en la arena pueda deparar, sino una sorpresa, al menos un motivo para seguir llenando páginas, horas de aire y bits en los blogs.


* Co-coordinador, Programa de Política Internacional, Laboratorio de Políticas Públicas







lunes 18 de agosto de 2008

Adhesión a la actual campaña de la oposición a Berlusca

Walter Veltroni, líder del Partido Democrático, hace aquí un llamado a salvar a Italia de la Berluscobossifinicracia. Para escuchar y escuchar y actuar, en especial los que tienen ds pasaportes.






lunes 11 de agosto de 2008

Evo, más que ratificado


El mundo

Lunes, 11 de Agosto de 2008
Opinión

El presidente más legítimo

Por Gabriel Puricelli *

En 26 años de elecciones democráticas, nunca un presidente boliviano tuvo que hacerse elegir dos veces. Un ejercicio contrafáctico plausible indica, asimismo, que –de haberse visto en esa situación– ninguno hubiera logrado sobrevivir a un referendo revocatorio, ya que los bajos porcentajes obtenidos al ser electos los hubieran transformado en un blanco sencillísimo. Desde ese punto de vista, la ratificación de Evo Morales es una proeza histórica, aun si los números finales no indicaran, como lo hace el conteo rápido, que el porcentaje alcanzado lo aproxima a una mayoría de dos tercios de los votantes. En una región acostumbrada, a lo largo de dos décadas de normalidad electoral, a que los desafíos de gobernar se devoren el apoyo popular a los presidentes (en especial cuando promedia su mandato), el líder boliviano se destaca con un brillo propio.

Someter su mandato a ratificación fue una opción audaz y autónoma del gobierno del MAS, aunque (y sin que esto signifique paradoja alguna) se puede decir también que se vio obligado a demostrar por segunda vez la legitimidad de éste, frente a una oposición que se ve a sí misma (y en buena medida lo es) como un régimen depuesto destinado a ser restaurado, y no como un futuro gobierno potencial, como debería ser si tuvieran alguna forma de adhesión al ideal democrático.

Combinado con la revocación del mandato de un ex y posible futuro candidato a la presidencia, como Manfred Reyes Villa en Cochabamba, el saldo a favor del MAS y sus aliados es ampliamente positivo. No habría más que decir (no existe otra instancia a la que apelar, en democracia, que no sea el veredicto del soberano), si no fuera porque esa lealtad democrática está ausente en muchos líderes de la oposición, incluidos algunos de los prefectos también ratificados ayer. Ello implica que la ventaja decisiva, pero coyuntural, que el gobierno doblemente legítimo de Bolivia tiene desde ayer, deba ser aprovechada en un plazo brevísimo para cerrar el proceso constituyente y para poder dedicarse a las tareas de reivindicación social de las mayorías y de desarrollo económico que sólo han sido alcanzadas de manera incipiente.

El resultado de los referendos debería obligar también a los vecinos de Bolivia (en particular a Brasil, pero también a Chile y Argentina) a hacer todo lo mucho que están en condiciones de hacer para ayudar a que un gobierno tan plenamente soberano como el de Morales pueda terminar de deshacer el nudo del atraso, que también puede identificarse bajo los nombres del despegue energético y del fin de la mediterraneidad.

* Cocoordinador, Programa de Política Internacional, Laboratorio de Políticas Públicas.